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¿Le das el poder a otros para controlar tu estado de ánimo?

¿Construyes tu paz?

Por María Laura García

Hoy más que escribir un artículo quiero reflexionar junto a Uds. sobre nuestra capacidad de control emocional, del amor que nos tenemos y del cuidado que nos procuramos en el día a día, física y emocionalmente, más de lo que significa partiendo de allí, amar a otros. De ese aprendizaje que debe otorgarnos la madurez, sobre todo, si ya a se ha traspasado la barrera de los 40 y 50 años; y como esa experiencia nos permite sostener relaciones “saludables”.

Cuando aprendemos a aceptarnos, cuando entendemos lo importante de valorarnos y apreciarnos como somos, cuando nos cuidamos “equilibradamente”, cuando aprendemos a estar solos con nosotros mismos, es allí cuando llega esa serenidad y esa luz que resulta atractiva para otros, para que llegue esa pareja que sea la idónea compartir nuestras vidas, que nos complemente y que sea un “compañero”, no un sostén, no un salvavidas o un papa o una mamá; o para que sencillamente seamos una persona que aporte a la vida de los demás y en general podamos tener más momentos gratos.

Incluso, ese amor propio saludablemente cultivado, te permitirá no darle el control a otros de tus estados emocionales, y te permitirá no tomarte el trato de los demás para contigo como algo personal. Por ejemplo, si alguien no me contesta un mensaje, o me trata mal en un momento dado, asumo que esa persona tristemente está en un mal momento, o que no sabe afrontar sus responsabilidades o no organiza bien su tiempo, o que no tiene la madurez para ser sincero; pero eso sí, nunca me lo tomo como algo negativo provocado por mí, es decir, por ende no me afecta, y paso a otra cosa rápidamente. No me engancho.

¿Qué tanto depende de otros tu bienestar? ¿Qué tanto poder les das? ¿Te responsabilizas de tu vida?

Admito que necesito de mi pareja, familiares y amigos, de su presencia y de su apoyo, pero aun así jamás les responsabilizo de mi vida o de nuestras vidas, de mis éxitos o de mi estado de ánimo o de lo que siento.

Y por supuesto, esta óptica o forma de pensar y de vivir, nunca será suficiente para aquellos que prefieren concederles a sus semejantes el poder de hacerles enojar, de hacerles llorar o de hacerles felices, porque no quieren aceptar que son los responsables de sus vidas.

Toma nota: "Si yo no me amo a mí mismo, no puedo amar a los demás". Porque, como lo escribí ayer en un post de Instagram: “Solo se puede amar de verdad en libertad”, esta para mí, es la única forma de vivir en paz y en armonía, es decir, es la única manera de ser felices.

Ciertamente no somos autosuficientes, pero es nuestro deber aprender a amar de forma adulta, comprender y asumir la diferencia entre pedir y exigir, aceptar que el otro puede no tener o no querer darnos lo que hoy necesitamos, y saber la diferencia que existe entre renunciar y sacrificarse. Tenemos que aprender a dar o entregar sin anularnos como seres humanos.

Todos, filósofos, pensadores y especialista es salud mental, a lo largo de la historia, han hecho su definición del amor, hasta yo. Para mí el amor es una decisión sincera que nos lleva a accionar para dar lugar a un espacio de libertad en el cual interactuamos con ese ser que admiramos, respetamos y amamos. Un espacio en cual ambos nos movemos plenos, siendo lo que somos y no representando el papel de un ser que no existe. Un espacio en el cual cada quien elige lo que desea, aun cuando esa elección no me incluya en ciertos momentos, e incluso, un lugar en el cual también se negocie para que haya más coincidencias que diferencias.

Ahora bien, respeto honestamente, que mi definición no se ajuste a la que anida en ti y que determina tu forma de relacionarte; pero sin duda, conseguir no depender de los demás es, uno de los grandes desafíos de los que bregamos diariamente por una vida plena, es decir, de los que deseamos o perseguimos ser felices; de los que sabemos que no declararse pendiente de la mirada del otro, de su aprobación o de su aplauso, tiene un alto precio, y que estamos decididos a pagarlos, aunque no son para nada baratos.

El que ama en libertad siempre será señalado o acusado, por aquellos que todavía se mueven por espacios dependientes, de ser soberbios, tontos o crueles, en medio del reproche por ser antisocial, egoísta y hasta de no ser capaces de amar.

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