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Mariaca Semprún: "Mi salida del país fue un empujón que ya venía trabajando"

Mariaca Semprún (Caracas, 1980) sigue siendo querida y recordada por el papel de la Popular Shirley que interpretó hace más de 10 años en la telenovela La mujer perfecta.

Aunque suene redundante, fue el personaje que le dio popularidad entre la teleaudiencia venezolana y por el cual sus “fanses” – parodiando la particular forma de hablar del personaje – le auguraron fama y éxito, dos términos que, sin embargo, ella discrimina en la vida real.

Esos augurios se cumplieron. Hoy, la conocida cantante y actriz venezolana forma parte del elenco de Malverde: el santo patrón, una serie que estrenó la cadena Telemundo el 28 de septiembre pasado. Y este 18 de noviembre lanzará su nuevo sencillo y videoclip, Ayer, del que aspira que forme parte de un proyecto más ambicioso cuyos detalles prefirió no revelar aún.

Dos nuevos trabajos que la refirman en la internacionalización de su carrera, camino que buscó y labró pero al que llegó de una manera un tanto abrupta, empujada, en parte, por la situación política de Venezuela.

CARRERA BRILLANTE

Mariaca Semprún ha destacado en televisión y en cine (Azul y no tan rosa y El malquerido, 2015; La noche de las dos lunas, 2019, entre otras).

Sin embargo, ha sido el teatro, y más el teatro musical, que le ha permitido fusionar sus dones como cantante y actriz, donde su carrera ha sido fecunda en éxitos.

En particular, La Lupe, la reina del desamor (2012) que se mantuvo en cartelera por dos años y medio; y Piaf, voz y delirio (2016), que se presentó durante tres años y le abrió la puerta a la internacionalización, y que marcó un antes y un después en su trayectoria profesional.

En mayo de 2017, Mariaca Semprún y su entonces pareja y hoy esposo, el conocido escritor y articulista de opinión Leonardo Padrón, viajaron a Miami por unos días para hacer arreglos relativos a la gira internacional de Piaf, voz y delirio, que se había presentado con notable éxito en Venezuela. Pero un día antes de retornar al país, una llamada telefónica les hizo saber que el Sebin tenía días tratando de averiguar la fecha del regreso, en particular de Padrón, cuya pluma resulta incómoda al régimen. Ante lo que eso podía implicar, la pareja decidió exiliarse y ahora vive en Miami, Estados Unidos.

¿Qué sentiste en ese momento, al verte obligada a quedarte fuera de tu país, prácticamente solo con la ropa que llevabas en tu maleta? ¿Te angustiaste, sentiste miedo?

Salimos por una semana y hoy por hoy no hemos regresado. Sí me angustié un poco, me puse un poco nerviosa. Pero, aunque no había planificado que fuera de esa manera, sí me estaba preparando desde hace mucho rato para salir, al menos por un tiempo, de Venezuela. Quería oxigenarme, porque en ese momento la calle estaba revuelta de nuevo, había protestas en las que yo había participado y sabía que podía ponerse todo muy delicado y peligroso otra vez. Yo ya tenía tiempo planeando salir un rato, solo que no me imaginé que no iba a regresar. He sentido mucha nostalgia. Pero el tener a mi familia aquí, su respaldo, y al conocer muy bien este sistema, eso me dio cierta tranquilidad.

¿Y cuál era tu plan?

Había pensado en quedarme aquí al menos unos seis meses, pero yendo y viniendo a Venezuela porque tenía proyectos que finalizar allá, como el disco de la Lupe, que terminé de grabar aquí por razones forzosas, contó Mariaca Semprún.

Tu familia se fue hace mucho tiempo del país. ¿Por qué tú decidiste quedarte? ¿Cómo interpretas el hecho de que te hayas visto obligada a exiliarte cuando no querías eso para ti?

Mi familia tiene más de 20 años viviendo afuera. Mi papá, mi mamá y mis tres hermanas ya estaban acá. Yo era la única que quedaba allá. Me quedé en Venezuela porque estaba construyendo una carrera muy bonita y no quería interrumpirla. Tampoco imaginé que el régimen, el sistema, iba aplastar tanto las cosas que hoy por hoy el trabajo fuera tan escaso. En ese momento yo tenía la seguridad de que iba a recibir de vuelta a mi familia, sin saber lo que iba a pasar.

