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Erika, Carlos y los profanadores

Por Jesús Armas 

Mientras el resto de los burgomaestres de las capitales de América o Europa buscan soluciones para potenciar la economía de sus ciudades ante los daños hechos por las cuarentenas, la invisible alcaldesa de Caracas hace oídos sordos ante los problemas de violencia y de servicios públicos en su jurisdicción.

Ella es la mejor demostración de que el chavismo siempre puede sorprender negativamente, cuando pensamos que nadie podía ser peor gerente público que Bernal o Rodríguez, aparece o mejor dicho, desaparece la señora Farías.

La violencia, la falta de agua, los apagones que se multiplican en el sur de la ciudad, los problemas del gas, los huecos, la imposibilidad de hacer un trámite público, los hospitales destruidos, y hasta las escuelas abandonadas. Muchos problemas, casi todos ellos con posibles soluciones si al menos tuvieran un liderazgo en el poder que tuviese la capacidad de alzar la voz por los ciudadanos y de armar un equipo profesional para gerenciar los organismos púbicos. A pesar de esto, Erika ha preferido la salida fácil, la de olvidar que es de San Juan y que tiene una responsabilidad con los caraqueños, su accionar político es parecido al de un mago, teniendo la capacidad de dejar a la audiencia perpleja con su acto de desvanecerse en pleno escenario.

Su incapacidad ha robado la paz hasta a los muertos, desde hace al menos 10 años, el Cementerio General del Sur ha tomado la forma de un lugar de rituales de distintos cultos, de inseguridad donde ya los visitantes están acostumbrados a las balaceras y donde el lugar de sepultura del malandro Ismael se ha convertido en casi un templo.

Erika con su silencio es una cómplice de los profanadores de tumbas, su invisibilidad ha impulsado a personas sin hogar a mudarse al cementerio, creen que es más seguro lidiar con los muertos que con las calles de Caracas. En Libertador nadie hace lo básico de un Estado, ninguna autoridad del gobierno defiende la propiedad o la vida de los ciudadanos, ellos no defienden el territorio.

Cada acción genera una reacción, el vacío dejado por Erika y Nicolás, le dieron paso a que otros actores entraran en escena. Carlos Luis Revette, también conocido como El Coqui, impone su ley en el territorio, es una suerte de señor Feudal de sectores que incluyen El Valle, El Paraíso, Coche y Santa Rosalía. Ha sometido a miles de ciudadanos a momentos de zozobra al son de las balas. En él vemos personificado un estado que falló en darle oportunidades a los jóvenes y que empujó a mucho de aquellos en pobreza extrema a las armas y la violencia.

El Coqui es la consecuencia de la exclusión de 23 años de socialismo, es el hombre nuevo, el que sobrevive con el lema de “plata o plomo”. Los actos de su banda han robado la paz a los caraqueños. No obstante, pareciera que a ratos muestra un lado más amable, por ejemplo, al devolver la moto robada al médico dejando el mensaje de que no se mete con el sector salud.

Quizás es el malhechor bonachón, pareciera que Carlos Revette tiene más escrúpulos que Nicolás, quizás el Coqui si dejase pasar las vacunas. No lo sabemos y espero que no lo lleguemos a saber, por ahora lo único que quiero para el futuro de Caracas y de toda Venezuela, es un gobierno democrático que sea capaz de generar oportunidades y de ofrecer seguridad a cada ciudadano.

Caraota Digital no se hace responsable por las opiniones, calificaciones y conceptos emitidos en las columnas de opinión publicadas en este medio.

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