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El oficio de la política como el arte de surfear las olas

Por José Gregorio Castrillo 

La política puede entenderse como el arte y oficio humano de manejar la vida colectiva o en común. A medida que las comunidades humanas se hacían más complejas, se requería de hombres /mujeres que actuaran en representación del bien común asumiendo el poder político del Estado.

Estos individuos eran designados por la tradición, por su carisma  o porque cumplieron unos requisitos formales para su designación (elección por voto popular).

El ejercicio de la política supone una gran responsabilidad para quien asume ese complejo oficio, porque el político, quien por naturaleza quiere ejercer el poder como un medio para mejorar o transformar positivamente su comunidad o sociedad, debe actuar con pasión, mesura y responsabilidad.

Está obligado a rendir cuenta -en forma regular- de sus actos, por el impacto que estos tienen sobre sus conciudadanos.

Los políticos, unos bien vistos y otros rechazados por la opinión pública, llevan sobre sus hombros las pesadas cargas de tomar decisiones que pueden ser positivas o negativas para toda la sociedad o parte de ella, cargas que otros no quisieran llevar sobre sus hombros.

En la viña del señor hay de todo, así pasa en el ejercicio de la política: hay buenos y malos políticos, que han dejado huellas en sus sociedades. De allí que la política como el arte de usar el poder y tomar decisiones que afectarán a miles o millones de ciudadanos, no es tarea sencilla o fácil.  El político como decisor del destino colectivo, obligado por las circunstancias, debe escoger un curso de acción entre varias opciones, para enfrentar problemas generalmente no estructurados (donde interactúan múltiples variables a la vez) y cada escogencia tendrá impacto en la sociedad.

La decisión del político estará marcada por su ideología, programa político, los recursos disponibles, y por las presiones que ejercen sobre él, el peso de los actores que están interesados en determinada decisión y que por tanto buscaran incidir sobre la misma.

Hoy día el ejercicio de la política en un mundo globalizado, interconectado, marcado por la complejidad, la turbulencia, el conflicto, la incertidumbre, además de la separación entre la política y el poder, y la emergencia de los micro-poderes que compiten por el poder político (ONG, Empresas, crimen organizado) hacen más difícil el arte de la política, pero a su vez lo hace más necesario para, en ese contexto, mantener mediante un gran esfuerzo de equilibrio dinámico la vida en común, con toda su diversidad y pluralidad.

La mayoría de los políticos, cual Don Quijote, procuran enderezar entuertos y resolver problemas complejos en nuestras sociedades y muchas veces no reconocemos sus esfuerzos, en términos de los riesgos que supone el ejercicio de la política, porque la acción política está marcada, generalmente, por el dilema entre la necesidad estratégica y el imperativo moral (H Kissinger).

Parafraseando  al economista Freddy Gamarra, amigo y compadre, le toca al político surfear las olas, para mantener su nada fácil oficio, en un mundo marcado por la emergencia del populismo como una fórmula de hacer política simplista que amenaza a la democracia en todo el mundo.

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