Generic selectors
Exact matches only
Search in title
Search in content
Generic selectors
Exact matches only
Search in title
Search in content

La hora de la salvación

Por Rafael Veloz García

La solución al grave problema económico, social y político al que nos ha conducido el socialismo del siglo XXI, es un acuerdo integral, con el apoyo de una Unidad Superior, que permita elecciones presidenciales libres y justas, la urgente ayuda humanitaria y la liberación de los presos políticos.

Los recientes anuncios del Presidente (E) de Venezuela, Juan Gerardo Guaidó Márquez, permiten ver la luz mucho más allá del final de túnel. Diríamos que esa fase ya fue superada y ahora nos encontramos en un punto que muestra con mayor claridad un plano general de los caminos que deben confluir, para transformarse en la autopista que conducirá al pueblo venezolano, en forma más expedita, a la recuperación de la democracia y la libertad. Me refiero en especial al Acuerdo de Salvación Nacional, que el mandatario encargado reveló a la opinión pública del país y a la internacional el pasado martes 11 de mayo de este 2021.

En este momento se impone hacer un ejercicio de retrospectiva, es decir, mirar hacia atrás, para establecer el impacto que tuvieron y aún tienen las acciones más firmes realizadas desde mediados de 2020 hasta las fecha, convertidas luego en las circunstancias que determinan el contexto presente.

En aras del espacio citaremos solo dos de las más importantes y lo haremos de la forma más breve posible:

Primero, el Pacto de Unidad Nacional de agosto de 2020, por medio del cual los partidos democráticos venezolanos hicieron un llamado a todos los sectores sociales y políticos del país a construir una nueva ofensiva democrática para la salvación de Venezuela. De esta manera, acordaron unánimemente no participar en el fraude electoral convocado por el régimen de Nicolás Maduro para el 6 de diciembre del mismo año. Y, segundo, la Consulta Popular vinculante (artículo 4 constitucional), que se desarrolló del 7 al 12 de diciembre de 2020, a través de la cual más de 6 millones de venezolanos se pronunciaron para exigir el cese de la usurpación de la presidencia de parte de Nicolás Maduro y la realización de elecciones presidenciales y parlamentarias libres, justas y verificables, así como para rechazar el fraude electoral parlamentario del régimen del 6D y ordenar adelantar las gestiones necesarias ante la comunidad internacional para activar la cooperación, acompañamiento y asistencia que permitan rescatar nuestra democracia, atender la crisis humanitaria y proteger al pueblo de los crímenes de lesa humanidad.

Fieles a ese mandato popular, los líderes políticos del país, representados en el presidente Guaidó, los diputados de la legítima Asamblea Nacional electa en 2015 y los partidos de auténtica oposición, sin pausas, han trabajado en la construcción de un plan político articulado nacional e internacionalmente, que nos permita desatar los nudos que nos atan a la dictadura de Maduro, que se sostiene de manera principal gracias a la represión y la intimidación, tras convertir a la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB), los cuerpos de seguridad del Estado y al Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) en brazos políticos de su régimen, así como por estructuras delincuenciales y gobiernos antidemocráticos del mundo, que lo oxigenan en el plano económico sin importarles el padecimiento de los venezolanos.

TODOS PODEMOS APORTAR

No somos en lo absoluto ajenos al sufrimiento de los venezolanos. No podemos serlo, porque también lo vivimos. Y por el dolor de la gente a la cual representamos y por el nuestro propio, no hemos renunciado a la lucha. Todo lo contrario, nos comprometemos más en ella cada día armados de fuerza y fe.

Eso sí, debemos entender que los venezolanos y la verdadera dirigencia política opositora del país ha enfrentado a una dictadura nada convencional, que no respeta nada ni a nadie, que pisotea la constitución e ignora los derechos humanos de la manera más brutal, solo por mantenerse en el poder.

Ha sido un trance muy duro, lo cual nos ha llevado a cometer errores, pero de ellos hemos aprendido. Ahora las cosas han cambiado y mucho a nuestro favor y surge el Acuerdo de Salvación Nacional, que se traduce en un tratado político con el determinante concurso de la comunidad internacional, las fuerzas políticas, sociales y espirituales del país, vale decir, una Unidad Superior, que debe ser vista desde una posición individual y que nos llama a plantearnos como pregunta ¿qué puedo hacer yo?

Lo anterior nos recuerda lo expresado por el trigésimo quinto Presidente de los Estados Unidos, John Fitzgerald Kennedy, cuando en su toma de posesión y juramento al cargo, el 20 de enero de 1961, dijo: "Compatriotas: no pregunten qué puede hacer su país por ustedes; pregunten qué pueden hacer ustedes por su país".

