De la sociedad civil en tiempos de pandemia

Foto: Caraota Digital

 

Luis Barragán

Diputado

 

La consabida cuarentena se ha convertido en una muy engañosa tregua para el conflicto  universitario, bajando la temperatura a una polémica que tampoco la había ganado en sectores que aún apuestan por una resignación glacial.

 

Agravados los posibles escenarios, el asunto sigue pendiente.

 

El plazo para reordenar electoralmente a las universidades públicas y autónomas, esperando otras vías para las privadas, según el arbitrario oficioso,  oficialista y oficial, está vigente y, lo que es peor, es susceptible de toda suerte de manipulación negociadora.

 

No imaginamos la angustia de los oportunistas de la hora que dudan  ante la  supervivencia o no del régimen, para obrar y celebrar en consecuencia.

 

Por cierto, la universidad venezolana ha sufrido trágicamente el coronavius, por lo que ya sabemos de contaminados y de muertos, hasta nuevo aviso.

 

Relegados sus cursantes y egresados en el área de la salud, igualmente reprimidos hasta por reclamar una gota de gasolina para atender a sus pacientes,  muchos menos los investigadores han sido convocados por la usurpación que, además, emplea al huésped indeseable para un llamado a la unidad nacional insincero y traidor que hace mella en varios núcleos de la oposición nominal.

 

Excepto que CONATEL torpedeé la iniciativa, Aula Abierta, legítima expresión de la sociedad civil organizada, ha planteado y propuesto un proyecto de Ley Orgánica de Universidades tan necesario de conocer, discutir e impulsar con la intensidad que la coyuntura permite.

 

Ofrece una alternativa específica y concreta que significa ganar tiempo para una discusión extraordinariamente necesaria que conceda toda la sensatez política a un problemario tan complejo y para el cual debemos tener una exacta e indispensable  la voluntad ciudadana.

 

La iniciativa legislativa ejemplifica muy bien una faceta a cumplir por la sociedad civil y a la cual debe estar atenta la Asamblea Nacional, aún en medio de todos los peligros que la asedian.  Nada más propicio el receso forzado para que la universidad, reflexionándose en un contexto del cual no podrá escapar por demasiado tiempo, actúe – al menos – digitalmente para los días que serán impostergables: los que diriman su propia existencia.

 

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