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    De esta forma puedes ayudar a un adolescente a tener una autoestima sana

    Clarín informa que miradas al espejo una y otra vez, incontables cambios de vestuario antes de salir de casa porque sienten que nada les queda bien, y ni decir de las tantas veces que deben repetir las fotos para sus cuentas en redes sociales porque se encuentran mil y un defectos. ¡Oh, bendita adolescencia! Plagada de clichés o estereotipos que nunca son del todo ciertos. Y entre esa montaña rusa de cambio y reafirmación también se cuela el problema de la autoestima, que suele ser tan inestable como la propia revolución hormonal de esa etapa.

    El prestigioso psiquiatra Luis Rojas Marcos afirma en su libro Salud y Optimismo que sin autoestima no se puede sacar partido a la vida. Y eso sirve para todas las edades. Porque, como dice el psicólogo Rafael San Román, es un referente muy importante de nuestra identidad.

    Y aunque la mayoría de las personas suelen definir la autoestima como valorarse positiva o negativamente a uno mismo o, de manera aún más simple, como “quererse a uno mismo”, eso no es del todo exacto, según San Román, ya que en un sentido más técnico, la autoestima es la percepción que una persona tiene de que merece ser amada, valorada, cuidada, atendida, integrada… por las personas que la rodean, matiza el especialista.

    ¿Se puede cambiar la autoestima?

    Rafael San Román asegura que a la hora de estudiar la autoestima es importante tener en cuenta su relación con el autoconcepto -la definición que cada persona hace de sí misma- y con la asertividad -la capacidad para exponer los propios puntos de vista ante otra persona respetando los del otro-. “En resumen, podríamos decir que la autoestima es la valoración favorable o desfavorable que hacemos de nuestro autoconcepto. Cuanto más sana sea, más capacidad tendremos para expresarnos y reivindicarnos sin necesidad de avasallar a otros ni dejarnos avasallar por ellos”, puntualiza.

    Entonces, ¿se puede cambiar la autoestima? En parte sí y en parte no, responde el psicólogo. Algunos contenidos de la autoestima, tanto positivos como negativos, tienen sus raíces en aprendizajes muy profundos, inconscientes y antiguos en el tiempo, y esto no siempre se puede modificar.

    “En parte van a estar ahí siempre”, explica San Román. “No obstante -continúa-, todos los seres humanos tenemos cierta flexibilidad, evolucionamos, cambiamos, maduramos, y eso incluye también a la manera que tenemos de definirnos, valorarnos y reivindicarnos”.

    Pensemos también que, aunque hablamos de la autoestima en singular, en realidad esta dimensión tiene diferentes partes, añade el especialista. “Tenemos diferentes autoestimas, en relación a diferentes aspectos y facetas de nuestra identidad. En ese sentido, unas autoestimas se compensan con otras, de modo que aunque nos valoremos negativamente en algunos aspectos, mientras nos valoremos lo suficientemente bien en otros lo más probable es que nos tengamos en buena estima”, agrega.

    ¿Qué pasa con los adolescentes?

    La autoestima es uno de los factores más importantes que intervienen en la conducta de los adolescentes pero, tal como explica el psicólogo clínico y terapeuta familiar Joaquim Serrabona, no se debe olvidar que en esa etapa se produce una separación progresiva entre padres e hijos y en esa separación lo que más pesa para los adolescentes es la tendencia grupal, puntualiza el experto.

    “Para los adolescentes es un momento, entre otras cosas, de mucha afirmación, de búsqueda de uno mismo, es un momento de conflicto y cambio de visión del mundo que va acompañado de la evolución sexual, de cierta desubicación de lo que es el tiempo, y de ese pensamiento mágico de la infancia, lo cual les crea más conflicto”, apunta el Serrabona.

    “Pero cada adolescencia es un mundo y no todas necesariamente tienen que ser conflictivas o catastróficas, dependerá de cada niño o del contexto, entre otras cosas”, matiza el psicólogo.

    ¿Qué factores influyen en la autoestima adolescente?

    Los expertos identifican al menos tres factores principales que pueden incidir en la conducta adolescente:

    1. ¿Niño o adulto?

