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La bendita lucecita verde de la nevera

 

Oscar Meza

Director del CENDAS-FVM

Ayer en la mañana se interrumpió la electricidad varias veces. La lucecita verde de la nevera se apagó, por supuesto. Y transcurridas mas de veinticuatro horas, todavía no prende. Ergo, la nevera no arranca.

Desde el mismo instante en que se va la electricidad, comienza nuestro vía crucis, pensando sí cuando la repongan, la bendita lucecita se prenderá o habrá que ver qué se hace con los alimentos que ahí mantenemos.

Es lo que tenemos y procuramos rendirlos. Todo se utiliza. Pero sin la nevera no podemos. Y enseguida buscamos el número de teléfono del técnico, por si acaso hay que llamarlo. ¿Estará en el país? ¿Podrá venir? ¿Se podrá arreglar? ¿Cuánto me costará? Y de ese bucle no salimos hasta que logramos reparar la nevera. O esta arranca. Es impensable comprar una nueva.

Es una verdadera calamidad lo que padecemos los venezolanos. Nada más imaginarse lo que viven nuestros amigos en el Zulia, Táchira, Mérida, Barquisimeto, con lapsos de hasta doce horas y más sin electricidad, aterra. Aunque ya lo hemos vivido en el edificio.

Estuvimos quince días continuos sin electricidad cuando se dañó el transformador. Quince días de oscurana, sin ascensor, sin agua. Había que acarrearla, dieciséis pisos arriba, para poder hacer las mínimas tareas y necesidades.

De ese ejercicio extremo y prolongado me quedaron fuertes dolores en mi hombro y en la pierna izquierda. Como siempre, la izquierda echando vaina.

 

Sin electricidad y sin agua

Al quedarnos sin electricidad, nos quedamos sin agua, al menos en las horas establecidas en el racionamiento impuesto ya desde hace varios años. Y lo que más preocupa es que lejos de ser una situación puntual, ya sabemos que estos servicios empeorarán, porque la generación, producción y distribución de electricidad y agua y el mantenimiento de su infraestructura, no son asuntos de poca monta, que con un decreto ejecutivo se arregla. No.

Exige planificación, programación, inversiones, talento humano, tecnología y tiempo. Y sobre todo, una mínima empatía con el país y su gente.

La desinversión, la desidia, la mediocridad y la corrupción desplegadas en su administración por parte del régimen socialista, es lo que ha llevado al colapso generalizado de todos los servicios públicos.

Los funcionarios designados en esos cargos de dirección nunca asumen su responsabilidad, lo que hacen es echarle la culpa de su incapacidad a los demás, recurriendo a la retórica barata, utilizada ad nauseam, de los sabotajes, atentados y bloqueo. No mejorará el servicio. Eso está claro. Empeorará. Y no nos queda otra, que asumir el estrés y el costo de la reparación de los electrodomésticos dañados por su negligencia, porque los autores y corresponsables de este desastre ni mencionan los daños causados, ni los reconocen cuando se denuncian y menos los van a compensar.

(Por cierto, y a beneficio de inventario, en una cola en la panadería, conocí un señor que sí cree en las versiones de los sabotajes y atentados del régimen).

El lunes pasado el estrés era porque no había agua, y solo disponíamos de la reserva que podemos almacenar. El martes pusieron el agua y en modo multitask hicimos todo lo que es posible hacer en las dos o tres horas que disponemos de ella. Y cualquier otra actividad queda supeditada a esta, que llamo el rally del agua. Por ejemplo, las entrevistas que me solicitan justamente a las horas en las que activan el agua.

¿Será que algunos periodistas no tienen problemas con el agua o la electricidad?

Lo digo por la inclemencia con la cual te imponen las horas para las entrevistas: 6 de la mañana, 6:30 o 7, cuando son generosas; 11:30. Sin importarles tu tiempo y, además, justo cuando ponen el agua y hay que fajarse para hacer todo lo que se pueda con el preciado y escaso líquido… Y faena difícil es explicarle esto a un periodista “bien informado”, que aparentemente no tiene problemas de este tipo, tan domésticos…tan cotidianos…tan de la gente de a pie… -Cómo te explico. Sí, Ok, tenemos el agua racionada desde hace varios años en la parroquia San Juan de Caracas y, además, no tenemos alcalde. ¿O sí? Bueno, la verdad es que no lo hemos visto tratando de resolver los problemas de este municipio.

En realidad, no lo hemos visto por aquí. Eso fue lo que nos tocó. Pero no lo entienden. Hay que explicárselo con dibujitos.

Sin Internet y ahora sin DIRECTV
Si superamos el problema de la electricidad y el agua, que ya es bastante, tenemos que cazar la señal de la conexión a Internet, para realizar trabajos y transacciones electrónicas indispensables. Y ahora, para remate, tampoco tenemos DIRECTV.

 

La gasolina

Los que hacen las colas para echar gasolina recorren otra estación del vía crucis venezolano, dura y ruda, días enteros bajo el inclemente sol, trasnochados, expuestos a que los asalten, para, en el mejor de los casos, lograr que les vendan algunos litros de gasolina, al precio que sea.

En el mejor de los casos, porque hay quienes cuentan que a pesar del sacrificio y el maltrato, se tienen que devolver con lo que tiene en el tanque o remolcados.

Es un sinvivir como dicen los españoles. Es el comunismo.

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