Unos gritan y otros chillan. Todos se irán

Foto: Caraota Digital

Miguel Ángel Rodríguez
Periodista

Te revienta los vasos capilares de los ojos toparte con declaraciones recientes, como las de Samuel Moncada desde su concha en Nueva York, y las de Jorge Rodríguez desde su propia concha porque el tipo, para ser benigno al referirlo, es el propio conchuo. Las pataletas de Diosdado Cabello son otra cosa.

Limitado a bailar en un cuadrito en Nueva York, porque las sanciones se lo imponen, el embajador del régimen en la ONU, Samuel Moncada, mete la cabra de que Estados Unidos y Colombia pueden estar boicoteando la mediación de Noruega en su capítulo de Barbados para imponer la vía de una intervención armada en Venezuela.

Si traigo a colación lo de ese funcionario de Maduro es porque, estando en la ONU, no solo debe estar resintiendo sus sanciones personales, sino fundamentalmente el impacto que puertas adentro en la organización internacional debe estar causando el informe de la alta comisionada Michelle Bachelet. Desde ese documento, entiéndase, Moncada es formalmente catalogado parte de un régimen criminal.

Pero da pena ajena eso de la falta de creatividad, o el no solo suponer a sus víctimas, nosotros los venezolanos, sino también a la comunidad internacional, una partida de pendejos. Estados Unidos y Colombia son de los más interesados, pero además de los más activos en el auspicio de la vía que se ha trazado para ver el fin de la tragedia venezolana con la facilitación de Noruega.

El 23 de febrero, día del intento de entrada de la ayuda humanitaria a Venezuela desde Colombia, Brasil, Aruba y Curazao, fue el propio presidente Duque quien replegó a sus equipos y apenas un par de días más tarde promovió una declaración del Grupo de Lima, en la que de manera extra petita se dejaba claro que era por la vía pacífica, negociada, que su país y sus compañeros del grupo seguirían interviniendo a favor de la liberación de nuestra nación.

El pujo de Duque fue porque corroboró in situ aquello de que el talante criminal del madurismo ciertamente había pasado en esas horas a la activación de bandas armadas que, al sur de Venezuela, adelantaban una masacre y entre Táchira y Norte de Santander disparaban a matar, de tal forma que, de no evitar que el uniforme militar colombiano fuese alcanzado por el fuego madurista, se entraría inexorablemente en una guerra de características muy distintas a las de una acción programada para sacar de su mando de terror al dictador venezolano.

El auspicio actual de Estados Unidos a una solución negociada tiene que ver con que, definitivamente, tanto los países latinoamericanos, como los europeos que han tomado partido en el caso Venezuela, han sido claros en que no le acompañarían en una intervención, independientemente de que asuntos como el narcotráfico, la afiliación del madurismo a grupos terroristas internacionales y la posibilidad de que Venezuela sea tomada como territorio de asentamiento militar enemigo, terminen configurando una comprobable amenaza a la seguridad nacional del gigante norteamericano.

Entonces Samuel Moncada se ha lanzado otro intento fallido, sin quitarse de encima ni su estado de sitio por las sanciones, ni la etiqueta de criminal que le estampó Bachelet. No grita. Chilla.

Igual lo hace la bruja, como he venido llamando por sus actitudes a la intrigante y cizañera personalidad de Jorge Rodríguez, por mucho reconocido ya como el ministro de la mentira de su amo Nicolás, quien se ha dado el tupé en sus circenses ruedas de prensa de pedirle a la oposición que juegue limpio.

El atrevimiento de la bruja tiene lugar en Miraflores y en momento en el que han desaparecido forzosamente a dos integrantes de los anillos de seguridad del presidente interino Juan Guaidó. Dizque se llevaron cuatro, o cinco (que las contradicciones entre ellos tampoco les causan vergüenza) fusiles del parque de armas del regimiento de la Guardia Nacional en la Asamblea Nacional y las iban a vender por más de 30.000 dólares.

¿Juego limpio? De eso habría que preguntarle a su excompañero de terrorismo de Estado marca Nicolás, el general Manuel Cristopher Figuera, quien desde los Estados Unidos dice estar tratando de sensibilizar al mundo para que actúe más contundentemente a favor de los venezolanos.

El exjefe del Servicio Bolivariano de Inteligencia – Sebin – cuenta con detalles cómo es que el propio Maduro gira órdenes de sembrarle armas o cualquier cosa necesaria a los opositores que quiere sacar del camino y, en eso, el círculo más cercano a Juan Guaidó ha sido objetivo principal, con el caso del exdirector del despacho de la presidencia de la Asamblea Nacional, Roberto Marrero, a la cabeza.