    Un factor es la tensión que el adolescente tiene que manejar por dejar de ser un niño pequeño, parecerse mucho a un adulto que tiene que ir poco a poco “ensayando” la vida adulta, pero sin tener todavía todas las responsabilidades ni capacidades de un adulto real, dice San Román.

    “Esto descoloca mucho al adolescente –explica Rafael San Román- porque muchas veces no sabe a qué atenerse, y también descoloca mucho a sus educadores, principalmente a sus padres, porque muchas veces surge la duda de cómo relacionarse con él o hasta qué punto exigirle”.

    “Esta etapa, bien llevada, puede ser muy interesante”, matiza Serrabona, que a su vez pone a la familia como uno de los tres grandes pilares donde se puede asentar la autoestima del adolescente. Es muy importante que la familia esté y que haya complicidad, apunta. Si en casa no se cometen grandes errores, no se rompe la relación, se supervisa el desarrollo del niño de forma adecuada -y con quién se relaciona- pueden haber momentos agradables de complicidad”, puntualiza.

    2. ¡El feedback de los amigos cuenta!

    Otra característica es que, al contrario de lo que sucede en la infancia (donde prima mucho la referencia de los padres), la influencia de los iguales pasa a un primer plano, resalta el psicólogo. “Esto es fundamental a la hora de definirse a uno mismo, por ejemplo como miembro de un grupo, es decir, como alguien ‘aceptable’, digno de venir con nosotros y ser de los nuestros”, añade.

    Definirse así depende, obviamente, de la medida en que el adolescente es aceptado y validado o, por el contrario, menospreciado, dejado de lado o, en el peor de los casos, acosado. Esto influye muchísimo en el fortalecimiento de una sana autoestima y, por supuesto, en el establecimiento de habilidades sociales”.

    En la misma línea, la pertenencia grupal sería para Serrabona el segundo de los tres pilares para asentar la autoestima adolescente. “Si un chico o chica no está dentro de lo que es un grupo, su autoestima se ve afectada y pueden venir conductas de todo tipo. Una buena opción para encontrar un motivo de relación es el deporte”, dice el experto, que también pone énfasis en la importancia de controlar con qué personas van los adolescentes.

    3. Autoimagen

    La relación de su cuerpo consigo mismo es el tercer pilar fundamental en la construcción de la autoestima adolescente. Siempre están en una búsqueda continua de una imagen con la que se sientan bien y se reafirmen, dice Serrabona.

    No podemos obviar la influencia que tienen en la adolescencia los cambios psicológicos y, por supuesto, físicos, a gran escala y a veces en cortos periodos de tiempo, añade San Román. La autoimagen (la que alguien tiene de sí mismo, que estaría dentro del autoconcepto) será crucial en el establecimiento de un tipo u otro de autoestima.

    “Si el adolescente percibe que su cuerpo sigue siendo armonioso, bello, y valorado por sus iguales (no por sus padres), independientemente de los cambios que estén teniendo, eso favorecerá su autoestima y la seguridad en sí mismo. Si, por el contrario, el adolescente percibe que su cuerpo no es ‘adecuado’ o sus iguales se lo hacen notar, irá desarrollando un sentimiento de vergüenza que no va a favorecer el fortalecimiento de su autoestima”, desarrolla el psicólogo.

    Y las redes sociales… ¿Hasta qué punto afectan?

    Pueden afectar mucho, ya sea en positivo y negativo, puntualiza el psicólogo. Por ejemplo, cuando en una determinada red no tienen seguidores o cuando en las fotos hay algún tipo de alusión negativa, les afecta para mal. Por el contrario, cuando hay una buena valoración se produce una especie de motivación a mostrar cada vez más y más, e intentar conseguir por esa vía de lo superficial y del cuerpo solamente una ‘fama’, comenta Serrabona.

    ¿Hay alguna manera de evitar que las redes sociales afecten a la autoestima adolescente? No se puede, responde tajante San Román. “Tienen que afectar, como todo en la vida -continúa-. Otra cosa es cuánto afectan, para bien y para mal. Eso dependerá del adolescente en cuestión, de lo fuerte de su personalidad (que está en construcción), de su madurez, de su carisma, etcétera, y por supuesto del uso que haga de las redes sociales (lo cual incluye los mensajes que otros le envían, es decir, las interacciones)”.

