Viviendo en la dimensión desconocida

Caraota Digital

Amos Smith

Periodista

Uno de mis programas favoritos de la televisión solía ser: The Twilight Zone ( La Zona  Crepúscular) (sin nada que ver con Los crepúsculos larenses), mejor conocida en su emisión por Rctv, como La Dimensión Desconocida.

Básicamente trataba situaciones insólitas, utilizando la ciencia ficción para tocar temas sociales y evadir la censura en los medios estadounidenses, especialmente las del Senador Joseph McCarthy, por los años cincuenta del siglo pasado. Tiempo de la primera etapa del programa.

Su creador, Rod Serling, era un guionista muy crítico al ambiente político de la época. En algún momento se le ocurrió escribir sobre un Parlamento controlado por robots( ya pueden ver que esto que está pasando en nuestro Parlamento no es nada novedoso. Es un vulgar fusil). De esta idea nació La Dimensión Desconocida.

Todavía recuerdo con emoción, la voz del locutor diciendo:

«Estamos entrando a un mundo distinto de sueños e  ideas. Estamos entrando a la dimensión desconocida».

He llegado a la conclusión que era mucho mejor ver La Dimensión Desconocida por televisión, que vivir en ella. Ha sido una larga temporada de 21 años viendo y viviendo cosas insólitas.

Es un gran logro involuciónario que todos andemos por ahí, llevando vainas increíbles, porque hay en la mente, una zona desconocida, donde todo es posible.

Todo es posible en La Dimensión Desconocida, franquicia nacional.

Hay capítulos verdaderamente desmemorables, como el de aquellos 5 días de un país en penumbras. Hay capítulos que se repiten todos los días, como el de la falta de agua, el de los precios en los negocios y supermercados, las guerras económicas imaginarias y esas, las arengas tan ladillas, como trasnochadas en el tiempo.

La excusas insólitas de los funcionarios públicos son un capítulo aparte de esta dimensión de locura cotidiana.

Un viaje en el Metro de Caracas. Toda una factoría de situaciones sorprendentes, que desafían toda imaginación.

Un proyecto comunista liderado por capitalistas escondidos en el closet.

Un canal de televisión del Estado que en su programación inventa todo un país ficticio.

Un lugar donde los más jodidos, defienden a quienes los jodieron. Y que jode.

Una tierra donde gente armada pero pacifica, amenaza siempre con la paz.

Una patria querida, donde todo vestigio de cotidianidad es destruido.

Donde más de cinco millones y medio de personas se han ido y huido de la mayor suma de felicidad de la tierra.

Dónde lo electoral se multiplica con votos desconocidos.

Dónde los poderes públicos son una dimensión desconocida express.

El país con las reservas petroleras más grandes del mundo (desde aquí Reguetón de Daddy Yankee).

«Dame la gasolina» (hey) (hey) (en las colas sabrosas).

«Como le encanta la gasolina.  ( Yeah bachaqueo).

«Dame más gasolina» (hey) (cubano).

Un salario mínimo para una vida mínima.

Una pensión que no alcanza ni para el pasaje, ni la estadía en la cola del banco.

La elección de la directiva de la Asamblea Nacional con votos y quórum imaginarios. Robots con ranuras para coins, modo rodillas en tierra.

Guerreros de teclado diciendo que es lo que hay que hacer, desde la distancia y la comodidad de tener una dimensión para ellos solitos.

La gente esperando que otros hagan por ellos, los que les toca hacer.

La gente echándole la culpa a quien intenta hacer, lo que ellos tienen que hacer

Y así hasta el infinito y más allá.

AL IGUAL QUE EL CREPÚSCULO QUE EXISTE ENTRE LA LUZ Y LA SOMBRA. HAY EN LA MENTE UNA ZONA DESCONOCIDA DONDE TODO ES POSIBLE.

TODO ES POSIBLE EN VENEZUELA. LA CAPITAL DEL MUNDO MUNDIAL, DE LA DIMENSION DESCONOCIDA.

 

 

Una venezolana antichavista, ella es la novia del hijo de Zinedine Zidane

Caso de las «chuzadas telefónicas» vuelven a remecer a las Fuerzas Armadas colombianas