Compren bicicletas, porque lo que viene es joropo

Foto: Caraota Digital

 

Oscar Meza

Director del CENDAS-FVM

 

Cada vez que me asomo al balcón que da hacia la Avenida San Martín, en la
popular parroquia San Juan de Caracas, veo mas personas andando en
bicicleta: una por minuto, en las mañanas. Sobre todo, después de haberse
decretado la cuarentena por el coronavirus, casual y oportunamente ante el
colapso del suministro de gasolina.

 

La necesidad obliga

No está mal que nos animemos a utilizar la bicicleta como medio de
transporte, aun cuando en este caso haya sido obligado por la siempre
estimulante y pedagógica necesidad, el conductismo puro y duro de la vida. Y
ante el contundente argumento de tres dólares por un litro de gasolina,
economía del comportamiento.

El Metro de Caracas colapsó -ahora los policías no permiten entrar en el
subterráneo y, de paso, maltratan al ciudadano, cuando lo intenta- y la oferta
de gasolina para el transporte superficial es insuficiente. No hay ni barata
como antes, ni regalada como hace un par de meses. Así que: o caminas o te
buscas una bicicleta y ruedas.

 

He dicho que no está mal, porque en los países desarrollados, que producen
automóviles y disponen de cantidades suficientes de gasolina y diesel, se
impulsa y estimula el uso de la bicicleta como un medio de transporte que no
contamina, no ocasiona trancas en el tránsito urbano, es saludable y de bajo
costo.

En una nota que escribí hace años sobre el uso de la bicicleta -cuando lo
hacía, “solo como la una” en esa campaña -, precisamente me preguntaba
por qué si en los países europeos con mayor desarrollo que nosotros
fomentan el uso de la bicicleta como medio de transporte cotidiano,
teniendo muy buenos sistemas de transporte público, ¿por qué no lo
hacemos nosotros, que no hemos resuelto el problema del transporte? Eso lo
escribí hace veintiún años, al final del siglo pasado, cuando Venezuela era un
país productor y exportador de petróleo, teníamos automóvil, la gasolina era
barata y no escaseaba, lo que hacía singularmente exótico y en modo
evangélico el llamado a usar la bicicleta como medio de transporte.

 

En la mayoría de los países europeos, la gente anda en bicicleta para
trasladarse de su casa al trabajo, a la universidad o a cualquier otro lugar a
realizar alguna diligencia, como parte de la rutina. Un reportaje de CNN sobre
salud, de aquellos años, presentaba a un médico pediatra que visitaba a sus
pacientes en bicicleta. Y el sábado pasado, 16 de mayo, un médico del
Hospital San Juan de Dios de Caracas, solicitaba por Twitter una bicicleta para
trasladarse al hospital y poder atender a sus pacientes. La consiguió.

 

Estando en Berlín, hace algunos años, pude ver ejecutivos con traje oscuro y
corbata montándose en bicicletas dispuestas por la alcaldía para su alquiler,
por el módico precio de un euro, si mal no recuerdo.

¿Por qué las Alcaldías y las autoridades y dirigentes estudiantiles y
profesorales de nuestras universidades, públicas y privadas, por ejemplo, no
instrumentan programas parecidos a esos, que estimulen y fomenten el uso
de la bicicleta como medio de transporte cotidiano en esos espacios,
aprovechando la emergencia que padecemos y, sobre todo, el cambio de
paradigma global y nacional en curso? En el caso de Venezuela, tal nuevo
paradigma tiene que ver con el hecho de que a partir de ahora se pagará la
gasolina al precio que valga, que resultará más barata que el precio en
dólares que se está pagando actualmente. Y ya la izquierda no puede asustar
con el coco de “El Caracazo”, porque ahora son ellos los estafadores que
detentan el poder y han causado este colapso.

 

Resalto varias ventajas del uso de la bicicleta como medio de transporte:

 El uso masivo de la bicicleta se puede convertir en parte de la solución
para el problema del transporte. Es preferible andar en bicicleta que
caminar largos trayectos, si se cuenta luego con un sitio seguro en
donde dejarla.

