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Mientras más conozco a la gente, más quiero a mi perro

Por Omar Villalba

Como especie los seres humanos somos criaturas complejas, porque por un lado somos capaces de las peores marramucias; por el otro de grandes cosas. Y, curiosamente cuando nos unimos todos con un objetivo somos capaces de hacer cosas asombrosas.

Esta última cualidad es la que nos distingue del resto del reino animal. Esta capacidad de trabajar en conjunto, de aprehender y adoptar no es algo que solo se aplique entre nosotros, sino que somos capaces de coordinarnos con otros animales y hacerlos parte de nuestra “tribu”.

El ejemplo más claro de la capacidad que tenemos para incorporar a otros a nuestra dinámica queda en evidencia con las mascotas. ¿Cómo los perros y gatos se volvieron nuestras mascotas? Pues de acuerdo a los arqueólogos y otros científicos, los perros y los gatos en estado salvaje merodeaban nuestros asentamientos, se alimentaban de los restos que dejábamos. Con el tiempo, nos fueron perdiendo el miedo —en especial los ancestros del perro—, y nos demostraron su utilidad. El perro se volvió compañero de cacería (y a veces comida) por allá por la prehistoria. Mientras que el gato, se acercó a nosotros cuando nos volvimos agricultores y tuvimos que hacerle frente al problema que nos sobrevino cuando guardamos el grano: los roedores.

Perros y gatos se volvieron tan importante para los pueblos antiguos que algunos los incorporaron en sus religiones. Los egipcios tomaron al gato como símbolo de suerte y los transformaron en la diosa Bastet, diosa de la buena suerte, la fertilidad, las mujeres embarazadas y protectora de los neonatos, junto a su esposo Bes —Este era un enano cornudo, literal——. Por su parte, al perro abisinio o el chacal, lo transformamos en Anubis, dios de las necrópolis, protector y guía de los espíritus a través del inframundo.

Los griegos, en cambio, tenían al Cancerbero, un perro de tres cabezas que cuidaba las puertas del otro mundo y evitaba que las almas salieran. Y también tenían la figura del perro fiel, reflejado en Argos, el perro de Odiseo. Este perro se quedó esperando a su señor, en el mismo punto durante los diez años que duró la guerra de Troya y los otros diez que Odiseo le tomó volver a casa. Cuando Odiseo llega a Ítaca, disfrazado de anciano, gracias a la magia de los Dioses, nadie lo reconoce, solo Argos lo hace. Ve a su amo, le menea la cola, lo lame, lo celebra y luego muere. Si eso no es amor y fidelidad ¿Qué lo es?

A través de la historia los perros nos han ayudado en muchas cosas, más allá de proteger nuestra casa y hacernos compañía. Los perros participaron en las guerras, los perros han sido bomberos, en la actualidad hay perros que son rescatistas. Algunos perros son policías, capaces de detectar drogas y bombas. Y sin contar los perros que sirven para fines medicinales y de apoyo como los perros lazarillos o perros especiales que ayudan a niños con condiciones especiales —Síndrome de Down, autismo entre otros—. En síntesis, hemos hecho con esta criatura lo que se nos ha antojado. Tanto es así que hemos alterado sus genes a través de diferentes cruzas y por ello tenemos diferentes razas de una misma especie.

Una mascota puede hacer la diferencia. Para muchos la mirada del gato, su ronroneo, el que se restrieguen afectuosamente por nuestras piernas. El perro aullando y saltando, celebrando nuestro regreso después de una larga ausencia, marca una gran diferencia.

Una vez conocí a un vecino que era renuente a tener mascotas, pero un día su hija y esposa trajeron a la causa una perrita. El vecino se opuso, no le gustaba la idea, pero las mujeres de la casa se impusieron. Pasó el tiempo, y el señor terminó siendo el que se encargó del perro —hay quien dice que todos los papás quedamos para bañar perros, pero esa es otra historia—, era evidente que se encariñó con el animal. Cuando le pregunté: Al final le terminaste cogiendo cariño al perro ¿Por qué? El señor me respondió: porque sin importar a la hora que llegará, o los problemas que hubiese en casa, cada vez que llegaba a la casa y abría la puerta, me encontraba a la perra allí, recibiéndome con alegría. Y me dije: no puedo salir de quien me recibe con tanta alegría

Como esos hay un montón de historias que son testimonios del amor de estas criaturas, a algunos lo que le falta es hablar para ser perfecto. Son seres que están aquí para apoyarnos, para darnos afectos y a veces no exigen nada. Para muchas familias, que le falte algo al perro o al gato es lo mismo que le faltara a cualquier otro familiar. A muchos la muerte de estas criaturas suelen pegarle fuerte. Tanto es el vínculo entre ellos y nosotros, que hace años, por allá por el 2012 que el tema del fin del mundo estaba de moda, unos científicos determinaron que si nosotros nos esfumábamos de la tierra, así de repente, los perros y los gatos no nos sobrevivirían, en gran medida porque estas especies son muy dependientes de nosotros.

Es por ello, que me da un gran dolor cuando veo en la calle a perros y gatos callejeros. El número de estas criaturas abandonadas es muy grande, no solo por la pandemia, sino porque el alto costo de la vida ha hecho oneroso el tener a estas criaturas. Muchas familias se han visto en la necesidad de deshacerse de sus mascotas. Otras, porque no todo es culpa de esta peste que nos aqueja, han quedado desamparadas gracias a la diáspora. Personas que se fueron y dejaron todo atrás, aun a estos seres que dieron tanto amor por tan poco.

Viene a mi mente, en esos momentos, la imagen de mi perrita: Tequila. Y creo no sería capaz de hacerle eso. Sé que no se debe juzgar a nadie, hasta que uno no esté en esos zapatos. Pero es que hay que estar muy desesperado, o tener mucha sangre fría para abandonar a unos ángeles encarnados, como son los perros y los gatos. Y sé que algunos me dirán exagerado, pero a veces estos animales suelen quererte más que los mismos familiares.

Es por ello, que debemos recordar que estos son seres sintientes como nosotros, debemos ser considerados con estas criaturas, que desde el punto de vista espiritual son nuestros hermanos. También es bueno recordar, que si bien este gobierno ha tendido una mano a las mascotas a través de una serie de misiones, lo cierto es que aún siguen siendo criaturas desprotegidas ante la ley. Urgen más políticas públicas para evitar que las mascotas desamparadas se vuelvan un problema de salud pública o algo mayor. Y, bueno, también es necesario ayudarlos, al fin y al cabo, mucho es lo que ellos han hecho por nosotros a través de la historia.

Mis apreciados lectores, tenderles una mano no cuesta nada. Y, en cambio, será mucho el amor que ganaremos a cambio.

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Iliana R Bello
Iliana R Bello
5 meses hace

Ileana

Iliana R Bello
Iliana R Bello
5 meses hace

Definitivamente, los perros y gatos son una gran compañia. No al maltrato... Dan mucho a quienes los tienen . Excelente post Omar Villalba

Solvey
Solvey
5 meses hace

Excelente, muy ciertas sus palabras espero sea haga eco y les llegué a muchos. Tomar conciencia, ayudar de cualquier forma a esos animalitos.

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