Del profesorado de secundaria

Del profesorado de secundaria
Foto: Caraota Digital

Por Luis Barragán

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Natural, el maestro ocupa un sitial privilegiado en nuestros recuerdos de la infancia, aunque solemos olvidar al profesor de  secundaria que también fue decisivo para el resto de una vida que todo adolescente supone de ilimitada duración. En nuestro caso, insospechado por los millennials de esta hora, empuñaba decidido la tiza que escrutaba el pizarrón, haciéndose experto en el sacudimiento de las manos por el polvo que explicaba la dura tarea de edificar diariamente al país.

Pedagogo  de varías faenas, apremiado por el cumplimiento de diferentes horarios en lugares distintos de la localidad habitada, en los tiempos del aula presencial, debía afrontar la inevitable tarea de corregir los entuertos que la muchachada arrastraba desde años muy anteriores. Además, era también el único funcionario del Estado capaz de internarse en las más peligrosas barriadas, lidiando con la delincuencia que podía ocupar – rebelde – un pupitre en el deteriorado salón de clases.

La pandemia sólo vino para sincerar una situación agravada, extraordinariamente agravada en largos veinte años. Por muy acreditado que académicamente sea el docente, como lo ha demostrado convincentemente en áreas muy exigentes del conocimiento, y haya probado su experticia en juventudes, ya el salario no le alcanza siquiera para transportarse en vehículos públicos y, menos, reparar el propio, si lo tiene, por no mencionar la alimentación, la vestimenta y todo lo que concierne a la seguridad social.

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Excepto que preste sus labores en las muy contadas instituciones privadas que intentan sobrevivir a la hecatombe, el profesor difícilmente sabrá del bachillerato digital por la falta de equipos, conexión y electricidad, atormentado por otras angustiosas exigencias. Sobra dignidad, en medio de las ruindades inmerecidas que explican a la Venezuela actual.

El magisterio dependiente teóricamente del Estado, ha sido vapuleado por el gobierno usurpador que pretende extorsionarlo, obligando a subsidiarlo con su trabajo y sus penurias, dependiente del monstrete ministerial de Educación y de los gremios que dieron la espalda al momento histórico. La reivindicación del liceo en nuestro país, sugiere una formidable y urgida tarea pendiente.