    No siempre las redes tienen que ser negativas. Evidentemente, una red social como Instagram, basada en la imagen y en un relato muy parcial de la vida de las personas, es una bomba de relojería. Pero si el adolescente es consciente de cómo funciona cada red social y entiende y maneja sus códigos, sabe distinguirlos de la vida analógica y da prioridad a ésta en lugar de a lo que sucede en las redes, en principio no hay por qué temer consecuencias demasiado graves.

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    “Es como un campo sin valla y, aunque las redes a veces son mal vividas, otras veces son necesarias”, apunta Joaquim Serrabona, que a su vez señala a la anticipación como una de las armas para enseñar al adolescente lo que se va a encontrar. Es importante educar sobre los peligros y, si pasa alguna cosa, que siempre haya una reflexión sobre lo que ha sucedido, remarca. Eso sí, sin dejar de lado la vigilancia parental, porque de vez en cuando es necesario “entrar” en esa intimidad, enfatiza.

    Ojo con machacar y machacar con críticas

    La opinión de los padres siempre es importante cuando se es niño (un adolescente es un niño en muchos aspectos), pero no siempre es determinante, indican los expertos. Sin embargo, a la hora de construir la autoestima, las palabras y críticas de los padres pueden influir en la baja autoestima de los chicos y chicas. ¡Y mucho!

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    Si los padres hacen una crítica negativa al adolescente sobre un tema que a este lo tiene sin cuidado, lo más probable es que eso no tenga ninguna influencia en su autoestima. Si, por el contrario, le dan donde más le duele, entonces sí hará mella. No es lo mismo una crítica constructiva, aunque duela, que una crítica poco asertiva, es decir, hecha con malicia u hostilidad abierta, remarca San Román.

    Por otro lado, no es lo mismo hacer críticas puntuales que estar permanentemente machacando al hijo (en términos psicológicos, diríamos invalidando al hijo), en plan padres hipercríticos o muy autoritarios, comenta el psicólogo. “Esto crea mucha hostilidad entre padres e hijos y además mucha inseguridad en el adolescente, que no solo necesita referentes de lo que hace mal, sino también de lo que hace bien para sentirse a gusto consigo mismo”, agrega.

    Hay todo un proceso de comunicación parental que sirve en la infancia pero no en la adolescencia, matiza Serrabona. Pequeñas cosas, como amenazas e invalidaciones que se hacen de forma inconsciente -y más si son continuas-, no solo pueden complicar la relación entre padres e hijos, sino también la mirada que los adolescentes tienen sobre sí mismos.

    “En el fondo lo que estamos haciendo cuando amenazamos o invalidamos es darle un reflejo de ‘incompetencia’. Por ejemplo, decirles constantemente que parecés un gato asustado, o que si seguís comportándote de esta forma tu padre va terminar enfermo. Esa mirada negativa, conflictiva, sin complicidad, evidentemente deja huella”, recalca el experto.

    ¡Alerta! Las señales de una baja autoestima

    En condiciones normales puede ser difícil de determinar la baja autoestima, ya que muchos adolescentes son personas perfectamente normales, pero ofrecen una imagen de retraimiento, de inestabilidad (la adolescencia es “ir probando” en muchos aspectos) o de mal humor sin que por eso haya que preocuparse, comenta San Román.

    No obstante, según el experto, es interesante fijarse en su estado de ánimo, en cómo se relacionan tanto con los adultos como con los iguales, en cómo hablan de sí mismos, qué relación tienen con su cuerpo (a veces alcanza con fijarse en la ropa que usan, si se exhiben más o hacen lo posible por esconderse detrás de su ropa o su pelo), en cómo hablan de sus intereses y de las cosas que les gusta o les gusta hacer (¿lo tienen claro, hay entusiasmo, hay iniciativa, les apetece hacer cosas, tienen amigos, están aislados, se comportan adecuadamente?).

    Por supuesto, en un grado más extremo y no habitual, un factor determinante de tener una autoestima no sana (tanto demasiado alta como demasiado baja) es tratar mal a los demás. “Una persona que está a gusto consigo misma en un nivel sano y maduro no trata mal a otros de manera sistemática, no se convierte en un acosador o en una persona cruel o poco respetuosa”, afirma San Román.

