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En este país perdido mientras tanto y por si acaso

Por Amos Smith

Rememoro el título de un escrito del maestro José Ignacio Cabrujas dedicado a algún aniversario de Caracas para contarles sobre esta sensación de desasosiego por el extravío en los más de 912 mil kilómetros cuadrados de territorio de eso que los padres del desmadre nacional llaman patria y que se ha convertido en una ironía por estos tiempos.

Un lugar que reinventó el sistema métrico y ahora puede recrear las distancias en colas de carros, buses, camiones y gente. Dónde eso que solíamos llamar recuerdos, ahora parecen visiones fantasmales de tiempos que nunca existieron o quizás sea la remembranza de un antiguo cuento de hadas que inicia de forma clásica. Érase una vez un tiempo donde el jornal mínimo a lo largo de un mes podía cubrir la cesta básica y podía alcanzar para alimentar a toda la familia de Caperucita roja, incluyendo a su abuelita.

Pero como es que han logrado recrear en esta patria de colas sabrosas ese experimento del científico ruso Iván Pavlov con sus perritos al hacerles sonar una campana antes de darles de comer y que cambió para siempre el estudio del comportamiento humano. Pero eso de pensar con el estómago y querer convertir nuestros valores en reflejos condicionados no ha sido nada bueno, sobre todo a la hora de elegir a nuestros propios verdugos.

Pero como dijo Nicolás Maquiavelo. La naturaleza de los pueblos es muy poco constante: resulta fácil convencerles de una cosa, pero es difícil mantenerlos convencidos. Y esa es la gran tragedia a corto o mediano plazo de esta involución del siglo XXI, la cual ha querido imponer una sola manera de pensar que es la suya por supuesto.

Hoy necesitamos con urgencia una redención y esa no está en un país reencarnado en un campamento improvisado, en un cuartel, en el teclado de un antitodavaina, en una invasión extranjera o en una división con cheerleaders deprimidas que alienten nuestra derrota.

Es tener la oportunidad de salvarnos de este viaje a ninguna parte. La oportunidad de escoger nuestro destino sin reflejos condicionados.

Y poder decir sin miedo, sin persecuciones, sin inhabilitaciones, sin presos de pensamiento, con garantías y respeto a nuestra voluntad de escoger el destino que nos dé la perra gana y reclamarnos sin miramientos. Caramba sentido común, cuánto tiempo sin verte. De verdad chico, tu sí que andabas perdido.

Ese día comenzaremos a encontrar muchas cosas que hemos perdido en este tortuoso y largo camino. Encontrarnos a nosotros mismos por ejemplo, mientras tanto y por si acaso.

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Jose Ramón González
Jose Ramón González
1 mes hace

Muy agradado no solo de saber tu regreso a las lides lperiodísticas,las cuales disfruto enormemente,sino la alegría de conocer lla recuperación de tu salud ,gracias a Dios. Un afectuoso abrazo

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