Neoliberalismo vs. populismo en la Venezuela que viene

Foto: Caraota Digital

Wilfredo Velásquez

Experto en políticas públicas

 

“Razones no de Estado, sino de establo”. Parece que tiene candidez en sus labios, pureza en su lengua, y arroja fuego infernal que abrasa las costumbres y quema las repúblicas. Aquellas que parecen cintas de seda son las políticas leyes con que ata las manos a la virtud y las suelta al vicio”.  Baltasar Gracián. Refiriéndose al Príncipe de Maquiavelo.

 

Emprender la titánica tarea de reconstruir un país desde sus cimientos, después de la destrucción sistemática a que fue sometido, supone una extraordinaria claridad de objetivos, para evitar que el resultado sea la agregación de la suma de interese de los grupos que propugnan y hasta financian el cambio.

Lograr establecer una sociedad, democrática, plural, abiertamente civil, basada en las relaciones de solidaridad, donde el ejercicio de la justicia propenda más a la defensa del ciudadano, que a la defensa del mercado, sin caer en las tentaciones populistas, exige a quienes estén a cargo o se abroguen semejante responsabilidad, que entiendan perfectamente las relaciones, estado-mercado, en un país donde la riqueza proviene, y seguirá siendo así, de la explotación de los recursos naturales, cuya propiedad tendrá que redefinirse.

Necesariamente, tendrán que actualizar conceptos, como propiedad pública, propiedad civil, propiedad comunitaria, etc., de manera que la gestión de los recursos del país considere la participación activa de los nacionales, para evitar que el estado, o sea los “funcionarios”, dispongan unilateralmente del uso, usufructo y aprovechamiento de una riqueza que teóricamente pertenece a todos los venezolanos.

Empezando por la razón de estado (raison d’état), en el esquema neoliberal, solo el mercado regula al estado, (no al revés) y en el caso latinoamericano, quienes dirigen el Estado, soslayan, con mucha frecuencia los supremos intereses del país, a favor de los intereses de los grupos de poder y se entregan al ejercicio, abierto o no de esquemas de gobierno tiránico y se dejan arrastrar por la corrupción, que termina siendo la causa fundamental del atraso económico y social que presenta la región.

En esta línea de razonamiento sería necesario establecer, una cierta gradualidad en el desarrollo hacia un estado neoliberal, tal como se entiende actualmente. Probablemente, los teóricos del neoliberalismo, digan que esa gradualidad no existe, cosa que también yo comparto, pero sin embargo, debemos considerar en,  primer lugar que la fuente de toda nuestra riqueza real y posible, básicamente depende de lo que guarda nuestro subsuelo, y el agua que corre  por nuestro ríos, y esto en definitiva seria lo que atraería las inversiones que tanto necesitamos, quiero decir que la riqueza en principio y justicia nos pertenece a todos, en segundo lugar debemos considerar, antes de lanzarnos a la vorágine económica que viene, que el país ha perdido veintitantos años de desarrollo y no solo eso, ha sido víctima de un saqueo que destruyó la libertad, la dignidad individual, la capacidad de resiliencia,  la motivación al logro, la disposición al trabajo, sentido de propiedad y pertenencia, de la mayoría de los ciudadanos, gracias a los mecanismos de control social que perversamente viene utilizando al régimen.

Este altísimo porcentaje de nuestra población, no está en capacidad de incorporarse al mercado de trabajo, lo que de hacerse requerirá una atención donde la educación cívica y la formación para el trabajo seria indispensable, es tarea difícil transformar esa gran población socialmente parasitaria en capital de trabajo.  Hay otro sector, en una situación más grave todavía, son los que han hecho del delito su forma de vida, como puede observarse en los sectores populares, a esto todavía habría que sumar la descomposición moral de la mayoría de nuestros cuerpos de seguridad pública y de defensa territorial.

Estas víctimas del populismo (socialismo), no tendrían posibilidades en una sociedad regida por el mercado, si desde el principio de la reconstrucción les abandonamos, serán una rémora, un lastre eterno para el desarrollo, por aquello que señalaba Marx, de la reproducción de las fuerzas productivas, (perdón por mencionar al sujeto cuyas teorías, tanto mal han causado a la humanidad).

Teóricamente el estado neoliberal, debe ocuparse de la defensa del territorio, la justicia, la salud y la educación, sin caer en las políticas populistas, es cierto, pero… ¿Qué hacer con todo ese lumpen, empobrecido por el régimen actual, incapaz de responsabilizarse por su destino, que hacemos con los que conforman esa delincuencia cruel, capaz de cometer los crímenes más atroces, esas fuerzas del orden, que solo están preparadas para la práctica delictiva, ese alto porcentaje de niños víctimas de la desnutrición y el atraso mental que ella conlleva. ¿Qué hacemos con las familias monoparentales, y ahora las familias donde la cabeza son los abuelos, envejecidos sin posibilidades de desempeño laboral?

Lo señalado anteriormente nos lleva a la definición del papel del estado en la primera etapa de reconstrucción.

 

¿Qué tan neoliberales debemos ser?

 

Occidente ha pasado desde los años 30, del estado liberal, el estado benefactor y ahora desde los 70, hemos tratado de construir el estado neoliberal, de absoluto libre mercado, cuya teoría supone al hombre (homo oeconomicus), como un ser movido por la compulsión poseedora, motivado por la competencia para obtener propiedades o utilidades, defenderlas y acumularlas. Estas capacidades fueron destruidas por el régimen, quitándole al más alto porcentaje de los venezolanos, la responsabilidad de asumirse como individuos, aunque en la lógica económica esto no debería tener peso alguno, después de veinte años de sometimiento y destrucción de las infraestructuras urbanas e industriales, debe sopesarse el papel del estado en la recuperación del país, como abrirse la inversión internacional sin condenar a la mayoría de sus nacionales.

No es esta la única situación a enfrentar en los inicios de la nueva Venezuela, está también, la deformación socialdemócrata de los anteriores cuarenta años, donde las desviaciones clasistas (populistas) llevaron a dar tanto poder a los trabajadores, que en algunos momentos las centrales obreras eran las que tomaban las decisiones de estado, a tal punto que además de la acción monopolizadora del Estado, de las empresas básicas, estas se vieron afectadas, también, por la visión demagógica de los sindicatos, que terminaron dando al traste con dichas empresas, las empresas de servicios, la educación y la salud.

Del tema hay mucho que decir y poco espacio, y para quienes están hablado de planes, mucho que considerar previamente a la formulación de los planes de recuperación nacional.

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