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Venezuela ha sido poseída por la apatía

Por Omar Villalba

Venezuela ha sido poseída por la apatía. No es para menos, la gente ha puesto sus esperanzas en una serie de aventuras que no han llegado a ningún lugar.

No, no me malinterpreten, no anhelo los tiempos turbulentos. Momentos de nuestra reciente historia que solo trajeron caos, destrucción, pérdidas de vida y, por encima de todo, le dieron razones a este gobierno, para ser más opresivo y hegemónico.

A lo que me refiero es que hemos perdido el fuego. Por alguna extraña razón hemos caído en una indolencia, una suerte de Síndrome de Estocolmo donde aceptamos todo lo que viene del gobierno y colaboramos con este en cosas que no deberíamos.

“La dirigencia política opositora” se ha contentado con mantener su coto de poder y verse el ombligo, mientras hacen lo posible para que “otros” resuelvan su problema. Y, mientras ponen “sus esperanzas” en el próximo mesías político o en que el señor Presidente de EE.UU. (El que sea) nos haga el favor y nos libre del yugo que nos aqueja, el venezolano de a pie se muere de mengua.

La élite política es indolente y está encerrada en fórmulas vanas. Su sueño es que llegue un libertador de blanco, rojo y azul que destronará a Maduro y les dará a ellos el control del país. No conforme con ello, esperan que con ellos en el poder, los problemas del país se resolverán en un abrir y cerrar de ojos.

Lo que ignoran —ya sea consciente o inconscientemente— es que las cosas deben construirse de a poquito en poquito. No hay fórmula expedita, no hay lámpara de Aladino que nos concederá tres deseos. Y la construcción de este país pasa por motivar a la gente.

Verán, he dado toda esta vuelta para señalar algo que parecen que “nuestro liderazgo” no está viendo: la gente no está motivada. De alguna forma hemos asimilado la situación en la que vivimos, el día a día nos ha tragado a todos.

Sin duda hemos sido vapuleados por el gobierno muchas veces, pero ellos no son los únicos culpables, quienes dirigen a la oposición han cometido error tras error. Ello, ha terminado con nosotros no creyendo en nadie. Ese fenómeno, a la larga, se traduce en la apatía. Vivimos como corderos. Vemos los abusos y ya no nos quejamos ¿Para qué? Vemos las cosas dañadas y no hacemos nada para resolverlo ¿Para qué? Y, por cierto, las autoridades escuchan a los pocos que se quejan y no hacen nada.

Debido a que no exigimos nuestros derechos, quienes gobiernan se han vuelto indolentes. Así tenemos alcaldes que no están pendientes de sus comunidades, que son burgomaestres solo de nombre. Gobernadores que se dejan imponer protectores de Estado, que no han sido elegidos por la gente. Diputados que entregan los curules sin luchar y por último candidatos eternos. Estos últimos prefieren ver al país destrozado antes de entregar el testigo a otro. ¿Por qué? Pues porque la ambición puede más que ellos.

¿Qué podemos hacer nosotros? Quitarnos esas lagañas y pereza emocional. Comenzar a exigirle al gobierno, a nuestros gobernantes y la dirigencia, nuestros derechos. Hay que volver a criticar, preguntar, cuestionar, alzar la voz, ser contestatario. Debemos volvernos activos, ser cínicos. No podemos quedarnos con entelequias de gobiernos de humos y espejos. De representantes que están en el extranjero y no representan nada. Mientras que el venezolano de a pie esta sin agua potable, sin energía eléctrica y con una inflación que le está quitando las tres comidas del día o la única, en el caso de algunos.

Señores el Mesías ya vino, hace miles de años, trajo un mensaje de amor, libertad, unidad y perdón. El Mesías volverá en el futuro para juzgarnos a todos y librarnos del mal. De eso no hay duda. Por ello, debemos dejar de esperar que venga a un hombre a resolvernos los problemas. Para Venezuela no hay un Mesías. Es evidente que para nosotros no hay solución mágica.

La verdadera salvación para nosotros llegará cuando dejemos de creer en entelequias, en castillos en el aire y luchemos por lo nuestro. Hagamos frente a los problemas de uno a la vez y de paso en paso.

Señores, damas y caballeros, debemos volver a ser esos venezolanos que se alzaron contra los abusos y la opresión. Debemos reclamar, exigir, y luchar por nuestros derechos, pues nadie lo hará por nosotros. A unos no les interesa, porque desean tenernos embrutecidos, pendiente de sobrevivir que pensando en algo más importante: como la libertad. Y a los otros políticos, porque viven en una fantasía, en su postureo de oposición que da esperanza, pero no concreta nada. La Venezuela que queremos nadie no las dará: debemos construirla y defenderla.

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