De la (in) comprensión de las elecciones universitarias

Foto: Caraota Digital

 

Luis Barragán

Diputado

La alternativa fue siempre  la de celebrar los comicios universitarios de conformidad con el artículo 109 constitucional, la Ley de Universidades y el reglamento vigente en cada casa de estudios. Cierto, quizá la coyuntura política no era favorable para una iniciativa tan decidida que tampoco deseaba el régimen siquiera tentar, muy conforme con la hipoteca judicial de larga duración que finalmente rompió con la consabida sentencia de mediados de 2019, ordenándolos arbitrariamente.

 

Seguidamente, bajo la espesura de una desorientadora cautela, las autoridades universitarias decidieron callar probablemente por las limitaciones de la dictadura para copar todas las instituciones de educación superior del país o por la misma expectativa de negociación del plazo ordenado, aunque no tuvo estelaridad alguna en los eventos de Noruega y Barbados para una cohabitación que se juró promisoria.  Los hechos vandálicos de la UDO o, más recientemente, la designación de un vicerrector administrativo en LUZ, pendiente  la sustitución del renunciante en la UCV, perfeccionada la estratagema en la USB, demostraron y demuestran la firme determinación de intervenir, sojuzgar y liquidar a la universidad venezolana, trastocada en agencia de adiestramiento y producción por la fuerza.

 

Meando fuera del perol, según la sentencia popular, algunos incurren en la proeza de hacerlo consigo mismos, pues, ya imposible de soslayar el problema, piden elecciones a todo evento, traspapelada la agenda nacional en aguerrido desafío a los abstencionistas que osaron desconfiar de la fórmula de Henry Falcón.  Generando confusión, se deslizan hacia las reglas del oficialismo que se atrevió a la inmensa estafa constituyente de julio de 2017, la repitió en las elecciones regionales, municipales y presidenciales, esperando por las parlamentarias para cancelar así cualesquiera tentativas de superar las actuales circunstancias de algo más que un régimen de fuerza.

 

Semejante a lo que esperamos para el país, deseamos unas elecciones universitarias afianzadas por las normas constitucionales, legales y reglamentarias que digan de su eficacia, transparencia y rectitud que, además aporten al cese de la usurpación. Por ello, la propuesta formulada meses atrás por la Fracción Parlamentaria del 16 de Julio, reiterada en los debates asamblearios del presente año, para realizar los comicios en forma masiva y simultánea en todo el ámbito universitario, porque – es el caso – la lucha ha adquirido un carácter existencial que no puede esperar al fatal cumplimiento del plazo o al chantaje de su continua postergación, para la quejumbre devenida en hábito.

 

Por lo demás, aquellos que acusan de “intromisión” a todo aquél que siente una legítima angustia por el destino de la universidad, más aún al ejercer una responsabilidad de representación ciudadana, como es nuestro caso, deben – ante todo – ganar autoridad moral al defender convincentemente la autonomía. Facilita su entrega, la obstinada separación de la institución respecto a la suerte del país, redundando en las precarísimas condiciones alcanzadas.

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