La respuesta que podemos dar en nuestro caso sería apoyar la presión interna y que todos trabajemos en un solo sentido para la presión social, dejando de lado los intereses personalistas por el interés colectivo. La fuerza de la Unidad Superior está en el aporte modesto de cada venezolano dentro y fuera del país; no es una solución tomada desde "el Olimpo....", alejada del calor ciudadano. Todos podemos aportar incluso con nuestra oración silenciosa, nuestra opinión en la familia, con sus vecinos, porque este trabajo debe estar sentado en la convicción de que lo lograremos y desde la misma esperanza, que es el principal pilar que aún habita en nuestras almas.

El Acuerdo de Salvación Nacional, debe ser la conclusión de un proceso de negociación entre las fuerzas legítimas democráticas que tienen el respaldo internacional, el régimen y las potencias del mundo. El resultado de esa negociación debe ser la celebración de elecciones presidenciales, parlamentarias, regionales y municipales libres y justas, la entrada al país de vacunas y ayuda humanitaria, garantías para todos los actores políticos, liberación de presos de conciencia y el levantamiento progresivo de sanciones, condicionado a que el régimen cumpla el resto del acuerdo.

Sobre esto ya se ha conversado con los EE.UU. y la comunidad internacional, los cuales respaldan un proceso de negociación integral que logre una solución.

INTROSPECCIÓN Y REVISIÓN

Todo lo anterior implica actuar con mayor sindéresis en lo interno, para evitar retrocesos. Por lo tanto, la ocasión nos demanda cumplir procesos de introspección y revisión.

En efecto, tenemos que mirarnos a nosotros mismos para buscar en nuestro interior las acciones, conductas y toma de decisiones que hemos tenido, con el objeto de lograr una interpretación y valoración de las mismas, para luego contrastarlas con el deber ser de las cosas, cuando de una meta común se trata.

Los ciudadanos, por ejemplo, han observado y rechazan que por décadas agentes políticos y sociales, agrupados en organizaciones que tienen reglas propias, no hayan podido ejercer la democracia interna. Y se preguntan cómo los que se pronuncian por el rescate de la democracia venezolana pueden hacerlo si no lo han logrado dentro de sus propios espacios.
Las causas de esta situación son diversas y van desde la mala práxis del sentido democrático de algunos actores políticos hasta la intervención del TSJ y el Consejo Nacional Electoral (CNE), que obstruyen toda iniciativa por cambiar en ese sentido.

Traemos este ejemplo a colación porque en esta instancia de lucha en la que se busca doblegar al régimen de Maduro, el factor unitario de las organizaciones políticas es primordial, por lo que se requiere que estén fortalecidos y una forma de ser más fuertes es que generen mecanismos de oxígenación interno con un liderazgo y autoridades legitimadas de cara a los ciudadanos.

CUIDAR LA ESPERANZA

Expuesto el tema unitario y el de la fortaleza, corresponde hablar de la esperanza a modo de conclusión. Se ha dicho mucho que los venezolanos han perdido la fe y la esperanza, pero no es así. Lo que están es llenos de tribulaciones, es decir, de penas y aflicciones por la terrible situación que viven.

La esperanza no la han perdido y se aferran a ella. En forma tangible se observa por ejemplo en los trabajadores sanitarios de Venezuela, quienes llenos de fe, solicitaron al doctor José Gregorio Hernández, el día de su beatificaciónLA HORA DE LA SALVACIÓN, interceder por la salud y el bienestar del pueblo, a sabiendas que todo pasa por la salida de Maduro. Aquí se mezclan como un todo la fe y la esperanza.

Otro ejemplo de que la esperanza no está perdida la están dando los valientes y capaces jóvenes venezolanos de la Confederación de Estudiantes de Venezuela (Confev), con su iniciativa de la Ruta por Venezuela, que se desarrollará del 5 al 24 de junio y que se traduce en un gran movimiento nacional de suma de voluntades, para generar la presión interna que se requiere en la lucha contra el régimen de Maduro.

Visto de esa manera, cómo pensar que la esperanza está perdida, lo que sí hay es que cuidar de ella y hacerla que crezca en todos los venezolanos y eso se logra haciendo bien las cosas.

Y son esas manifestaciones de unión y esperanza que vemos en los trabajadores de la salud, en los estudiantes, en personas de los gremios profesionales, amas de casa, etc., con los que a diario conversamos, lo que nos permiten afirmar a todos los venezolanos que la hora de la salvación nacional está cerca, quizás muy cerca.

@Rafaelvelozg

Caraota Digital no se hace responsable por las opiniones, calificaciones y conceptos emitidos en las columnas de opinión publicadas en este medio.

LO QUE ES TENDENCIA

Artículos Relacionados