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Capitalismo salvaje a la criolla

Por Omar Villalba

Venezuela es el primer país del mundo que toma una moneda fuerte, la mastica y la tritura. Este gobierno hizo algunas reconversiones monetarias, creó el Bolívar Fuerte, pero las pésimas políticas económicas barrieron el piso con él. Luego hicieron otra, se inventaron el Bolívar Soberano, este resultó ser más débil que el fuerte y para nada soberano. De nuevo el bolívar, como moneda, perdía su valor.

En su desesperación este gobierno comenzó a emitir dinero inorgánico, a traer nuevos  conos monetarios. Los primeros eran muy bonitos. Bien elaborados, con colores llamativos, todos diferentes, con varios próceres… unas bellezas que ganaron premios. Luego, lo intentaron de nuevo, pero esta vez no había como pagarlos, así que salieron billetes que solo se diferenciaban por las cifras, los colores y que todos ellos son mustios. Siendo sincero, parecen malos billetes de monopolio con la imagen del Libertador, por no dejar.

Estos intentos, realizados por el gobierno, nunca surtían efectos porque se realizaban a destiempo. Tampoco eran efectivos, porque por un lado el BCV emitía este nuevo billete, pero por el otro el Ejecutivo aumentaba el sueldo y todos los precios subían. Para cuando teníamos la dicha de ver los billetes, este ya no valía nada (No podías ni comprar un caramelo).

No conforme con eso, tenemos que recordar que, gracias a la crisis y al creciente uso de los medios electrónicos, el gobierno dejó que muchos cajeros electrónicos se perdieran, lo que hizo que el dinero tardara, aún más, en llegar a la gente.

Como todos ustedes pueden leer, aquí hay una brutal combinación de elementos que, de nuevo repito, unido a unas pésimas decisiones en materia  económica acabaron con la moneda nacional. Así las cosas, hemos sufrido en carne propia las consecuencias de una serie de pésimas decisiones. ¿No se supone que los socialistas siempre eran duchos en economía?

No conforme con lo ocurrido, nos encontramos con una pandemia y una industria petrolera en el suelo —algunos dirán que las sanciones tienen que ver—, que deprimió aún más la capacidad adquisitiva del venezolano. En respuesta, muchos optaron por dejar de usar el bolívar y optar por monedas extranjeras. En poco tiempo, algo que al principio se hacía de forma secreta, se normalizó. El uso del dólar y el euro se volvió algo cotidiano, tanto que a veces podemos ver a vendedores callejeros de dulces con pequeños montones de billetes de a uno y cinco dólares.  Algo realmente asombroso.

Uno pensaría que la aparición del billete estadounidense sería la salvación. Que toda la inflación se estabilizaría, al margen de la pandemia, las sanciones y la escasa producción. Pero resulta ser que no, en realidad la situación del dólar paralelo se agudizó, aunque mantuvo un ritmo lento en cierta parte del año. Hoy ronda aproximadamente los 3.000.000 de bolívares por dólar, pero en diciembre del año pasado, especialmente en las últimas semanas del año se había estabilizado, no subió ni bajó. En la actualidad alcanza esta cifra, pero recuerdo que los pájaros de mal agüero decían que en enero remontarían mucho, tanto que podrían montarse en los 3.000.000 con facilidad. Cosa que no pasó, sino hasta ahora: mayo, a mitad de año.

Pero, ¿se deben estos aumentos a las malas prácticas comerciales del gobierno? En este caso no, en realidad el aumento del dólar se debe a las pésimas prácticas comerciales del venezolano de a pie y, vaya usted a saber, que grupúsculo siniestro. En un gesto de vileza, argumentando que escasean, que hay muchos riesgos al transar con ellos, que hay billetes feos, muchas personas han hecho su agosto y se aprovechan de los demás. Todos nos hemos vuelto casas de cambio andantes y aplicamos el indicador que más no conviene, cuando nos convienen. Y, como si no fuera suficiente, siempre buscando como perjudicar a los demás.

Un claro ejemplo de lo expuesto es el transporte público, donde los colectores y transportistas suelen aceptar el dólar de forma arbitraria. Digamos que el dólar está a 3.000.000 muchos te lo querrán cambiar en 2.500.000 y, no conforme con eso, querrá cobrarte el pasaje con un costo más alto. Así, si el pasaje es de 2.000.000 te dirá que por pagar con un dólar, a ti el pasaje te queda en 2.100.000. Y, en el ínterin nuestro amigo conductor nos ha quitado 600.000 bolívares, que se dicen fáciles, pero cuestan mucho ganárselo.

Lo expuesto arriba es un gesto no solo de una pésima práctica comercial, sino un claro ejemplo de una falta de solidaridad monstruosa. Y, si ustedes creen que eso solo pasa con las divisas, es que no se han enterado que ocurre, en algunas líneas con los sistemas de pago electrónico. El pasaje es de 1.000.000 pero si pagas con la tarjeta electrónica es 1.200.000 porque ellos tienen que compensar el pago por el uso del lector que tal vez no es de ellos. Esos 200.000 que debería ser la plusvalía del fiscal, en vez de salir de las costillas del socio de la cooperativa, sale del bolsillo del transportista. Así, la gente que vive fuera de Caracas, y aun en la misma ciudad capital, ven como su sueldo se va en pasaje.

Así pues, mis queridos lectores ustedes pueden ver como el sueldo no vale nada. Y eso, si hablamos de familias donde hay uno o varios sueldos constantes y cuantiosos. ¿Cómo será el horror de aquellos que viven el día a día? No me lo quiero imaginar.

En síntesis, podríamos decir que todo esto que vivimos es un claro ejemplo de un brutal Capitalismo inhumano y salvaje criollo. Hijo bastardo de la pobre mentalidad del comerciante venezolano, la falta de solidaridad del pueblo y para colmo, las malas decisiones de un gobierno bruto y corrupto.

Ahora ¿Qué podemos hacer? Bueno, la mejor opción que tiene el gobierno es la de aplicar una reconversión monetaria. Quitar una ingente cantidad de ceros, para que las cifras sean manejables. Darle un plazo a las empresas para que se ajusten. Es muy probable que, como estamos manejando dinero virtual, tal vez la percepción de la hiperinflación se reduzca y los efectos de una conversión lleguen más rápido. Sino, iremos de a peor, porque las malas prácticas seguirán y el gobierno, bueno ellos en materia económica van de error en error.  No nos queda más que esperar y tener fe.

Caraota Digital no se hace responsable por las opiniones, calificaciones y conceptos emitidos en las columnas de opinión publicadas en este medio.

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