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¿Eres verdaderamente libre o vives preso de ti mismo?

Por María Laura García 

¿Libertad es hacer lo que uno quiere?

Aunque nadie goza de libertad total, porque vivimos en sociedades que para su organización y orden requieren de valores, normas y leyes que debemos cumplir con el propósito de que reine una armonía determinada, ciertamente gozamos de un margen para elegir: qué pensar, qué sentir y qué hacer. Ahora bien, esto nos pone en otro dilema, porque cuando se habla de libertad también se habla de decidir y la vida es una permanente elección y muchos viven presos de sí mismos, de sus miedos, porque les cuesta decidirse por no querer salir de ese confort dañino que representa la monotonía de lo conocido.

Por tanto, la libertad es un concepto complejo, lleno de matices y con una característica muy contundente: aplicar la teoría más hacerla realidad es muy cuesta arriba para cualquiera.

¿Hasta qué punto podemos ser libres?

Ciertamente, todos tenemos la capacidad de elegir, pero quizás no la disposición, puesto que no nos gusta, nos da temor o nos hemos acostumbrado darle el poder a otros que lo hagan por uno.

Muchos viven abrumados o con miedo de la responsabilidad que emana de ese privilegio de decidir, que es en sí, repito, lo que define la existencia de la libertad.

El “libertinaje” y la fata de empatía o madurez que implica, representa un mal manejo de la libertad, pero lamentablemente es una práctica que abunda en todos lados, hasta en las redes sociales.

La libertad es, sin temor a equivocarme, uno de los derechos y bendiciones más maravillosas que podemos tener siempre y cuando seamos conscientes de que toda elección va asociada a una estimación de consecuencias, a una previsión de daños y/o beneficios de nuestra parte. Y es en este punto en el cual, debemos considerar la moral y la ética, de cada uno de nosotros, de cada grupo y de cada sociedad.

El psiquiatra Jorge Bucay en sus charlas ha expresado: “La libertad es la capacidad de elegir dentro de lo posible. Es el derecho que tiene cada uno de elegir una de las alternativas que se presentan en un determinado momento”; haciendo referencia a esa conceptualización generalizada de que ser libres es hacer lo que nos da la gana, hecho objetable 100%.

Ser libres es ser valientes

Cuando somos libres asumiremos siempre el costo de lo que decidamos y esto nos hace valientes pues tomaremos un determinado camino que seguramente nos expondrá a más riesgos y a más decisiones, es decir, al cambio permanente. Por eso la vida es una montaña rusa llena de emoción para aquello llenos de gallardía y pasión.

Además, este riesgo permanente existe porque la mayoría de las veces no somos los únicos hacedores de la realidad, sino que hay otros factores de influencia que entran en juego, por ejemplo, las demás personas, y sus respectivas reacciones.

Pensar por uno mismo, es decir, la libertad en sí, requiere también de ser indulgentes con nosotros y darnos el permiso de equivocarnos, porque ni la vida, ni nosotros, somos perfectos. Tenemos, incluso, que volver a intentarlo cada vez que se pueda. En este punto, vuelvo a pensar en dos palabras: “costo y responsabilidad”.

Para no olvidar … ¡Todo tiene un límite!

El límite más importante de la libertad es: “Mi libertad acaba cuando empieza la tuya”.

Soy libre dentro de un espacio limitado, es decir, el que marcan mis propios valores, los derechos de los demás y el que me permiten las leyes. Ten en cuenta que tu libertad y autonomía te da un margen de movimientos menor al que la imaginación te hace ver o nos hace ver a todos.

Ahora bien, una de las premisas que es compartida por la mayoría de las personas es la de no hacer daño a otros y pienso que, ese quizás es el mayor limite que todos deberíamos respetar. De ahí, esa famosa frase de que “mi libertad comienza donde termina la del otro”. Seguir esta regla hace o haría de nuestro mundo un lugar más vivible.

Finalmente …

Con sus paradojas y sus bondades, “la libertad es uno de nuestros grandes privilegios”, así que yo hago uso de ella todos los días y me alegra un montón.

Muchos viven presos de si mismos, como lo dije antes, en cárceles “del qué dirán”, o sometidos por sus afectos, o presos complaciendo a otros, o de modas, o de sus grupos sociales, del parecer lo que no son en las redes sociales, etc.

Por ello, yo agregaría: “Son verdaderamente libres los que siguen su corazón, y los que respetándose a si mismos y a otros, procuran su felicidad, para después no ser presos de la culpa”. María Laura García.

Y cierro con esta frase de Paulo Coelho que me encanta: “La libertad no es la ausencia de compromisos, sino la capacidad de escoger lo que es mejor para uno”.

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