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Bonos del sistema patria alcanzan para comer una vez al día durante una semana (video)

David Garizabar luce desesperado. Él camina por las calles de la comunidad El Impacto, al sur de Valencia, tratando de conseguir algo que hacer y que le genere algo de ingresos, pero no siempre tiene suerte y debe conformarse con los bonos que recibe del gobierno y que le alcanzan para alimentar a su familia con una comida al día por menos de una semana.

Tiene 63 años y los últimos tres ha estado desempleado porque la agencia de festejos para la que trabajó como mesonero por 24 años cerró por la crisis económica.

Su esposa se dedica a la atención a tiempo completo de sus cuatro hijos menores de edad y a él le toca conseguir el dinero necesario para comer. Pero no es fácil. “Recibí ayer un bono de siete millones 40 mil bolívares que se me fueron en un pedazo de queso, 400 gramos de leche y 250 gramos de margarina”, expresó con una gran tristeza marcada en sus palabras.

Su hija mayor es quien lo ayuda a sobrevivir. “Ella me da algo de lo que su esposo le da para completar y que todos en casa podamos comer al menos una vez al día”. Y si logra hacer cualquier trabajo doméstico en la zona resuelve con el pago que le hacen con algunos productos de alimentos.

“El gobernador se ha olvidado de nosotros, la zona sur como que no existe para Lacava. A este gobierno hay que cambiarlo lo más pronto posible”, aseguró lleno de indignación.

Sin servicios públicos

Los problemas que deben enfrentar en ese sector de la capital carabobeña son variados. Pero Garizabar puntualiza como uno de los más graves la escasez de gas.

Solo dos veces al año les llegan los cilindros llenos, tras haber cancelado seis meses antes. En enero fue la última vez que recibieron el beneficio y en ese mismo momento pagaron un millón 200 mil bolívares por cada bombona de 10 kilos que debe llegar a mediados de año.

Es un procedimiento que controlan los encargados de la Unidad de Batalla Hugo Chávez (UBCH), que también gestionan la entrega de las bolsas de comida de los CLAP.

“La bombona que me llegó en enero se me acabó en un mes, y no porque cocinemos mucho, sino porque hasta vacías vienen ahora”.

La única alternativa que tiene es una hornilla eléctrica que se le daña semanalmente. La hizo él mismo con un bloque de ladrillo, “pero el caracol no aguanta mucho, cuesta cinco dólares y hay que comprar cuatro al mes para poder tener cómo cocinar”.

Esto se traduce en que deben invertir entre dos y tres horas para hacer cada comida para los seis integrantes de la familia, lo cual les resta más calidad de vida que redunda en una miseria que se replica en cada hogar del sur de Valencia.

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