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De la falta de escrúpulos

Por Luis Barragán

Originario de Tenerife, donde nació en 1929, fue hallado muerto en su casa el venezolanísimo artista plástico Antonio Otazzo. Ocurrió en la ciudad de Cagua que, por cierto, ha escenificado distintas tragedias. Como la inolvidable de aquellos niños incinerados en el cañaveral.

Muralista y escultor, fue ampliamente conocido, incluso, más allá de la localidad aragüeña. Transitó por el mismo calvario en la búsqueda de atención médica, alimentos y medicamentos, igual que el resto de los venezolanos.

Refieren las heridas recibidas por arma blanca que ha suscitado algún debate no tan inútil, sobre el desenlace fatal. Fuere por un infarto o por la puñalada efectivamente recibida, lo muy cierto es que el deceso, ni el asalto, debieron ocurrir.

Hay una pérdida cada vez mayor de escrúpulos para atacar a inocentes e indefensos, ultimándolos aunque se trate de un vulgar acto de raterismo doméstico. Porque hay un aprendizaje de más de dos décadas, incluida la impunidad: no por casualidad, entre 2014 y 2017, fueron centenares los muchachos públicamente apresados y también muertos por protestar pacíficamente.

A Otazzo lo tomó por asalto el sistema y, por ello, no le dio oportunidad de incurrir en la hazaña de la anciana de Federico Jeanmaire; que atrapó a su asaltante en casa, en la novela “Más liviano que el aire”. Cagua está nuevamente de luto, como todo el país.

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