Lo cumbre de esta declaración es que la ofrece uno de los delegados del régimen madurista en los intentos de mediación de Noruega. Jorge Rodríguez unas horas antes había tuiteado que la reunión de Barbados había sido exitosa. Pero luego se puso su capucha de verdugo y que no nos extrañe, es la naturaleza suya y la de su grupo. No se nos olvide que su inefable hermana Delcy Eloina, la vicepresidenta ejecutiva de Maduro, confesó la pestilente verdad de que ellos, los siniestros hermanos, actúan conforme a una venganza.

Pero además,  es muy difícil que un tipo untado hasta la coronilla de “cosa maluca”, después de Acosta Arévalo, después de Rufo Chacón, después de nuevos secuestros, venga a pedirle a alguien juego limpio. Por eso se me hace difícil no verle como bruja, cínica y malvada, que además graficamos como sentada en banquillos de primera fila en el informe de la comisionada Bachelet, que comienza a ser llevado como petitorio de urgencia ante la Corte Penal Internacional.

Rodríguez, pero Héctor, es conocido por muchos de nosotros, observadores de los pasos del régimen, como una ficha que se amasa como tabla de supervivencia del chavismo frente a la hecatombe que se le avecina. Y esto ha disparado la gritadera de un “duro” en esta historia, quien tiene muchas razones para reclamar un puesto de sucesor en la cadena de mando del prostituido proyecto de poder, Diosdado Cabello.

Mi compadre Andrés me llamó exasperado el jueves en la mañana y me espetó: “¿Pero no viste que Diosdado dijo que aquí no hay sucesor de nadie, que el presidente es Maduro y que le faltan cinco años y unos meses más de su período?”. Y yo le riposté en el acto con un “¿y es que no te imaginas por qué es que Diosdado puede estar pegando esos gritos?”.

Sabemos que Héctor Rodríguez ha venido procurando consolidarse como opción alternativa y en eso, con la mediación de algunos “puentes opositores”, ha intentado hacer llegar al presidente interino Guaidó un mensaje de respeto y reconocimiento, porque son de la misma camada de lucha estudiantil del año 2007, porque “Juan es un tipo serio que no ha emprendido un discurso de odio y de violencia contra el chavismo. Porque en el mundo rojo hay gente dispuesta a liderar a los suyos, aún pasando a la oposición, con humildad, con ánimo de rectificación y con el mejor propósito de recuperar el verdadero legado del comandante eterno”.

La preparación y emergencia de un nuevo rostro del chavismo se convirtió en acelerado plan tras el golpe al hígado de la Fuerza Armada en que se transformó la tortura y el asesinato del capitán de fragata Acosta Arévalo, y se acentuó aún más con los detalles criminalizantes del informe Bachelet.

Ciertamente, la Fuerza Armada se ha convertido en la masa que más presiona para que haya un desenlace electoral y para que haya una suerte de personalidad redentora del chavismo y motora de perdones, con tal de llevar la fiesta en paz: Héctor Rodríguez.

Diosdado iba a reaccionar. Y con dobles intenciones. Primero, para pegar el grito altanero que siga haciendo recordar que para Hugo Chávez fue primero “ojitos bellos” que aquel muchacho que fue ministro y después gobernador.  Y como segunda motivación, para dejar claro que si la cosa va por las malas, el jefe militar es él, como lo fue el 30 de abril, cuando virtualmente actuó de comandante del régimen confundido por los bailes de Padrino, Suárez Chourio, Cristopher Figuera y quién sabe cuántos más.

Cabello, como lo describe el colega Juan Carlos Zapata, es el policía más malo de su lado. Pero no es ni de asomo el cuentadante de lo que realmente ocurrió en Barbados, ni de lo que ultimadamente ocurrirá para que nos liberemos de esta plaga de corrupción y violencia que ha desatado tan grave tragedia humanitaria en Venezuela. Y el cambio vendrá.

Rusia, China, la Unión Europea, el Vaticano, además de Estados Unidos y Colombia, exigen seriedad para resolver la crisis venezolana por vía pacífica, y en cumplimiento de eso la delegación de Juan Guaidó hasta paga el precio de la opinión pública desfavorable al guardar cautela a la hora de informar sobre el avance de las cosas. Yo creo que teniendo a semejantes intrigantes enfrente, debería informarse sin empacho y así se mantiene a la mayoría de los venezolanos protegidos de confusiones y alineados en el liderazgo del presidente interino.

Al cúlmino de esta redacción, se hacen virales las fotografías y los videos de la gira del presidente Guaidó por el estado Trujillo. Son giras de emoción, de esperanza, de franqueza, en las que por miles se lanzan a la calle los habitantes de los territorios más golpeados por la corrupta dictadura. Digo yo que, por ahora, el León de Caracas no termina de rugir. Pero cuando ruja, no habrá chillido de cochino que lo contenga en su implacable consecuencia de cambio.

Será así, duélale a quien le duela.

BANCAMIGA-TOPOTEPUY

Bancamiga y Topotepuy se unen en favor de la naturaleza

femicidio Bolívar

445 mujeres víctimas de femicidio en Bolívar en los últimos seis años