Retos 2020

Foto: Caraota Digital

Ángel Medina

Diputado

El año 2020 arrancó con toda su fuerza, como para recordarnos que la crisis que padecemos en Venezuela solo fue detenida por un breve momento navideño. Llegó para exponer en toda su magnitud la profundidad de la crisis sin precedentes que hoy nos marca y para recordar que es exigente allanar caminos para seguir evitando el desgarramiento de nuestra nación.

Lamentablemente, en estos primeros días las posiciones extremas están gobernando y demandando que sea el sin sentido quien pueda determinar quién es el heredero de la violencia legítima. La toma militar del palacio federal legislativo con el consecuente asalto al parlamento en un acto balurdo y sin observación al reglamento o principios básicos parlamentarios, la posterior toma paramilitar de los alrededores de la asamblea, el cierre del despacho de Juan Guaidó, el secuestro del diputado Ismael León que se une a la lista que cuenta a Gilber Caro y la injusticia en contra de Juan Requesens, las amenazas permanentes a todo aquel que se resista a aceptar el estado de cosas, es la muestra más evidente de que la intención de no acordar gobierna a sus anchas el momento político.

Y es que no tener espacio sino para la confrontación como simple muestra de violencia y poder de fuego (intimidación, coerción, amenaza y acción) sobre el otro, es la mejor forma de profundizar y enredar lo que de por sí ya es un desastre, pretender que son las posiciones extremas las que van a darle viabilidad al país, es no tener conciencia sobre la historia de nuestra Latinoamérica o del valor del consenso dentro de las diferencias, es creer que  la violencia o la fuerza puede salvar la vida de una ideología, cuando está más que demostrado que el instrumento del golpe permanente es la mejor muestra de que la idea falleció y que conducir una sociedad por medio del garrote solo conlleva a la disolución de quien creyéndose poderoso subestima a la sociedad.

Lo peor del momento es que amenaza de forma clara a toda la clase política, porque nos distancia del centro que son los verdaderos problemas de las personas, porque nos empuja la radicalidad a intentar acciones que confrontan no en la idea sino en el entusiasmo, porque plantea una dinámica de acción y reacción donde no se piensa, no se hace estrategia sino que se responde por reflejo natural.

Por ello, quienes pensamos que la política no puede dejar de ser el centro y camino para alcanzar salidas a este desastre, quienes creemos en el poder de la reconstrucción de las instituciones para el ciudadano y quiénes apostamos a agotar todas las vías entes de permitir matarnos, seguimos alertando el enorme peligro que significa para toda la clase política creer que es posible sobrevivir en medio del ataque, seguimos llamando a todas las fuerzas políticas que podemos intentar resolver a unirnos y comprender que más allá de las enormes diferencias está una nación que espera que los políticos hagamos algo más que descalificar nos y atacarnos.

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