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De Meyer Vaisman a Alí González

Por Luis Barragán 

Las casas y edificios de las barriadas populares hacen de los bloques sin frisar, un emblema que las universaliza. Paisaje obligado de la ciudad capital, convierten al desnudo bloque de arcilla en un elemento inadvertido de nuestra identidad nacional, lo suficientemente notariado en todo el país.

Todavía recordamos, décadas atrás, a un meritorio artista venezolano, Meyer Vaisman, quien le confirió dignidad a los bloques, como piezas aisladas y empotradas con diferentes elementos, e incluso versionando muy bien nuestras bonanzas petroleras, mostraba al rancho de un exterior de consabida pobreza para constatar, a la vez, irónicamente, a través de sus ventanas, el insospechado interior de lujo y confort.

Los videos de post-guerra de la Cota 905, ampliamente divulgados, mostraron los pequeños palacetes allanados de los jefes de las bandas criminales, como si Vaisman los hubiese intervenido. En medio de los destrozos, pudimos fácilmente deducir las bonancibles actividades delictivas de esta era que también ha parido un corazón.

En la semana aniversaria de Caracas, tuvimos ocasión de asistir a un magnífico foro en D’Museo, en el espacio cultural de los Galpones, en Los Chorros. La galería rindió un justo tributo a Alí González, recientemente desaparecido, y, entre la variedad de las obras expuestas, nos llamó poderosamente la atención el inspirado y creador manejo que hizo de los bloques de arcilla, reivindicando el cinetismo con una extraordinaria fuerza actualizadora.

Por cierto, en una conferencia digital, promovida por la maestría de gestión y política cultural de la UCV, Susana Benko tuvo a bien corregirnos, pues, supusimos agotado el cinetismo entre nosotros, señalándonos los nombres de quienes ahora destacan en el exterior al cultivarlo con esmero.

Al disfrutar en la galería con la pieza de González, bloques confrontados de infinitas hileras de colores acertados, constatamos que esta doble identidad, la de la arcilla y el cinetismo, sigue viva en la Venezuela que, por cierto, el régimen ha manchado sus calles y avenidas, literalmente de gris, apostando por la opacidad, tristeza y postración de quienes las transitan resignadamente.

Caraota Digital no se hace responsable por las opiniones, calificaciones y conceptos emitidos en las columnas de opinión publicadas en este medio.

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