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Baseball en tiempos de coronavirus

Por Omar Villalba

Sí, vamos a hablar de este tema. Si soy sincero, una parte de mi persona, le habría gustado escribir este artículo en otro contexto. Tal vez “La pelota en medio de las Sanciones” “El Baseball: una amenaza real y creíble”. “El Baseball y el cambio político”. Pero, tristemente, nos ha tocado hablar de este deporte en tiempo de COVID-19.

El baseball es un deporte —al igual que el futbol— cuyos orígenes son inciertos. Seguir su árbol genealógico nos llevaría a tiempos remotos y tendríamos que abordar diferentes civilizaciones. Pero, el baseball, como lo conocemos en la actualidad es un invento estadounidense. Los gringos, cuando se independizaron, decidieron desligarse de sus raíces europeas. Y, en un extraño ejercicio de reinvención de la rueda, adaptaron a su gusto algunos pasatiempos. Por ejemplo: el rugby y el futbol americano es el mismo deporte, solo que los estadounidenses le agregaron una que otras cositas y cambiaron las reglas a su gusto. Y el baseball no es más que el cricket inglés, pero con más sentido.

Así pues, a medida que los estadounidenses iban de un lugar a otro, llevaban consigo sus entretenimientos e inventos. De esa forma, el baseball y el básquetbol llegaron a Venezuela. El primero, seguro, a través de los trabajadores que las compañías petroleras trajeron. El deporte, por alguna razón, enamoró al venezolano. Lentamente fue dejando una marca en el alma de nuestra nación, hasta el punto de convertir al baseball en algo nuestro.

Los venezolanos hemos hecho grandes aporte a ese deporte. Tenemos grandes jugadores como Baudilio Díaz, Luis Aparicio, Galarraga, Omar Vizquel y Luis Sojo, entre muchos otros. Estos jugadores de las grandes ligas se formaron en nuestro país, gracias a la Liga de Venezolana de Baseball Profesional. Esta liga se volvió una tradición. No solo para los jugadores —Los jugadores extranjeros les gustan venir aquí, porque es una liga de invierno, aquí pueden seguir jugando y practicando— sino para el venezolano.

Esta tradición se ha mantenido constante a través de los años. Pocas veces el baseball se ha visto detenido. Y en las décadas recientes, aun en medio de crisis y problemas económicos, hemos tenido algo de baseball. El venezolano deja de lado sus diferencias, cuando escucha el sonido de la pelota siendo impactado por el bate. Un sonido redondo y hermoso.

El año pasado muchos dudaba que hubiese baseball, gracias a la crisis interna y las sanciones impuestas por el gobierno estadounidense. Aun así, los venezolanos disfrutamos un poco de ese circo. Ello, con las navidades, nos permitió olvidar, durante un rato los problemas. También, por aquel entonces, ocurrió algo interesante: se agregaron reglas nuevas que hicieron de este un proceso más ágil.

Este año, hasta el momento, sentíamos que no habría baseball. El coronavirus ha dificultado todo. Un espectáculo, como el baseball, seria difícilmente disfrutable, tomando en cuenta que no son convenientes las aglomeraciones de gente en medio de una pandemia.  También porque los vuelos internacionales apenas se están reactivando. Como ustedes pueden ver, el escenario no es propicio.

A pesar de ello, tendremos baseball. Al parecer seguiremos el ejemplo de EE.UU. donde los deportes se han practicado, con sumo cuidado y sin público. Y se han realizado una serie de concesiones, para que muchos jugadores vengan a participar. Por ejemplo, se garantizó cierta burbuja de seguridad a los jugadores. A esto, por cierto, se les realizaran pruebas de PCR con frecuencia. También se establecieron  estadios fijos para los partidos, que por cierto se realizaran dos por tanta para, en poco tiempo, cubrir la cantidad de juegos.

También se dividieron los equipos en dos divisiones, las cuales separaron a los eternos rivales. Esto, hasta hace poco hizo que los fanáticos de los duelos entre los leones y los navegantes pegaran un grito en el cielo. Ya que al encontrarse en divisiones diferentes, estos no se enfrentarían hasta las eliminatoria, si las superaban. Pero, a alguien se le ilumino la mente y decidió inventarse la figura del juego inter-división. Y es que baseball venezolano sin un Caracas-Magallanes como comer carne sin sal, o tomar leche aguada. O tomarse un café descafeinado, descremado y son lactosa, con azúcar artificial ¡vamos, una locura!

El gobierno puso sobre la mesa que podría haber público. Pero, solo podría ser el 30% del aforo de los estadios. Esto último podría ser significativo, pues podría levantar el ánimo de los venezolanos, pero también sería un gran riesgo. Aun así, parece que la propuesta del baseball ira adelante. Y es que, siendo sincero, al pueblo venezolano le había falta un poco de distracción.

Solo esperamos, que los jugadores, el Estado, la Liga y los fanáticos sean responsables —estos últimos, en caso de que se permita público— de esta forma seremos capaces de disfrutar el espectáculo; que será un alivio en medio de esta crisis. Sé, que habrá mucho por allí, que se quejaran porque esta es una medida populista: algo de pan y circo, para que nos olvidemos de los problemas. Lo cierto es, que no se puede negar, hay algo de ello. Pero, nuestros pesares son tanto, que  este poquito de azúcar no cae mal. El Baseball será solo por unos meses. Unos donde muchos volveremos a estar unidos por una pasión, una que llevamos en los genes. Los problemas económicos seguirán allí, los sociales y políticos. Pero, nosotros también, solo que con el ánimo alto y la mente ligeramente despejada, dispuestos a hacerle frente.

Así que, sea este 15 de noviembre o el 1 de diciembre —esta ultima fecha suena con fuerza, no nos queda otra que esperar. Tendremos una serie un tanto peculiar, pero realmente entretenida. Y, a su vez, la sensación de que al menos, le ganamos una al coronavirus. Para todo lo demás, como dice el libro sagrado en Eclesiastés, hay su tiempo.

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