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Volvamos a la Fe

Por Omar Villalba

Durante todo este tiempo hemos estado hablando de las vacunas, de la prevención, de la necesidad de un plan de vacunación; además de la necesidad de dejar de lado las diferencias políticas para alcanzar los acuerdos necesarios para conseguir resolver el problema de la pandemia.

Hasta aquí todo está bien, es lo que se debía hacer. Pero, ¿Qué hay del apartado mental y el espiritual? Nos hemos concentrado tanto en lo material; que hemos dejado de lado el apartado sensible. Somos una especie sociable, esto se debe a que, a diferencia de nuestros hermanos los animales, nosotros desarrollamos inteligencia, pero por encima de ello en nosotros floreció la capacidad de ser sensible.

Tener emociones, desarrollar la espiritualidad, la fe y las religiones nos permitió unirnos y hacer de nuestra especie una comunidad. Y, duela a quien le duela, es la comunidad la que permite que nosotros alcancemos los objetivos que nos propongamos. Un hombre puede ser muy inteligente, sabio, poderoso y carismático, pero sin la asistencia de su prójimo nunca podrá hacer nada.

Cuando entra en juego esta variable, entonces se hace necesario hablar sobre el componente emocional. Hace poco vi una entrevista en cierto canal de TV donde una psicóloga decía que las instituciones de la salud y los gobiernos están concentrados en los problemas que representan las pandemias y las enfermedades más evidentes. Pero, nadie está tomando en cuenta lo peligrosas que son las enfermedades mentales y los problemas psicológicos y espirituales.

Esta pandemia, en un principio trajo consigo un montón de malestares. Y, a medida que avanza, que crecen los muertos y que pareciera que no hay final a la luz del túnel. Que no termina de llegar la nueva normalidad, la gente se angustia más y más corriendo el riesgo de sucumbir a la desesperanza. Ya, en otros artículos he dicho que esta crisis no es igual para todos, que algunos deben elegir entre comer o morir por Covid. Y como ellos hay muchos que se sienten desesperados por esa situación y otras.

Por ejemplo, hay personas que han visto  como los ramos donde laboraban se han venido a pique. En algunos pueblos McDonald's y otras cadenas de comida rápida han cerrado. Los cibercafé también han ido desapareciendo. A todas estas es inevitable preguntarse ¿Cómo se sienten las personas que laboraban en esos negocios y se vieron en la necesidad de dejar la zona de confort para enfrentar una nueva realidad? ¿Nos hemos detenido a pensar en el estrés que dicho cambio les generó? Yo creo que no.

No solo hablemos de estas personas, también de aquellas que, como ya hemos apuntado en otras ocasiones, viven un infierno de abusos y problemas; careciendo de opciones, porque gracias a la depresión económica y la pandemia no tiene a donde escapar.

Por último, aunque parezca banal, también debemos recordar a todas esas personas extrovertidas —ya algunas introvertidas también—, que disfrutaban de su libertad. De la posibilidad de elegir entre quedarse en casa o salir. O de los que salían todo el tiempo, así fuese a subir el cerro para coger algo de aire libre y fresco.

Si reducimos este último apartado a su mínima expresión nos encontraremos que el problema más sencillo es que la pandemia no nos ha dejado elegir. No tenemos opciones. Y, créanlo o no, eso mortifica a la mente humana.

¿Qué podemos hacer por esas personas? ¿Qué podemos hacer por nosotros? La primera cuestión seria reconocer el problema, la segunda pedir ayuda. Si nosotros no somos lo que sufrimos, la primera opción sería comprender a nuestro prójimo, la segunda brindarle apoyo. Existen una serie de herramientas y medios a través de los cuales una persona puede lidiar con ello. Como se dijo hace un año, las diferentes escuelas de psicología tienen líneas telefónicas a través de las cuales se pueden realizar consultas para mitigar estos problemas.

Pero, si siente que su malestar no da para tanto. Lo mejor es volverse a la fe. La espiritualidad es una fuente de consuelo. Un momento para meditar, un segundo de recogimiento, una oración dicha entre diente, la contemplación de algo hermoso, o simplemente tomarse el tiempo para respirar correctamente, pueden aclarar una mente atribulada. Un momento de relajamiento, es un momento de claridad que nos dotará de la fuerza necesaria para hacer frente a estos males.

Por eso, a quienes me leen, los exhorto a cobrar conciencia de estos problemas. Si conoces a alguien, que en tu entorno se encuentre pasando por un mal momento, haz algo por él. Tiéndele una mano. A veces una frase tan sencilla como: te comprendo. Cuentas conmigo, pueden hacer mucho por una persona que se siente al borde. Debemos ser considerados con los demás. Recuerden el gran y primer mandato que Nuestro Señor nos dio: Amamos los unos a los otros, como yo os he amado.

Algunos pensarían que es un mensaje difícil de cumplir. Pero la verdad es: que no lo es. A veces con poco podemos hacer mucho por nuestros prójimos.

Caraota Digital no se hace responsable por las opiniones, calificaciones y conceptos emitidos en las columnas de opinión publicadas en este medio.

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