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Nuestro actual desafío

Por José Gregorio Contreras

Dijo John F Kennedy en su discurso de investidura: “No pienses que puede hacer tú país por ti. Piensa que puedes hacer tú por tú país”.

Dando por buena la famosa expresión del presidente norteamericano, inicio mi reflexión, acerca del trágico momento político que vive Venezuela, preguntando, en primer término ¿La procura de sus soluciones es sólo tarea de los políticos?, ¿Cuál es el papel de los ciudadanos en esta hora menguada que vive el país?, y la principal: ¿Qué puede hacer un ciudadano venezolano, consciente de sus derechos y deberes,  junto al verdadero liderazgo político, para lograr el retorno de la libertad y la democracia a esta república? Las respuestas a estas interrogantes y las acciones consecuentes, a mi juicio, constituyen en la actualidad, el verdadero e irrenunciable desafío que emplaza de forma perentoria a las generaciones con responsabilidades políticas de nuestra Venezuela.

Para dar respuesta a estas interrogantes lo primero que debemos tener claro es, la relación que debe existir entre ciudadanos, políticos y la república. La cual viene dada por su intento político para definir, establecer, realizar, sostener y defender un conjunto de derechos, que garanticen las condiciones y costumbres de esa integridad; yendo más allá, desde la concepción liberal, cuyos postulados comparto, se exige un ciudadano que desde la razón y la moral haga valer sus derechos individuales, poniendo frenos al poder, y así defenderse por sus medios de los peligros que puedan existir en su coexistencia con otros hombres. El ciudadano liberal tiene el compromiso moral de luchar porque en el pluralismo político los intereses diversos y en conflicto puedan avanzar tan satisfactoriamente como sea posible, por ende está llamado a enfrentar cualquier régimen que vaya en contra de la libertad.

Este es el objetivo, Venezuela exige de buenos ciudadanos, comprometidos con estos derechos y cumpliendo sus obligaciones, en aras del fortalecimiento de los valores de la república; mucho más cuando nuestra libertad y la democracia se encuentran amenazadas.

El trágico momento político que vive Venezuela no se puede superar sin la participación integral de los ciudadanos. En otras palabras, la recuperación de nuestra libertad y democracia no dependen solo de los políticos, y mucho menos cuando las actuaciones de algunos “políticos” demuestran que no están orientadas a una salida de esta desgracia. Así, que se exige de un ciudadano capaz de articular con las verdaderas fuerzas políticas para avanzar en una estrategia que permita hacerle frente al desafío que se nos presenta actualmente.

El desafío que enfrentamos impone la conformación de una fuerza ciudadana que, ante la acción perjudicial de “políticos”, que por error o por dolo, colaboran y permiten la permanencia y avance del régimen, articule y organice una acción colectiva capaz de responder impulsando la conformación de una verdadera unión de opositores para afinar la estrategia de la fuerza interna (organización) y externa (exigencia del cumplimiento de todos los protocolos firmados por la república para cuando los ciudadanos se encuentran frente a estados fallidos, violadores de derechos humanos y donde se cometan delitos de lesa humanidad). Este compromiso es una exigencia ineludible.

Solo así podremos enfrentar al régimen que perturba la libertad y vida democrática del país. Este reto significa cambiar la concepción de que la lucha por la democracia y la libertad es una función única y exclusivamente de instituciones, organizaciones (partidos, sindicatos y corporaciones) y de los políticos, por una que la conciba como una lucha de ciudadanos activos. Es decir, un ejercicio pleno de ciudadanía que permita a cada cual conformar una relación consigo mismo y con los otros en este contexto de incertidumbre y desánimo que vive nuestra sociedad, para motivarla a romper con el aislamiento que ha creado el régimen y recomponer el tejido social para crear relaciones en este contexto.

Esta búsqueda no puede fluir sin comprender al unísono la naturaleza del régimen que enfrentamos e identificar al liderazgo que ha sido firme, valiente y COHERENTE en esta lucha que se libra en Venezuela por retornar a la libertad y a la democracia. También pasa por la necesidad de revisar el juicio, tan severo como genérico de la política y los políticos que se hace en Venezuela: de que todos son corruptos y nada confiables. Si bien es cierto que el comportamiento de gran parte de la clase “política” venezolana no ha sido propio de lo que es ser Político, no se puede negar que hay políticos con ética y dignidad, pocos, pero los hay, es buen momento para devolverle la dignidad a la política con el reconocimiento y puesta en escena de este liderazgo.

La tarea es ardua pero realizable. La existencia de la posibilidad de perder la libertad que nos dieron nuestros padres fundadores y nuestra democracia, se convierte en acicate que nos debe mover a actuar como buenos ciudadanos. Es la obligación que nos exige la república en estos momentos; de este poder de integración surgirá la fuerza interna necesaria para lograr el objetivo.

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