Maduro y la intencionalidad de su miseria del populismo

Marcos Hernández López

Para muchos especialistas, el populismo podría resumirse en estas pocas palabras: decirle al pueblo lo que el pueblo quiere escuchar, independientemente de la realidad objetiva”. En este sentido, todo político es un populista. De lo contrario no tendría esperanza de ganar ninguna elección. Cualquier duda al respecto de esta última afirmación puede ser aclarada proyectando una mirada a las promesas que hacen en los momentos históricos electorales los candidatos presidenciales, gobernadores, alcaldes, diputados hasta concejales. Pero no crea que el populismo es una característica nueva en el sistema político venezolano; es, en cambio, una consecuencia inevitable de las democracias. Ahora bien, las misiones, los CLAP y el carnet de la patria son prácticas populistas que buscan el apoyo popular para potenciar la gestión de Maduro articuladas al control social… además, gasolina gratis, el Metro prácticamente gratis, miseria del populismo.

La miseria del populismo bolivariano en su recorrido histórico ha transitado por varios niveles hasta llegar a un neopopulismo tan ineficiente como en sus prácticas iniciales. Por ejemplo, hasta Maduro en sus pocas y lúcidas narrativas públicas la valora e interpela como negativa: “El asistencialismo es una concepción populista burguesa de la política. Las misiones tienen que ir a liberar al ser humano a través de la educación, cultura, el hábitat y las condiciones materiales de vida; empoderarlo, darle el poder social, económico, político”. Reconoce el error que se ha cometido y que algunas misiones cayeron en manos de la burocracia y la corrupción.

En este mismo orden de ideas, la temática tiene una significación cuando los gobernantes les quitan la autoridad a las instituciones para “devolverle el poder al pueblo”. Como a menudo lo dicen, en la acción están consolidando ese poder para ellos. El concepto de populismo es muy complejo, los especialistas del tema lo han visto como una especie de nacionalismo cuyo rasgo distintivo es la equiparación del país con el pueblo, pareciendo este último el universo social integrado por la gente. El nacionalismo inducido por el gobierno agota sus esfuerzos en dar la sensación de unión con el pueblo, teniendo como protagonistas a los excluidos. Es decir, en nombre de estas personas es que Maduro se erige en su imaginación como el defensor de los intereses nacionales frente a la supuesta agresión e inevitable invasión del imperio y sus aliados. Cuando Hugo Chávez tomó el poder hace 20 años, promovió un populismo de izquierda que parecía estar concebido para salvar la democracia venezolana. Por el contrario, provocó la implosión del modelo democrático desde el primer momento en que el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) se apropió de las funciones de la Asamblea Nacional.

En Venezuela nos encontramos ante un sistema político de naturaleza dictatorial porque no hay equilibrio de poderes ni obstáculos a la voluntad del madurismo, incluso puede organizar eventos electorales con ciertas “reglas democráticas” mientras las gane. El futuro de Venezuela es una advertencia: el populismo es un camino que, al principio, se aceptaba a través de sus misiones como acciones de buena voluntad y justicia social hacia los desposeídos, con sustancia redentora. Sin embargo, cuando se analiza y se hace la comprensión hasta su conclusión lógica, esta práctica provocó que la democracia se cuestionara e inclusive se convirtió en autoritarismo. Nuestro país es el peor ejemplo del resultado de un gobierno/régimen populista, en el que las instituciones Estado se han debilitado tanto que el crimen y la tortura están libertinos, la corrupción es casi generalizada y la calidad de vida ha colapsado.

“La lógica del personalismo hace que los políticos populistas extiendan sus poderes y discrecionalidad”, Weyland.

Por: Marcos Hernández López 
CEO Hercon Consultores
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