    Claves para ayudarles a reforzar la autoestima

    “Toda persona, independientemente de su edad, necesita ser escuchada, aceptada, validada y protegida. Este es el punto de partida”, indica Rafael San Roman. En el caso de los adolescentes, hay que tener en cuenta que todavía son personas frágiles y dependientes en muchos aspectos. Por lo tanto los expertos apuntan algunas pautas que los padres deben tener en cuenta:

    – Hacé que se sientan seguros.

    Los niños y también los adolescentes necesitan seguridad y esta no se da ni diciendo a todo que sí, adulando o sobreprotegiendo, ni diciendo a todo que no, atacando o castrando (porque eso no les proporciona herramientas para manejarse con los aspectos negativos de la vida).

    – Dale su espacio, pero con límites.

    El adolescente, como toda persona, necesita espacio para autodefinirse, pero con límites (no pasa nada si te pintas el pelo de azul, aunque a mí me horrorice, pero no puedes llegar a casa a las dos de la mañana por mucho que disfrutes estando con tus amigos), advierte San Román. Necesita normas coherentes con sus circunstancias. No podemos tratar a una persona de 16 años como si tuviera 10 y eso vale para los premios, castigos y la exigencia de responsabilidades. El adolescente necesita percibir que puede estar en su burbuja (hasta un punto, porque hay que relacionarse) pero que sus padres siguen ahí, actuando como padres, protegiendo y marcando las pautas de la vida cotidiana.

    – Olvidate de los clichés.

    No caigamos en el cliché de que un adolescente es un malhumorado que se encierra en su cuarto y odia a todo el mundo. Hay adolescentes así pero también los hay abiertos, encantadores y vitalistas. Como padres hay que estar ahí, compartiendo tiempo, conversando, sugiriendo, opinando constructivamente.

    – Hacé de la complicidad tu mejor aliada.

    Conocé con quién van tus hijos, no en plan inquisidor sino como cómplice, enfatiza Serrabona. “Es decir, que puedas conocer quienes son sus amigos, que puedan ir a tu casa y no hacer dos vidas aparte. A veces, dejar esa supervisión que hacías cuando eran niños puede ser vivido por parte del adolescente como un abandono. La complicidad también implica poder compartir las decepciones o los pensamientos con ellos, es decir, que podamos también nosotros los adultos hablar no solo de los logros que hacemos, sino también de nuestros momentos más bajos. Hay que darles cabida a ese mundo adulto.

    – Detectá lo que mejor saben hacer.

    Otra cosa que favorece mucho es detectar las cualidades y talentos del adolescente y resaltárselo explícitamente, potenciándolo cuando se pueda o apetezca, señala Rafael San Román. Lo bueno hay que decirlo, con autenticidad y sinceridad, no desde la adulación o sin creérnoslo porque lo notan. Conviene combinar aspectos que se refieran al físico como los de su personalidad o de sus cualidades psicológicas. Al que es muy listo le gustará que se lo digan, pero también le gustará saber que es guapo y que no solo sirve para leer. Y al que es guapo le encantará saberlo y lo necesita, pero también le hace falta percibirse como algo más que una cara bonita.

    – No siempre será lo que papá/mamá quiere.

    Lo ideal es ayudarles o acompañarles a que reconozcan y reconozcamos sus potencialidades, que a veces no van ligadas a las que les enseñamos los papás. A lo mejor vos querés que tu hijo sea un gran deportista y ese chico lo que quiere es ser poeta o viceversa. Habrá que prestarle atención a eso, afirma Serrabona.

    – Ayudalos a aceptar sus debilidades.

    Haceles entender que hay cosas que no van a conseguir y que no pasa nada, dice Serrabona. Tampoco es bueno rescatarlos continuamente de sus fallos. A veces resulta útil dejarlos recibir algunos “golpes”. Limitados ¡claro! porque de ellos sacarán un gran aprendizaje.

    Su adolescencia no es igual que la tuya. Tené en cuenta que la adolescencia ha cambiado y no es igual a la que era antes. Ahora es otra forma de ser y estar y hay que aceptarlo en lo que cabe. Clarin.

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