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El reto de Venezuela: El doble dos

Por Omar Villalba

Aunque persiste el frío decembrino, la Navidad ya terminó. Así que es hora de ponerse a trabajar. El 2021 promete ser un año interesante, no solo para nosotros, sino para el mundo entero. Ya vimos estos días como han ocurrido cosas inusuales en Estados Unidos: un asalto al Capitolio y ahora un segundo juicio político al presidente saliente Donald Trump. Tristemente este presidente tan “pintoresco” ha salido por la puerta de atrás. Esto, sin duda, es el claro ejemplo de un país que a pesar de sus dicotomías, tiene instituciones que funcionan.

Ese punto, me sirve a mí para hablar de lo mismo en Venezuela. No, no del funcionamiento o no de las instituciones, sino que nuestro país vive en un estado dúplice, alterado. Si hay una analogía o metáfora para representar a la Tierra de Bolívar es la siguiente: Venezuela es un doble dos.

Como muchos deben de saber, el doble dos es una de las fichas del juego de domino. En este juego, todas las piedras tienen dos partes, una cifra superior y una inferior. Y ambas van del uno al seis. Debido a eso, no es raro ver algunas que son dobles.

¿Por qué el doble 2? Pues porque aquí la simetría es parecida, y porque es uno de los números bajo. Somos un doble dos, porque en términos políticos, económicos y sociales tenemos a dos Venezuela diferentes existiendo en el mismo espacio. Hay una Venezuela roja rojita, donde existe un gobierno legítimo con unos poderes legítimos, donde no ocurre nada malo y todos somos felices. Los pocos traspiés que viven estos venezolanos son productos de “imperios extranjeros” que desean nuestra libertad, nuestros recursos y echar por tierra nuestra ideología. En una Venezuela somos un pueblo grande y libre, que se sacrifica y lucha contra el mal del liberalismo y sus secuaces: el capitalismo y el imperialismo.

En la otra Venezuela estamos bajo un régimen opresor, que no ha hecho nada bueno. Que nos ha llevado a la ruina y que nos está vendiendo a potencias extranjeras no occidentales… y a Cuba. En esta Venezuela, las leyes no son legítimas, pero en este mundo, que es idealistas las medidas legales implementadas por los nobles caballeros que luchan por nuestra libertad tiene efectos. Existen organizaciones y entes gubernamentales que se sustentan en el aire y funcionan. Tenemos TSJ en el exilio, embajadas y representantes paralelos. Todas estas instituciones funcionan, porque los otros países de la región las han reconocido, por eso y nada más.

En fin, en términos políticos tenemos dos Venezuela: una tangible y la otra que es una entelequia, producto de una serie de jugadas políticas que no dieron resultado.

Pero los reflejos no llegan hasta aquí. También tenemos dos Venezuela, una que tranza en dólares y otra en bolívares. Una a la que no le alcanza el dinero para comprar las cosas, porque la hiperinflación se come todas las ganancias, y otra que compra en bodegones. Pero, también se dan casos curiosos tales como: la divisa que circula se ve con mayor facilidad en manos de las personas menos pudientes. Así, no es de extrañar encontrar a un humilde y esforzado vendedor callejero de chocolates con un fajo de billetes de a un dólar.

Si seguimos con los paralelismos este artículo no terminará. Pero, debo hacer uno más. Ahora, cosa de la que caí en cuenta durante la Memoria y Cuenta del Presidente de la República, tenemos una izquierda que lucha contra el imperio y una izquierda trasnochada que le hace zancadillas a la otra. Esta última esta coaligada con siniestros poderes o se quedó con los principios dogmáticos y doctrinarios de antaño.

Lo que si me llama la atención de estas dos Venezuela es que tenemos una sola elite política, económica y social que no se hace responsable de nada. Una le echa la culpa a enemigos imaginarios dentro y fuera de sus fronteras. La otra cuando no alcanza a cumplir con sus objetivos se los inventa. Y, en el medio están todos los venezolanos que deben vivir el día a día. Los que ven como lo poco que ganan se vuelve sal y agua entre las manos.

¿Qué podemos hacer nosotros? Pues quitarnos las vendas en los ojos y ser más críticos. Cuestionar todo, no aceptar nada porque venga del líder de turno o de la facción. Debemos trascender esta forma de pensar, esta naturaleza tribal en la que estamos atascado desde la época colonial. Debemos superar esta naturaleza de habitantes para volvernos en ciudadanos.

Critiquen, cuestionen a los líderes, hablen, hagan propuestas. Acepten lo bueno y lo malo. Hay que ser pragmático, porque ya hemos visto hasta donde nos ha llevado el romanticismo y el idealismo. Es hora de despertar, quitarnos las lagañas y ponernos a trabajar.

Caraota Digital no se hace responsable por las opiniones, calificaciones y conceptos emitidos en las columnas de opinión publicadas en este medio

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