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La hiperplasia prostática benigna

Por el Dr. Ricardo Soto-Rosa

A su regreso del hospital Bonifacio entró a la pequeña conserjería escoltado por algunos vecinos que curiosos y solidarios se pusieron a la orden para ayudar en lo que necesitara. Se acostó en su estrecha cama y durmió profundamente hasta el amanecer cuando el canto de los pajaritos acompañado del sonido grave del portón y el ruido del primer carro en salir del edificio lo despertaron.

Extrañamente no tenía deseos de orinar, solo sintió la íntima presencia de una larga sonda que salía de su cuerpo hasta una bolsa recolectora pesada y repleta de orina. Bonifacio recordó todo lo acontecido el día anterior. No había terminado de vaciar la bolsa cuando llamaron a su puerta, era el noble farmaceuta que junto a la tía Carmencita le trajeron un suculento desayuno con arepas, aguacate y mechada, así como jugo de naranja.

Unos días después Bonifacio, vistiendo un ancho pantalón color caqui, cinturón negro y camisa blanca acudió a la consulta externa del hospital. Caminaba con dificultad ya que aún no se acostumbraba a la sonda, se quitó el sombrerito y se sentó frente al joven residente de urología quien elaboró una historia muy completa.

Bonifacio le contó con detalle sus diferentes dolencias, como desde hacía ya unos años le diagnosticaron azúcar en la sangre, siguiendo el tratamiento y siendo muy cuidadoso con los alimentos que ingería, también le dijo, notar desde el año pasado dificultad para orinar, el chorro era fino y sin fuerza e incluso a veces disperso como la regadera del jardín, mojando todo el inodoro. “Menos mal que ya su adorada Edelmira no estaba, porque hubiese sido motivo para más de un follón”.

Él siempre mantuvo mucho recelo con respecto al examen de la próstata, le parecía una vagabundería humillante que existiendo tantos adelantos y tecnología se tuviera que recurrir a un camino tan oscuro como ese…

El joven doctor ganó la confianza de Bonifacio quien se acostó en la camilla vistiendo solo una corta bata de tela con la identificación del centro asistencia bordada en un recuadro. Allí le practicaron un eco de los riñones de aspecto normal, la sonda había sido cerrada, permitiendo llenar su vejiga la cual lucía unas gruesas paredes, el doctor le dijo “esta es una vejiga de esfuerzo, producto de la lucha que ha tenido que librar durante tanto tiempo, para evacuar la orina”, además la próstata era de gran volumen e incluso parte de ella había crecido hacia el interior de la vejiga, a lo que llamó “lóbulo medio”.

Una vez terminado el eco el joven doctor examinó sistemáticamente el abdomen y genitales sin evidenciar nada anormal, luego le pidió a Bonifacio acostarse de lado, en posición fetal, para revisar su próstata. Mientras Bonifacio resignado observaba en el suelo sus cholas negras, sintió la suave entrada y exploración digital que duró apenas unos segundos.

La próstata era grande a la palpación, lisa y no dolorosa, compatible con el crecimiento benigno de la próstata llamado hiperplasia prostática benigna, Bonifacio escuchó con atención la explicación: “la próstata está alrededor de la primera parte del conducto por donde sale la orina, ella es como una montaña atravesada por un túnel. Al crecer la próstata va obstruyendo el conducto, haciendo que la vejiga se contraiga cada vez con más fuerza para lograr vaciar la orina, hasta que llega un momento en que no puede con la resistencia y viene la retención aguda de orina. Además, tienes la diabetes que puede haber alterado la sensibilidad y debilitado a tu vejiga”.

Luego Bonifacio fue citado para la semana siguiente realizar exámenes complementarios, consistente en un estudio que mide el funcionamiento de la vejiga tanto en su fase de almacenar la orina como en la de vaciarla, así como también la dinámica de salida de la misma, este estudio le resultó con un nombre bastante enredado que no logro recordar, era un Estudio Urodinámico y a continuación le practicaron una endoscopia de la vía urinaria.

Mientras hacían los estudios debería permanecer con la sonda, siendo muy probable la necesidad de operar para liberar la salida del conducto y restablecer una micción normal.

La junta de condominio atenazada por la falta de Bonifacio, decidió contratar los servicios de un conserje externo de apellido Facundes, que se encargaría de la limpieza, mantener el jardín, prender la bomba de agua según el horario de racionamiento entre otras.

Esto no le agrado a Bonifacio quien veía con mucho recelo la presencia de ese intruso manipulando sus preciadas plantas y conquistando a los vecinos con su sonrisa hipócrita.

Para conocer más sobre estos temas visite en redes sociales @drsotorosa.

Caraota Digital no se hace responsable por las opiniones, calificaciones y conceptos emitidos en las columnas de opinión publicadas en este medio.

 

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