No te enfermes ni te mueras, porque todo cuesta plata

Caraota Digital
Esteninf Olivarez
Periodista

Esta frase la escuché de una camarera del hospital de los Magallanes de Catia, que con
su uniforme ruñío en las axilas gritó con rabia lo mal que vive por culpa del chavismo.

No come queso ni mantequilla. La carne o el pollo ¡por favor!. Eso para muchos
venezolanos es un lujo que hay que dejar atrás porque “estamos pelando”.

Como ella, cientos de testimonios se posan frente a mis ojos en protestas que se diluyen
en la indiferencia. Algunos voltean y asienten con la cabeza aprobando el reclamo. Otros
caminan como zombis disminuidos en su propia cruz. Hay algunos más atrevidos que les
gritan "¡vayan a trabajar!".

En el Hospital Universitario de Caracas un funcionario del Ministerio de Salud atraviesa
una camioneta blanca.

Se baja con cara de guapetón de barrio tratando de impedir el
trabajo de la prensa, como si haciendo eso aparecerán las inyectadoras, las gasas y los
pacientes dejarán de comer arroz con lentejas.

A la crisis se suma el miedo. Para los trabajadores, hablar es sentencia de persecución y
para el paciente, de desalojo. No tener nada que perder les da aliento y valentía, pero
claman que vuelva la empatía.

Para morirse solo hay que estar vivo, dicen por ahí...

En Venezuela estar vivo es cada día una carrera de obstáculos. El ciudadano debe
entender que la salud es una condición valiosa, más aún cuando ir a un centro
asistencial público ya es una sentencia... porque todo cuesta plata.

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