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Disculpen al régimen, el Impuesto a las transacciones financieras en dólares es un reflejo (+ video)

Es época previa a “elecciones” y, aunque estas ya tengan resultados digitados, el chavismo necesita hacer algo para simular que, aunque sea, le importa alguna de sus viejas promesas. Por viejas se entiende todo lo anterior a 2018, cuando, entendiendo que desde esa fecha, los jerarcas del régimen entendieron una verdad elemental de todo comunismo: para funcionar, tan siquiera un poquito, requiere mutarse en el capitalismo más salvaje de todos. 

Dentro de esos reflejos de control se encuentra el supuesto Impuesto a las Transacciones Financieras en dólares, anunciado en una medianoche de esta semana, y cuya aspiración es rebañar un porcentaje aún no determinado de las transacciones en dólares entre bancos. 

Si usted piensa que esto no lo afectará, piénselo otra vez: ese impuesto terminará traslandándose a los clientes de los bancos. Pero si usted empieza a trabajar con los bolívares soberanos, esos que esta semana llegaron a 1 millón, o a 100 billones (100.000.000.000.000) de los bolìvares originales, oh, sorpresa, usted no tendrá que pagar el impuesto. Por cierto, para que anoten por ahí, el bolívar ha perdido, desde 1999, el 99,9999999995% de su valor. 

Lo que pasa es que el régimen aún tiene muy débiles argumentos para promover el impuesto a las transacciones financieras, sobre todo porque, para cualquier venezolano, será siempre preferible pagar un impuesto fijo en dólares que el imprevisible y muy superior, sin duda, impuesto de la inflación. 

Mientras el Partido Comunista de Venezuela protesta fuera del Banco Central exigiendo defender el bolívar, el régimen se debate entre el control, que volverá otra vez a causar un knock out a los pequeñìsimos brotes verdes que escapan del jardín del gigante malhumorado que prohibió la primavera, como en el cuento infantil; o permitir que esos brotes crezcan y se conviertan en más y más exigencia de democracia. 

Porque, al final del camino, el chavismo, empeñado en repetir cada uno de los errores que lo llevaron al poder, pretende pasar del modelo comunista al del mercado cerrado y controlado por sus amigotes, para entender, quizás tardíamente, que eso tampoco funciona, y terminar lanzándose contra la liberación económica al estilo de 1989, contra la cual insurgió. 

En el camino, por supuesto, tendrá que sortear irrodeables contradicciones. 

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