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Uruguay, imparcialidades que matan

Pedro García Otero
Periodista 

Rodolfo Nin Novoa, traductor al lenguaje diplomático de la "imparcialidad" de Pepe Mujica sobre la
situación venezolana, intenta con maromas (como siempre lo ha hecho el Frente Amplio de Uruguay cuando de defender a Nicolás Maduro se trata) volver a poner al Grupo Internacional de Contacto como freno ante iniciativas más agresivas de Estados Unidos en relación con el régimen que, para 55 países, no es legítimo.

Entre el canciller de Tabaré Vázquez y el patriarca del Frente Amplio - un hombre capaz de decir que los venezolanos se ponen delante de las tanquetas - está, por supuesto, el presidente uruguayo, un hombre que siempre llevará sobre sí la sospecha de los negocios de su hijo Javier, quien le vendió (y nunca le instaló) a Chávez el "software libre" en la Administración Pública, cuando a este Macondo, con el petróleo a $100, venía cuanto mercachifle hubiera con baratijas disfrazadas de actos revolucionarios.

Ha dicho entonces Nin Novoa nuevamente, este viernes, que el cese de la usurpación "sencillamente no va a ocurrir", y vuelve a recurrir al mantra por el cual, oficialmente, Uruguay no forma parte de los 55 países que reconocen a Juan Guaidó como presidente interino de Venezuela: que la oposición "no concurrió a unas elecciones concertadas".

Que, más o menos, tuvo una rabieta, pues. Y entonces Maduro ganó por forfait, con 6,8 millones de
votos que ese día no se vieron por ninguna parte porque bueno, el proceso era rápido. Está muy claro que un argumento de ese tenor, en boca de un hombre como Nin Novoa, es sencillamente
malintencionado.

Sería demasiado ingenuo atribuirle ingenuidad a un canciller uruguayo, hombre inteligente y bien
informado porque eso forma parte del rol. Hay mala intención cuando se hace abstracción de los
centenares de presos políticos, de las inhabilitaciones, las ilegalizaciones y las trapisondas generales que dieron lugar a la abstención opositora en 2018, sin siquiera ponerse a mencionar uno el monumental fraude a la Constitución venezolana que se denomina Asamblea Nacional Constituyente, convocada írritamente y cuyo eslogan es: "De aquí en adelante, hacemos lo que nos da la gana". No llega ni a hoja de parra de algo que ya hoy es una dictadura de manual.

Más bien puede pensar uno que Nin Novoa actúa desde un despecho: el de que a las conversaciones en Noruega nadie les diera la mayor probabilidad de prosperar, y superadas estas, Estados Unidos vuelve a desplazar al Grupo Internacional de Contacto del centro de la escena en relación con la crisis venezolana. Hablando de ingenuidades, nadie puede pensar que la conversación de Mike Pence, vicepresidente de EEUU, con Guaidó el mismo día en que lo de Oslo no llega a nada, sea una casualidad. EEUU le dijo al GIC (básicamente la izquierda europea), "ajá, anda y entiéndete con losvenezolanos", y esperó los previsibles resultados.

Pero Nin Novoa, además, habla desde un miedo.

Está clarísimo que las relaciones del chavismo, por donde pasaron, dejaron un rastro fétido de corrupción tan grande que en este momento es objeto de persecución por parte de autoridades mundiales de lavado de dinero. Y está claro que Uruguay, pese a ser uno de los países más
transparentes fiscalmente de la región, según todos los sondeos reconocidos, no tendría por qué ser la excepción a esa regla.

Lo del hijo de Tabaré podría ser la punta del iceberg, sobre todo pensando en que durante los años del bazarazo de Chávez, este se apoyó en Uruguay para todo: desde crearles una clínica, hasta instalarles una oficina del Bandes.

Los años de la pax cadiviana fueron para Venezuela, y no es casualidad, los años en los que el queso uruguayo era, en las charcuterías, más barato que el guayanés.

Uruguay, o el gobierno uruguayo (porque ese maravilloso país también ha acogido a miles de
venezolanos) juega a una imparcialidad que a esta hora ya no puede sostenerse. Lo hace con una
esperanza: la de que los vientos políticos cambien en la región, a Argentina vuelva el kirchnerismo y a que México mire al sur, aunque tenga tantos problemas con el norte, y así el Frente Amplio vuelva a ser parte de una internacional de izquierda que se ha perdido en Latinoamérica, y que luego de perderse huele por todas partes a ladronismo generalizado, financiado por la Venezuela que se desangra.

Porque de lo contrario, el apoyo a Maduro le puede costar carísimo a un Frente Amplio que lleva 16 años en el poder, y que puede perderlo, justamente, porque su población, educada y sensibilizada por su propio sufrimiento, no entiende que la gente se pone delante de las tanquetas, no lo cree posible.

Y les sorprende a los uruguayos que Pepe Mujica, Tabaré Vázquez y Rodolfo Nin Novoa puedan
defender a un régimen que oprime a su pueblo hasta extremos inconcebibles.

No es posible que gente inteligente, como ellos tres, haga esto de gratis.

Algo esconden con esas imparcialidades que (y ellos lo saben) matan.

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