Ahora me vi obligada a quedarme fuera del país por las amenazas contra Leo. Yo quería salir, como cualquier otro artista, para lograr la internacionalización de mi carrera. Buscar otros mercados, otros países, conocer otras industrias y que no fuera nada más la venezolana. Para mí, dentro de todo, creo que esta salida del país fue un empujón que ya yo venía trabajando, reveló para el portal Curadas.

En Venezuela hay mucha gente que cree que irse a vivir al exterior es fácil…

El cambio es muy drástico, muy duro y muy difícil porque no se parece a nada de lo que hayamos vivido allá. Pero yo tenía el foco tan claro en que lo mío era culminar ese disco homenaje a la Lupe y levantar la gira de Piaf, que no tenía mucho tiempo para pensar. Mi refugio fue mi trabajo y las artes.

El esfuerzo valió la pena. Su disco Soy puro teatro, Homenaje a la Lupe ganó en 2020 el Premio Grammy Latino en la categoría mejor diseño de empaque (una creación de Pedro Fajardo).

También fue nominado en la categoría de mejor álbum tropical tradicional. Este es el tercer disco como solista de Mariaca Semprún, luego de Staff Récord de Piaf (2018) y Buscando una canción (2013).

¿Hubo algún cambio significativo en tu vida profesional al convertirte en migrante?

Yo estaba muy clara, porque ya son años de familia, colegas y amigos yéndose del país. Ya sabía que la llegada no era fácil y que probablemente me iba a tener que reinventar y hacer otras cosas que no fuera nada más lo artístico. Creo que más bien me preparé para lo contrario. Me preparé para un panorama bastante más difícil que el que me recibió, porque no contaba con que la gira de Piaf iba a ser tan exitosa y que me iba a dar trabajo por tres años. Yo estaba pensando de una manera más conservadora. Sin embargo, me pasó lo contrario.

Ahora bien, al terminar la gira sí me tuve que enfrentar con el día a día y ver cómo construía una carrera aquí desde cero, teniendo tanta trayectoria en Venezuela. Siempre es duro, siempre es un recomienzo y una reinvención, pero el camino estaba un poquito abonado.

Los primeros tres años y medio fueron muy intensos para Mariaca Semprún y Padrón, sin poder estar por mucho tiempo en un lugar fijo debido a la gira de Piaf, voz y delirio. “Cuatro meses en Miami, cuatro meses en México, tres meses en Madrid… Y luego volvíamos y repetimos el ciclo… Así fue hasta el cierre de Piaf, en septiembre de 2019.  Después vino la pandemia y eso sí nos obligó a quedarnos por más de un año acá. Y cuando se empezó a flexibilizar la actividad me volvió a tocar salir seis meses a México".

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"Yo creo que esa va a ser mi vida natural ahora, moviéndome por varios lugares porque el trabajo no solamente está en Miami, sino que está en México o en Colombia o en otros mercados. Yo creo que la vida del artista implica que nos estemos moviendo todo el tiempo. Y como Leonardo es escritor, puede estar conmigo a donde sea que yo vaya”.

¿Qué hizo que tú y Leonardo cambiaran de opinión respecto al matrimonio? Porque ustedes habían dicho que casarse no estaba en sus planes, que se sentían bien siendo una pareja libre.

Sí, la verdad es que casarnos nunca estuvo nuestros planes. Eso no era un tema. Nosotros estábamos juntos y listo, era suficiente. Pero nos dimos cuenta de que al emigrar debíamos tener una estructura un poco más formal por un tema de visas, de impuestos, de papeles, por temas legales… Nos dimos cuenta de que necesitábamos formalizar nuestra situación porque eso nos iba a facilitar un poco las cosas en el plano laboral. Y bueno, convertimos este asunto burocrático en una suerte de renovación de votos. Fue una bonita oportunidad para darle el significado emotivo que esto tiene y reafirmar que estamos juntos, que seguimos siendo un equipo y que somos una pareja estable que lo apuesta todo junta.

¿Cómo es su vida de casados?

¡No hubo ningún cambio! Ya vivíamos juntos, ya hacíamos todo juntos. Digamos que el cambio más drástico, qué ironía, es que después de casarnos me tocó irme sola por casi seis meses a México. Leonardo estaba en los trámites de sus papeles de residencia acá y no podía viajar. Viajé dos veces a visitarlo, pero el resto de ese lapso no estuvimos juntos. Eso ha sido lo más particular. Pero no hubo cambios. O, mejor dicho, hubo un cambio emocional en el sentido de que esta ilusión se refrescó.

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