 Sobre el estacionamiento de las bicicletas, sugiero que los centros de
estudiantes, las asociaciones de profesores, junto con las autoridades
universitarias, los sindicatos –pienso en la Federación Venezolana de
Maestros, en su sede de El Paraíso, en Caracas, y en las sedes de los sindicatos de maestros en todo el país-, por ejemplos, procuren
espacios que se puedan adaptar para estacionar bicicletas con
seguridad. Generando, de paso, uno o dos empleos para quienes se
encarguen de la vigilancia, a los cuales lógicamente habría que
pagarles por custodiar las bicicletas y hasta –¿por qué no?- por su
mantenimiento, acondicionando un local como taller de reparación y
mantenimiento de las bicis, en donde se pueda prestar ese servicio.

 En la UCV hay espacios para ello y la Facultad de Arquitectura y
Urbanismo de la UCV podría asesorar y diseñar esos espacios, de
manera que no solo se integren a la maravillosa arquitectura de
nuestra universidad, sino que, incluso, contribuyan a remozar su
estética, de manera inteligente, útil y ecológica. Ya hay varios
estudiantes que se trasladan en bicicleta a la UCV, por su cuenta y
riesgo. ¿Por qué no llamarlos y plantearles esta idea?

 La bicicleta no necesita gasolina ni ningún otro combustible para
funcionar, ventaja ésta muy apropiada para la crisis de abastecimiento
de gasolina que estamos padeciendo.

 Es de bajo costo. Incluso, podrían producirse aquí, adaptadas a nuestra
topografía y vialidad y mejoradas con dispositivos para utilizar energías
alternativas. Las Escuelas de Ingeniería Mecánica y Diseño Industrial de
nuestras universidades e institutos universitarios pueden diseñarlas y
luego producirlas conjuntamente con el sector privado.

 No congestiona las vías de tránsito.

 No contamina el ambiente

 

En buena parte de nuestras ciudades y pueblos se usa la bicicleta desde hace
muchos años. Acarigua, Barquisimeto, Araya, Cumaná, Puerto La Cruz,
Porlamar, San Juan de Los Morros, Maracay, Valencia, Mérida, La Guaira y
toda la costa hasta Los Caracas, por mencionar algunas, son ciudades que se
prestan para trasladarse en bicicleta. Y en Caracas, cuya topografía combina
valles con cerros y montañas, recuerdo para los escépticos, que un servicio
que prestaban las farmacias y los abastos de los portugueses en
determinadas urbanizaciones, hace sesenta años, era la entrega a domicilio
de los pedidos en bicicleta -el delivery antiguo-, con una especie de sesta de
hierro en la parte delantera de la bicicleta y el nombre del abasto de manera
visible: “Abastos Funchal”, por ejemplo. (Cuando era un niño ese era un
empleo que me gustaba para cuando fuera grande). En años recientes,
escuché en la radio que un grupo de jóvenes había comenzado a prestar
estos servicios, nuevamente en bicicleta. Justamente, hace poco, uno de ellos
denunció en las redes que unos guardias nacionales le rompieron los cauchos
de su bicicleta y le robaron lo que había ganado ese día. La barbarie y la
delincuencia son siempre los enemigos de estos proyectos.

 

Por supuesto, para operativizar y normalizar el uso cotidiano de la bicicleta,
se deben tomar unas cuantas medidas que lo faciliten. Algunas de ellas son:

 Reglamentar, demarcar y señalizar claramente las vías para la
circulación de las bicicletas.

 Establecer estacionamientos para bicicletas en lugares adecuados y
seguros.

 

 

 Facilitar el traslado de las bicicletas en el Metro de Caracas o en el tren
de Los Valles del Tuy, cuando funcionen.

 Fomentar el alquiler de bicicletas en las ciudades, en las universidades,
en “la ciudad universitaria”, en las estaciones del Metro, paradas,
centros comerciales, mercados municipales.

 Y una muy importante: desarrollar una campaña informativa y
formativa, basada en la economía del comportamiento, en el
conductismo, estimulando y premiando el uso de la bicicleta como una
opción ecológica, saludable, moderna y de bajo costo. Sacándole
provecho a esta etapa de emergencia humanitaria, del coronavirus y
del fin de la gasolina regalada, que se inicia en Venezuela.

La bicicleta, tal como ocurrió con la dolarización, se impondrá por necesidad,
lo impondrá la gente, como ya lo está haciendo.

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