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La amputación parcial de pene, una buena opción para curar el cáncer

Por el Dr. Ricardo Soto-Rosa

El Carpintero Maturín permanecía hospitalizado en la sala de hombres del viejo hospital. Esperaba turno quirúrgico con el diagnóstico de cáncer avanzado del pene. Como a las seis de la tarde del domingo, le trajeron una cena ligera.

Desde entonces debería permanecer en ayunas para la operación a primera hora del lunes. Los medicamentos recetados por el psiquiatra Edmundo, consiguieron su efecto, permaneciendo muy tranquilo y relajado. Aquella noche logró un sueño profundo, despertando antes del amanecer, con los estruendosos ronquidos de su vecino de cama el conserje Bonifacio.

Consultó su reloj de Leontina viendo que eran las 5 y 10 minutos de la madrugada, decidió asearse, mientras sus pensamientos se iban aclarando, cayendo en cuenta de la inminencia de la cirugía. Su corazón se aceleró y entró en desasosiego.

Cuando salió del baño una joven enfermera lo esperaba con la medicación pre anestésica y lo ayudó a vestirse para ir al quirófano.

Maturín escuchó el sonido bamboleante de una destartalada camilla que venía empujada por dos camilleros de mono blanco, quienes lo identificaron y le dijeron: “Llegó la hora musiu, te llevamos de paseo con nosotros”.

Mientras avanzaban por los pasillos, Maturín acostado, observó el techo desconchado del viejo hospital que cambiaba de colores al pasar de un área a la otra.

Notó con aprensión diferentes cables caídos y farolas llenas de telarañas. Una vez en la mesa del quirófano fue encandilado por las potentes luces, perdiendo la consciencia al introducirle los diferentes anestésicos.

El grupo de cirujanos se abocó a realizar la amputación parcial del pene de Maturín, quien gracias a su morena dotación tenía suficiente longitud para dejar un buen segmento de miembro residual. Eliminaron el tumor con dos centímetros adicionales de pene sano. Los patólogos presentes en el acto operatorio concluyeron al analizar la pieza “márgenes libres de tumor”.

La suerte también se apiado de Maturín, resultando negativos los ganglios inguinales extraídos durante la cirugía, los cuales eran de tipo reactivos o inflamatorios sin presencia de células tumorales, disminuyendo así el grado de lesión y aumentando las posibilidades de una buena sobrevida.

Maturín aún adolorido por las diferentes heridas quirúrgicas, días después abandonaba el hospital en compañía de su fiel asistente Fermín.

La traumática experiencia vivida le enseñó lo importante de la higiene personal por lo que los días siguientes a su intervención los dedicó a un cuidado extremo de las diferentes heridas en proceso de cicatrización contratando los servicios de una enfermera que lo visitaba a domicilio.

Una vez superada la enfermedad Maturín el carpintero se bañaba dos veces diarias, usaba jabones de olor y perfumes importados encargados en los almacenes de Cumaná.

Si quieres saber más sobre este tema, visita mis redes sociales Twitter e Instagram en @drsotorosa.

Caraota Digital no se hace responsable por las opiniones, calificaciones y conceptos emitidos en las columnas de opinión publicadas en este medio.

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