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Conozca algunos testimonios de los sobrevivientes de la tragedia de Surfside

Algunos de los testimonios de los sobrevivientes de la tragedia de Surfside, revelan la angustiosa huida del edificio derrumbado. 

Alfredo y Marian López, dicen que estaban profundamente dormidos alrededor de la 1:30 a.m. de la madrugada del jueves, cuando escucharon el primer estruendo, como un trueno de una tormenta, pero incluso más fuerte.

"Me desperté y pensé que era una mala tormenta", comentó Alberto, quien tiene 61 años, y vivía en el sexto piso, en la esquina noroeste de Champlain Towers South en Surfside.

Por otro lado, Bruno Treptow, de 62 años, dormía en su vivienda del piso 8, por la misma esquina de Alfredo, de la torre de condominios de 40 años.

López relata que el segundo estruendo sacudió su cama. Todo su apartamento en el sexto piso tembló.

Alfredo pensó que quizás algo había explotado en el hotel de al lado. La vista desde la ventana de su habitación, que da a Collins Ave. en Surfside, estaba oscurecida por una inmensa nube de polvo.

Cuando su hijo mayor de edad, entró corriendo en su dormitorio y les preguntó “¿Qué demonios está pasando?”, claramente conmocionado. Ni Marian ni Alfredo tenían una respuesta.

Todavía recuperándose de su propia conmoción, lo primero que pensó Treptow, fue en los trabajos de construcción que se estaban realizando en la azotea del edificio, como parte de la recertificación del condominio al cumplir 40 años. Temiendo que las obras pudiesen ocasionar la muerte de él o de su esposa.

“Pensé que el techo se estaba derrumbando. Me volví hacia mi mujer y se levantó sobresaltada. Y me dice que no, que no puede ser”, cuenta Treptow. “Así que la abrazo. La abrazo y le digo: ‘Escucha, esto es todo. Vamos a morir’”.

La cuidadora de una mujer discapacitada y de la tercera edad, estaba trabajando en el noveno piso, cuando sintió el temblor. Llamó inmediatamente a su esposo, Santo Mejil, de 50 años, que se encontraba durmiendo en su casa, situada cerca del Aeropuerto de Miami. El hombre se subió a su vehículo y condujo rápidamente hacia el este. Ningún coche podía ir lo suficientemente rápido.

Alfredo, encendió la linterna, mientras Marian buscaba sus gafas y zapatos cerrados, confusa e insegura sobre lo que podría haber del otro lado de la puerta. El polvo comenzaba a invadir el apartamento.

Los Treptow ya se habían levantado de su cama, y habían comenzado a recoger algunas cosas. bruno trató de ver por la puerta principal, pero había algo en el aire que lo nublaba todo. Podía sentir como el viento soplaba y veía escombros flotando en el aires. "Una parte de la azotea debe haber cedido", pensó, y volvió a entrar para vestirse.

Unos 6 metros más abajo de los Treptow, Alfredo abrió la puerta de la entrada de su departamento, el polvo se había disipado y podía ver claramente lo que estaba ocurriendo.

Su vivienda estaba a un metro y medio de la calamidad, donde debería haber estado el pasillo con las puertas de sus vecinos, no había nada, solamente podía ver polvo, cielo y una playa oscura. Toda la comunidad vertical que se encontraba en esos 120 pies de altura había desaparecido.

“Ese lado completo del edificio no estaba allí”, dijo Marian. “Los apartamentos habían desaparecido”.

Cuando Treptow estuvo vestido y listo, salió de su residencia y se enfrentó al abismo surrealista. Solo veía el marco de la puerta de su vecino, pero no estaba allí ninguna puerta.

El ex vicealcalde de la ciudad costera, y su mujer, Ofi, vivían en la tercera planta desde 2018, y al abrir la puerta pudieron percatarse de lo que había ocurrido. Casi la mitad de las viviendas del edificio se había venido abajo, convirtiéndose en un montón de metal retorcido y hormigón agrietado. Aquellos vecinos que dormían en el momento del desplome, habían caído junto a sus casas.

" Me preocupa que todo se fuera a pique", dijo horas después a los periodistas.

En el camino para estar a salvo, los López bajaron por la escalera de emergenciauniéndose a otros vecinos que también estaban huyendo de la situación. Al no poder abrir la puerta del vestíbulo, descendieron al garaje. Corriendo sobre el agua que les llegaba a las rodillas, debido a las tuberías rotas y pasando entre los coches aplastados, encontraron finalmente una pared derrumbada con una grieta enorme por donde pudieron escapar.

Una mujer cerca de allí, estaba paralizada. Alfredo la subió a sus hombros y la sacó por la abertura hasta la terraza de la piscina, apenas la reconoció. El suelo estaba repleto de escombros, mientras los rayos de luz rojos, amarillos y azules iluminaban la bruma. Se oían voces procedentes de los escombros, cuando ellos salieron de la piscina y llegaron a la playa.

“Pude oír a la gente llorar y gritar pidiendo ayuda”, dijo López.

Los Cohen, Treptow y su esposa, estaban atrapados en la esquina del edificio, frente a la sección derrumbada. Permanecían en sus balcones, suplicando a los equipos de rescate que estaban llegando. Treptow, su mujer y su perro descendieron por una escalera. A los Cohen los bajaron en una carretilla elevadora.

El esposo de la cuidadora, logró acercarse todo lo que pudo, antes de que la cinta policial y las luces intermitentes lo mantuvieran a una cuadra de distancia del sitio. Su esposa lo llamó y le informó que ella y su paciente (que usa silla de ruedas) estaban atrapadas.

Entonces, alrededor de las 5:00 de la mañana, sonó de nuevo el teléfono. "te están bajando?", dijo, limpiándose las lágrimas de los ojos con la camisa, " Gracias a Dios".

Fuente: El Nuevo Herald.

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