Generic selectors
Exact matches only
Search in title
Search in content
Generic selectors
Exact matches only
Search in title
Search in content

Ciudadanía en plena cuarentena radical

Por Omar Villalba

¿Qué implica estar en una periodo de cuarentena radical? En término sencillo, significaría que la mayoría de las personas tienen que quedarse en sus casas, de esta forma se reduce el contacto entre los individuos, rompiendo así la cadena de contagio. Pero, todos sabemos que la situación económica de nuestro país —y de ninguno— aguanta un periodo de inactividad tan extenso. Tristemente algunas personas tienen que salir, pues deben producir por un sinfín de factores, que van desde que ya acabaron con todos sus ahorros, hasta que viven del día a día.

Dado que hay personas a las que les urgen trabajar. Además, hay otras que la sociedad necesita que estén trabajando, es inevitable que en un periodo de cuarentena radical, la gente salga a la calle.

El gobierno venezolano ha implementado un mecanismo particular, que ellos denominan 7 x 7. El modelo consiste en una semana flexible y en la siguiente radical. Aun así, durante el periodo radical algunos sectores se han puesto en movimiento. Pero no solo la esencial, sino que muchas personas, hasta cierta  hora del día salen a buscarse la vida o resolver sus problemas. A eso hay que sumarle la crisis energética que estamos transitando, pero eso es otra cosa.

En fin, lo que trato de decir es que aunque tenemos unas condiciones severas, la gente debe, tiene y desea salir. Y también que el gobierno —esto en muchas partes del mundo— considera que es necesario que la gente salga. ¿Quedó claro? Sí, espero que sí. Pues, de aquí volvemos a nuestra pregunta inicial ¿Qué implica estar en una cuarentena radical? O mejor dicho ¿Qué se espera de nosotros, que en medio de una semana radical, debemos salir a la calle? Pues, de nuevo estamos frente a una respuesta sencilla: un comportamiento cívico.

Las personas que están en la calle durante la cuarentena radical deben velar por sí mismas, están bajo su responsabilidad. Además, son conscientes que se están poniendo en riesgo y ponen en riesgo a otros. Conocidos o no. también saben, o al menos deben tener presente, que deben cumplir una serie de condiciones para estar en la calle: usar el tapaboca, ser considerado con los demás, cooperar y prestar atención con las autoridades. Poner el bien común por encima del egoísmo natural del ser humano. ¿Bonito, cierto? Pues la gente en la calle no hace eso.

Con tristeza, he observado cada vez más, que la gente no acata las normas. Y no conforme con ello toman una actitud grosera, irreverente y malcriada cuando el entorno les exige el cumplimiento de la norma: ¿Quién eres tú para decir cuándo  o cuando no usar el tapaboca? Yo no me voy a sentar, pues ya estoy por bajarme. ¿Qué? Entonces devuélveme mi pasaje, porque no pienso tomar asiento, prefiero ir de pie.

Esas son las reacciones usuales que he observado en la calle. O que, algunos conocidos, me han contado que ocurre en el transporte público, donde los conductores —por temor al matraqueo de los policías— deciden apegarse a la norma y los pasajeros los desafían. Y no solo es que desafían al conductor, sino al resto de los pasajeros que no desean tener problemas con el conductor o las autoridades.

Pero, no solo son las personas las que se pasan las normas, los buenos modales y el comportamiento cívico por el forro de la nariz. Sino que las autoridades hacen lo mismo. Al parecer, algunos policías consideran que las semanas de radicalización es un equivalente a la quincena. Esas semanas son idóneas para el rebusque. No solo se rebuscan, sino que a su vez realizan, impunemente, abusos de autoridad. Así escuché que muchas líneas de transporte que vienen de las ciudades dormitorio, no están llegando al centro, o para ser precisos, a Nuevo Circo, porque  los policías allí los matraquean y si no lo pueden hacer le quitan los papeles.

¡Entonces! ¿Qué está pasando? Acaso el individualismo, el egoísmo y otros vicios están lanzando a los buenos modales y el comportamiento ciudadano al sumidero. ¿Qué podemos esperar de los ciudadanos si aquellos que nos deben proteger se portan peor? Pero a mí no solo me preocupa que la gente se comporta de forma altanera, poniendo por delante ese espíritu individualista y egoísta —propio del mundo anglosajón— antes de considerar el bien de la comunidad.  En realidad hay algo que me preocupa más: ¿Cómo va a ser el comportamiento del venezolano post-pandemia?

Si la solidaridad y los buenos valores se están yendo al caño en estos momentos, en el futuro será peor. Porque la descortesía —amparada por el paragua del virus y la paranoia— se está volviendo algo común. Por otra parte, esta crisis está haciendo que nuestros defectos afloren: la pereza, la viveza, el rebusque. En cierta medida, el coronavirus está creando, en Venezuela, una cultura de la flojera, una cultura de la picaresca que nos recuerda al siglo de Oro Español. Donde nadie quería trabajar honradamente y todos deseaban que la Corona les resolviera la vida.

La historia no se repite, pero a veces se parece igualita… parafraseando a cierto comediante venezolano. Nosotros somos mejores que eso, podemos ser buenos ciudadanos. Para ser cierto, no hace falta mucho para ello, salvo pensar que es lo mejor para los demás, antes de pensar que el los más conveniente para mí.

Así pues, mis queridos lectores, si ustedes ven este tipo de comportamiento censúrenlo. Si ustedes han cometido estos vicios, no lo vuelvan a hacer. ¿Qué es más sencillo: exigir el dinero y bajarse de la unidad o sentarse unos minutos mientras un conductor —que está ansioso de hacer más viaje para comer o cumplir con una cuota— pasa por la alcabala de unos policías matraqueros con ganas de molestar? ¿Verdad que sentarse no cuesta mucho?

LO QUE ES TENDENCIA

Artículos Relacionados