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¿Es un buen momento para negociar?

Por Omar Villalba 

¡Negociación! Han gritado los dos bandos, que en este país, pugna por hacerse con el poder y presentar una solución a la crisis. Esta palabra genera suspicacias, porque en nuestro imaginario político, gracias a años de polarización y radicalización, no comprendemos lo que es una negociación. También nos hace ruido porque el chavismo ha iniciado, en el pasado, procesos similares y luego terminan pateando la mesa.

Entonces, tenemos que preguntarnos ¿Por qué apostar a una herramienta que no ha dado solución? ¿Por qué darle una oportunidad al gobierno? ¿De verdad los factores de poder desean una solución? ¿Nos encontramos en condiciones para negociar y exigir? Son muchas las preguntas, y las respuestas son muy diversas. Debemos apostar a la negociación, porque las otras opciones son: Quedarnos como estamos y morir de hambre, pandemia, y oprimido por un gobierno miserable, que se va pudriendo cada vez más. La otra opción sería la guerra. Y viendo lo que ocurre en el mundo, la guerra nunca es una buena opción.

No debemos pensar en darle una oportunidad al gobierno, sino que le estamos abriendo una ventana a los venezolanos, a la gente de a pie, la que se encuentra en el medio, en la tierra de nadie donde el gobierno y la oposición fragmentaria luchan por un país en ruinas.

El voto de confianza se lo damos a la vida. Además, debemos recordar que las condiciones son diferentes. En las negociaciones previas este gobierno tenía mayor margen de acción, no había una pandemia y  la hiperinflación, cual jinete del apocalipsis, no andaba por allí haciendo de las suyas. Dado que tenemos el cuello dentro de la horca, no tenemos muchas opciones: o hacemos algo, o nos dejamos ahorcar.

Bien, tenemos que preguntarnos ¿de verdad ambos bandos desean negociar? Pues yo creo que no. Más allá de que pareciera que no entienden lo que es un proceso de negociación, es evidente que nadie desea hacerlo de forma sincera. ¿Por qué? Pues las exigencias de entrada son muy altas.  El gobierno pide el levantamiento de las sanciones, pero eso no depende de la oposición sino del gobierno estadounidense.  Reconocer a la Asamblea Nacional, cosa que por una serie de razones la oposición no lo hará, y en cuanto a devolver el dinero, eso es algo que depende, de nuevo, de los estadounidenses.

Por su parte la oposición pide la publicación de un cronograma para elecciones generales. Esta petición el gobierno no la hará, pues están pariendo para realizar las elecciones de alcalde y gobernadores. Además, el presidente no va a ceder su puesto antes de tiempo. En cuanto a las garantías, el gobierno puede argumentar que existen, y pasarán por reconocer al nuevo CNE y otros entes gubernamentales. Por último, la opción de liberar a los presos no la concederían, porque significaría entregar una ingente cantidad de “rehenes”.

Como ustedes pueden ver, las exigencias son muy altas. Y si bien existe un dicho que dice: pida hijo, porque usted no sabe cuándo le van a dar. Lo cierto es que no se puede iniciar un proceso de negociación con una vara tan alta y sin construir algo tan importante como es la confianza.  Ni un bando, ni el otro, están dando incentivos para que el proceso se concrete.

Con base en lo dicho anteriormente, es evidente, para cualquiera con cuatro dedos de frente, que este proceso, es de entrada, una pérdida de tiempo. Entre los dos actores no hay un verdadero deseo de alcanzar una solución negociada mínima. Por su parte, la oposición está fragmentada, debilitada y, hemos caído en el mismo error de siempre: endiosar a una figura. Una que ha desperdiciado todas las oportunidades para negociar. Y es que, cuando estuvo en la cresta de la ola, era el momento idóneo para sentarse a negociar e imponerse. Pero, en ese momento lo que estaban vendiendo eran fantasías, falsas expectativas.

Entonces ¿Qué hacemos? ¿Dejamos que nos coma el tigre? Bien, es evidente, como dije en otras oportunidades que quienes están haciendo política en este país están pensando en ellos y solo ellos. Olvidan al venezolano de a pie, el que tiene que vivir el día a día. El venezolano que tiene que decidir entre salir a la calle y correr el riesgo de infectarse con Covid o quedarse en casa y morirse de hambre; sed y de mengua por la falta de servicios.

Es evidente que nosotros necesitamos una solución concertada. Nos queda claro que la guerra y la muerte no es opción. Pero, mientras sigamos esperando soluciones milagrosas de infomerciales, o confiando en una sola estrategia o solo un tipo de actor político, nuestro futuro será oscuro. Nosotros lo que tenemos que hacer, es exigirle a quienes hacen política, que sean más empáticos, más humanos, que pongan el sentido común, la pragmática por encima de lo ideológico.  Y, por encima de todo, debemos tomar el asunto en nuestras manos.

Debemos prepararnos para participar en toda situación o escenario que se plantee: negociación, concertación, elecciones, marchas. Debemos exigirles respeto y responsabilidad a quienes gobiernan y a quienes están “luchando desde la oposición por la democracia”. La mayoría de ellos están en una situación cómoda, mientras que el resto del país sufre las de Caín. Eso es inaceptable.

Es por ello, que a través de cualquier medio, plataforma o espacio que ustedes posean, mis apreciados lectores, deben exigir seriedad y sinceridad a sus representantes. Ya está bueno de vagabundería y estrategias obtusas que solo han traído descontento, fracaso, muerte y que nos auguran un futuro bajo la sucia y malgastada bota de un gobierno que no sirve.

Caraota Digital no se hace responsable por las opiniones, calificaciones y conceptos emitidos en las columnas de opinión publicadas en este medio.

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