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A un año y poco más del COVID

Por Omar Villalba

Este espacio ha estado detenido por un tiempo considerable debido a que, por azares de la vida, me he contagiado con COVID. He de comentar que ha sido una experiencia tortuosa, dolorosa, pero que he logrado superar gracias a mi familia, los verdaderos amigos y el personal de salud. A estos últimos hay que agradecerle mucho, porque hacen bastante con lo poco que tienen. También lo he logrado por aferrarme a la vida y, sin duda, porque Dios es grande.

Mientras estaba padeciendo esta enfermedad, en los momentos que el malestar y la fiebre me dejaban en paz, me puse a pensar sobre algunas cosas. La primera es que pareciera ser inevitable que una buena cantidad de personas se enfermen. Por mucho que uno se cuide, tarde o temprano el COVID te alcanzará. El riesgo es que la enfermedad se comporta de manera extraña dependiendo del anfitrión. He oído casos de chamos, deportistas con buena salud, que han corrido peor suerte que yo con esta enfermedad. Eso, sin contar a aquellos que han muerto.

La segunda cosa que he pensado ha sido ¿Qué nos ha dejado el año que pasamos en confinamiento? Algunos pensarán que este artículo llega una semana tarde, pero lo cierto es que al ser este el mes donde todo comenzó aún es válido evaluar la cuarentena.

¿Qué nos dejó 2020? Pues la enfermedad se extendió por todo el mundo, solo pocos lugares parecieran haber sido alcanzados. De África sabemos muy poco, pareciera que el coronavirus tiene poco que hacer por aquel continente, que tiene cosas peores, como un nuevo brote de ébola. Medio Oriente sigue con sus dilemas, ¿poco importa el COVID cuando estamos en medio de una terrible conflagración? Europa se prepara para entrar en la tercera oleada, tanto que Merkel ordenó, para pascuas, que Alemania esté en total confinamiento. Solo Finlandia ha erradicado la enfermedad.

Asia sigue en su lucha contra la enfermedad. Creo que el tema Birmania está llamando toda la atención. Por último, tenemos al continente americano. En EE.UU. la nueva administración está sacando adelante varios proyectos para apoyar a las familias con escasos recursos, a capear la enfermedad. Las campañas de vacunación siguen adelante, mientras que Biden y su equipo tratan de resolver los problemas que dejó la anterior administración.

América Latina, en cambio, sigue con sus ideas y venidas. En algunos países, como Ecuador, habrá segunda vuelta. Y en el resto, donde se está llevando a cabo los planes de vacunación, la avaricia humana, el miedo y la viveza comienza a hacer efecto, por algo se están denunciando a los políticos que se están vacunando antes que el resto o que están realizando chanchullos con la adquisición de las vacunas. Ya el Santo Padre advirtió a la gente contra las mafias de las vacunas.

En síntesis, 2020 empezó con un mundo lleno de incertidumbre, miedo y gente atormentada ante la idea de estar encerrada. Luego siguió una carrera entre las grandes potencias por ver quién era capaz de crear la vacuna más efectiva. En esta lucha por prestigio llegamos a los que algunos internacionalistas han denominado la geopolítica de las vacunas, la cual parece estar ganando Rusia con su Sputnik V.

En el caso de nuestro país, la pandemia demostró muchas cosas: como las debilidades estructurales de nuestro sistema de salud. Los médicos están trabajando con las uñas, y como soldados están en la línea de fuego casi sin protección. También, gracias a ello, hemos visto que muchos de ellos tienen una gran vocación, porque con sueldos de miseria, poco equipo y unos grandes riesgos siguen haciendo su trabajo. Si existen héroes en el mundo real, sin duda el personal médico venezolano debe figurar entre ellos.

Otra de las cosas que puso en evidencia la pandemia fue lo poco obediente que somos los venezolanos.  Sé que a nadie, y a los adultos menos, les gusta que le digan que hacer y que no puede hacer. También estoy consciente de que a muchos les desagrada que el gobierno les diga como tienen que andar en la calle. Estoy aún más consciente de que muchos venezolanos viven del día a día y tienen que salir a la calle a buscarse la vida, sin eso no comen. También tengo presente que algunas personas no están hechas para el encierro. Su personalidad no les deja, y que probablemente muchos tienen que convivir con peligros mayores dentro de casa. Eso se comprende pero salvo los casos especiales ¿Por qué a la gente le cuesta cumplir con las medidas de bioseguridad o respetar el confinamiento? Porque rayos y centellas, después de un año en esto aún uno encuentra gente en la calle que no usa barbijo o —lo peor— lo usan mal.

Así las cosas, uno se pregunta ¿Por qué ante algo de vida y muerte la gente tiene que ser tan irresponsable? O ¿será que nosotros tenemos tan internalizada la idea del gendarme necesario que no podemos acatar unas normas tan sencillas aun si eso nos cuesta la vida? La verdad es que no lo sé. No creo que sea una cuestión cultural, y espero que no lo sea, porque entonces nunca tendremos un gobierno democrático en Venezuela. Bueno, siento que me desvío.

Todo esto me preocupa porque en nuestro país comienzan a aparecer nuevas variantes del COVID. La brasileña llegó al país gracias a los carnavales, y no conforme con ello han aparecido otras. Por ejemplo —a la fecha que escribo este artículo— ya se descubrió una nueva variante en la India. Hay una variante británica, francesa, sudafricana, brasileña e india. Y aún no hay una vacuna que sea totalmente efectiva y accesible a todo el mundo.

Por último, Venezuela va a entrar en la segunda ola, y la situación no pinta bien. Eso nos queda claro con el hecho de que Semana Santa será radical y no flexible. Mientras, el resto del mundo comienza a entrar en la tercera ola y esta no pinta para nada bien. Por eso, quisiera exhortar a quienes me leen, a que tengan cuidado, recuerden las medidas de bioseguridad, que las sigan al pie de la letra. La situación no pinta bien para mayo y junio, por eso debemos ser cuidadosos. Cuidemos de nosotros y de nuestros seres queridos, porque nadie más lo hará.

2020 inició cargado de incertidumbre y dudas. El 2021 pareciera haber conseguido algo de esperanza, un pequeño brillo con las vacunas, pero creo que solo nos estamos acercando al ojo del huracán. La tormenta de verdad aún está por llegar. ¿Estaremos a la altura? Yo tengo fe, creo que sí.

Caraota Digital no se hace responsable por las opiniones, calificaciones y conceptos emitidos en las columnas de opinión publicadas en este medio.

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