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Las regiones, las condenadas al olvido 2

Por Ángel Medina 

Las regiones en Venezuela son la mejor manera de comprender la forma en que se plantea el poder político en el país. Hoy nuestra nación padece de una distorsión territorial en la presencia efectiva del Estado, que podemos entender como una relación inversamente proporcional entre la distancia en que se encuentre un ciudadano del centro del poder con el ejercicio pleno de sus derechos y protección de las garantías constitucionales.

En la medida en que un ciudadano se encuentre más distante de Miraflores, en esa medida se irán borrando las posibilidades de obtener respuesta oportuna y efectiva por parte del Estado frente a sus demandas, mientras más distante se viva de donde se toman las decisiones, pues, peor serán los servicios públicos, menos garantías de la protección de los derechos a la propiedad, menor control policial sobre la seguridad ciudadana, mayor serán los desafíos para comunicarse por falta de transporte, estado de las vías y deficiencia de la telefonía y el internet, mientras el ciudadano se encuentre a mayor distancia de los ojos de quienes lamentablemente están en el poder, menor será la posibilidad de encontrar servicios de salud y educación gratuitos y de calidad, la distancia es la medida que explica el encierro de quienes se niegan a permitir un relevo o transición en el poder.

Esta distorsión territorial no es un hecho provocado por el conflicto político o como un producto de la crisis económica, política o social que atraviesa el país, porque no es un hecho fortuito su existencia y menos producto de una dinámica incontrolable su fortaleza, muy por el contrario, la distorsión es un hecho previamente pensado como objetivo necesario para el control del poder que se puede explicar en varias razones.

La primera de esta es el proceso centralizador que ha experimentado la administración pública en los últimos años, la idea de la planificación central y el control stalinista del poder por parte de los líderes de la revolución, no solamente destruyó el proceso de descentralización que fue avanzado en las últimas décadas del siglo pasado, sino que consolidó todo un modelo institucional que borró las expresiones locales e impuso una visión homogénea de todo el territorio que muchas veces goza de absoluta ignorancia.

El segundo de los elementos que provocó esta distorsión, fue el desmantelamiento del poder real y efectivo de las representaciones políticas regionales y municipales en todo el país, la abolición de los instrumentos que permitían el financiamiento para las obras o inversión social por parte de gobernaciones y alcaldías, la negación permanente de construir una ley de Hacienda estadal, la creación de los protectores de estados, el manejo político de la figura del Consejo Federal de Gobierno y la iniciativa del estado comunal, ha mermado las capacidades de las instancias de representación política más cercanas a la gente, ha desvirtuado el verdadero poder popular del voto y de lo local.

Son muchas otras las razones que podríamos presentar aquí, pero lo cierto es que en nuestro país se instaló con premeditación un sistema que se va olvidando de la gente en la medida en que estas se alejan de Miraflores.

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