La explicación científica de lo que pasa al llegar una notificación al celular

A inicios del siglo XX, Iván Petróvich Pávlov trabajó en algo de lo que, casi todo, el mundo habla: «Ley del reflejo condicional». Pasaron años analizando estímulos, positivos y negativos, con perros. Los famosos «perros de Pavlov» reaccionaban de la manera que esperaba el fisiólogo al escuchar el sonido de una campana.

En otras palabras, un sonido en tu celular es capaz de desatar una respuesta que, en principio, no tiene nada que ver con lo que podría estar sucediendo. Si Pavlov viviera en estos tiempos, estaría brincando en un pie por los resultados que arrojaría su teoría: su ley se cumple en un 100%.

Un sonido y un ícono pueden generar al ser humano cualquier cantidad, y tipos, de sensaciones. Por ejemplo, un sonido que relacionamos con un mensaje de nuestros amigos, o un emoji es un indicativo de que a alguien le ha gustado una foto. Es decir, son estímulos condicionados que nos incitan a sentir algo.

Aquí es donde viene lo bueno porque no se habla -siempre según Pavlov- del condicionamiento en sí, sino de la respuesta que emite el cerebro el sonido que provoca la notificación.

No toca adentrar en detalles sobre la materia, pero sí está comprobado que nuestro cerebro se revela, creando cierta sensación de ansiedad (la cual aumenta) a medida que las notificaciones de su Smartphone se acumulan y el tiempo que tardes en chequear qué ha pasado y lo que debas, si lo amerita, responder a la notificación.

De igual manera, nuestro cerebro se siente «más tranquilo» al tener presente dicho estímulo y tiene la certeza que está disponible para poder responder al emisor del mensaje. Según la teoría de Pavlov, es parte del mecanismo de aprendizaje, en cierta medida generado por un estímulo externo.

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