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El Espíritu de Carabobo

Por Omar Villalba 

La Batalla de Carabobo, según la historiografía nacional, se considera el evento que consagró la emancipación venezolana. Aunque, la expulsión de los ejércitos españoles no se conseguiría hasta la batalla de lago.

Este enfrentamiento es importante, porque permitiría al Libertador concretar su proyecto: La Creación de la República de Colombia. Este proyecto uniría al Virreinato de la Nueva Granada con la Capitanía General de Venezuela. No conforme con esto, Carabobo sería el portal que allanaría el camino de la Campaña del Sur.

Este año celebramos el bicentenario de dicha batalla, como ya dije tiene un sabor especial para nosotros. Carabobo es importante, porque gracias a ese evento, Bolívar lograría concentrar bajo su mando las fuerzas que estaba dispersas en el país.

Mariño bajaría desde oriente y Páez subiría desde los llanos, así otros caudillos, que por cierto no se tenían mucho afecto entre sí. Unidos lograrían derrotar al gobierno realista, y se conformaría de forma definitiva el ejército republicano, de allí que en esta fecha también se celebre el día del ejército.

Los venezolanos, en especial lo de cierta edad, conocemos la historia de Carabobo. En los viejos tiempos, vimos con cierta fascinación los desfiles militares que se realizaban este día, las reconstrucciones y los otros eventos. Todo podía estar mal en el país, pero esta fecha levantaba el ánimo.

Claro, nunca llegamos al nivel de algarabía que los gringos tienen por su día de la independencia, pero si generaba cierto espíritu patriota; pero, por encima de todo era una fecha cargada de solemnidad. Y, siendo sincero, hay algo que nunca podemos negar a los diferentes gobiernos que hemos tenido desde la instauración de la democracia: los actos siempre han sido solemnes.

Ahora, nuestro país no pasa por el mejor momento. Creo que, siendo sincero, estamos lejos de esos malos momentos del paso. Aquí no cabe la famosa frase de Estamos mal, pero vamos bien. Porque, estamos mal y varados, como barco de vela en mar chicha. Todo gracias a un pésimo e irresponsable gobierno. Uno, que por cierto, en esta fecha desea levantar el ánimo de Venezuela con este bicentenario. Pero, dudo que sean capaces de hacerlo.

En primer lugar, ellos a través de su retórica maniquea, polarizada, facha —porque son socialistas, pero en estos aspectos son más chauvinista que cualquier facha, lo que es contradictorio, mucho, si tomamos en cuenta que el socialismo es de naturaleza cosmopolita y globalista— ha usado y se han apropiado de todo elemento histórico. Esto hace que la narrativa de todos los venezolanos se vuelva algo exclusivo de su proyecto, y por lo tanto, quienes los adversan, de forma mecánica, nos quedamos excluidos. Aquellos, entre los opositores, que se han dejado llevar por la polarización de entrada rechazan toda esta narrativa, porque está fuertemente entretejida con el discurso oficialista. Para muchos, celebrar esto sería entregarse ¿Ven la trampa y la paradoja?

Pero —los pero no son siempre malos—, siempre hay un pero que nos puede salvar. Recordemos que Carabobo, y las otras gestas (con sus cosas malas y buenas) son parte de nuestra historia. Venezuela existió antes de este gobierno, y ese paso es tan nuestro como el de ellos, por lo tanto no es solo un derecho de todos conmemorar esta fecha, sino también es un deber. Ahora, cabe la pena preguntarse: siendo Carabobo el epítome de la independencia, siendo esta la batalla que marca o sella nuestra liberación, es imperativo preguntarnos ¿Cómo está Venezuela a la luz del legado de este evento?

¿Somos más libres? En cierto sentido somos libres, en efecto, sino esta página no existiría. Aún tenemos cierta libertad, pero no tanta como deseamos. Muchos venezolanos han visto sus derechos cercenados. Aun ahora, 200 años después seguimos luchando contra grandes males. La historiografía —la de nuestra época y la actual— nos dijo que nuestra lucha era contra la tiranía y los abusos del lejano Imperio Español. Este nos tenía separado, sometidos y temerosos. Ahora, seguimos bajo la egida de un gobierno abusador, tiránico y que en sus ansias de mantenerse en el poder por los siglos de los siglos están dispuestos a hacer cualquier marramucia.

¿Conseguimos más libertad? Dejando de lado el problema de la pandemia, cada vez somos menos libres. Nuestros derechos de tránsito, participación, nuestros derechos económicos y políticos han sido disminuidos. No tenemos más libertad, no tanta como debería tener un país que encendió el fuego de la emancipación en Sudamérica.  Este gobierno, no genera la mayor cantidad de felicidad a su pueblo, sino todo lo contrario. Lo ha hecho más dependiente de él. Y, cada vez que se le ven las costuras les echa la culpa a otros.

En cuanto a ser independiente, eso es otra entelequia. Porque nuestros gobernantes proclaman su soberanía y todo eso, pero vivimos bajo la tutela de grandes Imperios y Cuba. Sí, duélale a quien le duela, China y Rusia, podrán ser potencias emergentes y pintarse como los nuevos chicos rebeldes de las relaciones internacionales, que está tratando de alterar el statu quo y sacudirse el imperialismo yanqui, pero lo cierto es que ellos son tan imperialistas y más despiadados que los gringos.

¿Entonces, se perdió el legado de Carabobo? ¿Vale la pena celebrar o conmemorar esta fecha? No; el espíritu de Carabobo no está muerto. Y, sí; vale la pena conmemorar este evento. Carabobo vive en cada uno de nosotros. Cada vez que nosotros nos enfrentamos a los abusos, vengan de donde venga. Cada vez que nos reivindicamos como venezolano. Cada vez que le tendemos —sin importar la ideología— la mano a uno de nuestros prójimos. Cada vez que conseguimos una victoria, por muy pírrica que pueda parecer, en este valle de lágrimas que se ha transformado nuestro país. Cada vez que nos levantamos a pesar del problema, cuando mostramos resiliencia ante esta perpetua crisis, estamos reviviendo el espíritu de Carabobo.

Y, en estos momentos, que el gobierno desea reescribir nuestra historia, es cuanto más tenemos que estar informado nuestro pasado. Reivindicarlo, verlo con ojos críticos. Aprender de sus errores y aciertos. Como dirían los mayores, a quienes conocen su historia, nadie puede venir a meterle los dedos en la boca.

El Espíritu de Carabobo está vivo. Viven en nuestra gente, que les hace frente a todas los obstáculos que la situación país le presente. Vive en aquellos que no han perdido la esperanza en una resolución de este problema por las vías pacíficas y democráticas. Así pues, cada vez que nuestros “amigos” del gobierno le vengan a hablar de Carabobo, o de cualquier momento de la historia.

De los logros de esta revolución o cualquier cuento manido —los de ellos son tan largos y eternos como el del gallo pelón— recuerden Carabobo. Recuerden el fuego que inició el incendio que fue la emancipación de Venezuela. Recuerde que usted también lucha por la libertad.

Por su derecho a andar libremente por donde desee y no ser asaltado, asesinado, secuestrado, extorsionado, matraqueado por hampones con o sin placa, por su derecho a expresarse con libertad, por su derecho a ser emprendedor y próspero. Por su derecho a ser venezolano y no sentir vergüenza, por su derecho a ser libre.

Recuerden, recuerden, recuerden que el espíritu de Carabobo está vivo, vive todos los días.

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