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¡Un miedo paralizante me aleja de ti!

¿La fobia social te aísla?

Por María Laura García 

Una fobia social es una “especie de miedo” ante diversas situaciones cuya intensidad es injustificada si se consideran las características del evento que lo provoca, además la reacción es inoportuna, desmesurada e interfiere con el desarrollo de nuestra cotidianidad mermando nuestra capacidad de goce o disfrute de la vida.

En “A tu Salud La Revista”, hace un tiempo, entrevisté a la doctora Norma Barreno, psiquiatra del Hospital Domingo Luciani, de Caracas, y ella definió la fobia social como “un tipo de trastorno de ansiedad” que se manifiesta a través de un temor persistente ante una o más circunstancias en las cuales su desempeño pudiera estar bajo el escrutinio de los demás o en situaciones que pueden exponerlos a otras personas. El temor de afectado se origina por la posibilidad de ser humillado y lamentablemente estos miedos interfieren de manera significativa en su vida social y relacionamiento con otros.

Barreno explica, que al principio la persona puede ser interpretada como tímida y en algunos casos suele ser tan escurridiza, que no logra ser visto como fóbico por su entorno, hasta que le toca buscar empleo, exponer un tema ante otros o hablar en público. Según la especialista, la fobia social en la mayoría de los casos, “surge en la primera etapa de la adultez, cuando se está iniciando la universidad o la vida laboral, porque el individuo comienza a verse obligado a relacionarse con compañeros, tener una pareja, hablar en público, entre otros compromisos sociales habituales”.

¿Te sientes identificado? ¿Cómo se realiza un diagnóstico?

Frecuentemente, la fobia social se asocia a una autoestima baja y en consecuencia el miedo es a ser criticado, precisamente porque se tiene una baja evaluación de sí mismo. Si sientes angustia permanente ante cualquier situación que suponga exponerte a otros, pues debes pensar en que pudiera tratarse de fobia social. Los especialistas en salud mental, se apoyan para el diagnóstico en algunas escalas o criterios ya establecidos.

Las descripciones clínicas coinciden en mencionar a “el miedo” a ser avergonzado en el desempeño de actividades sociales cotidianas como el principal síntoma de la fobia social.

Pudieras estar padeciendo este tipo de ansiedad si al momento de autoevaluarte lo haces siempre negativamente y evitas los encuentros sociales o los enfrentas con total malestar, es decir, experimentas aprehensión ansiosa, conductas evitativas o evasivas que te llevan al aislamiento casi absoluto, funcionas mal en lo laboral, además de somatizar de diversas maneras orgánicamente presentando ruborización, sequedad en la boca, palpitaciones, temblores, sudoración y urgencia miccional.

El fóbico también teme actuar de una forma o mostrar síntomas de ansiedad vergonzosos y a veces, hasta reconoce que su miedo es excesivo o irracional. Por tanto, la evasión, la ansiedad anticipatoria o la incomodidad ocasionado por las situaciones que le afectan, interfieren significativamente con sus rutinas cotidianas.

¿Qué situaciones suelen provocar ansiedad?

Muchas, pero las más comunes, son el hablar ante una audiencia o un pequeño grupo de personas, comer en público, conocer a nuevas personas o aquellas que tengan “un gran nombre o autoridad”, escribir en público, ser observados o ser el centro de atención, usar el teléfono, recibir visitas, ser objeto de chistes o bromas, usar baños públicos, encuentros con el sexo opuesto, entre tantas otras.

¿Cuál es su impacto en la calidad de vida?

Va a depender del oficio y del grado de ansiedad que se experimenta, el tema es que los fóbicos sociales pudieran caer en adicciones para superar sus miedos y por el otro lado, sentirse muy mal, hasta el punto de no ser felices y/o desarrollar desórdenes mentales de mayor gravedad, Ej.: depresión, ataques de pánico, etc..

¿Cómo saber que no es solo timidez?

Es sencillo, por la profundidad de los síntomas, la persistencia, la limitación y grado de discapacidad que provocan puede saberse que se trata de un trastorno y que no es solo cuestión una personalidad pasiva.

La buena noticia es que se puede curar ya que los afectados suelen responder bien a la terapia farmacológica, específicamente los antidepresivos; y a la psicoterapia cognitivo conductual. Estos son tratamientos efectivos si los aplica un especialista en las dosis adecuadas, en el tiempo que corresponde y con el seguimiento idóneo. Lo mejor de todo es que de esta manera se garantiza una mejor calidad de vida para el paciente, disminuyendo las recaídas y recurrencias.

Ya para finalizar, la Dra. Barreno mencionó que es de vital importancia evitar el uso de medicamentos que puedan generar adicción como los denominados tranquilizantes.

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