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En Naiguatá y Caruao sobrevivieron a apagón de 114 horas sin proteínas y durmiendo en la calle

Comerciantes de Naiguatá y Caruao ofrecieron sus plantas eléctricas para cargar celulares a pobladores

A punta de hielo en bolsa algunos comerciantes lograron mantener los pocos insumos que habían comprado para las ventas de lo que sería su primera semana de trabajo completa luego de más de un mes trabajando con limitaciones.

Gavino Durán fue uno de ellos. Dijo que gastó más de 100 dólares en hielo, pero recalcó que pudo recuperar eso y más este domingo, debido a la alta afluencia de bañistas. “Vino mucha gente; esto fue una locura, casi como en Carnaval”, sostuvo.

Expresó que, como muchos vecinos, le tocó dormir en el porche de su casa. “Otros dormían afuera, pero es que el calor era realmente insoportable”.

Durán dijo que aprovechó que varios de los comercios y entes de Naiguatá con plantas eléctricas ofrecieron a los vecinos el poder cargar sus teléfonos celulares. Sin embargo, en su caso cargó el punto de venta, que lamentablemente se le quemó. “No imaginé que por cargarlo con la planta del CDI se me podría quemar, pero más pudo mi desespero por poder trabajar que pensar en esos riesgos”.

En Camurí Grande, en Naiguatá, se originó la primera protesta durante el apagón. Ello ocurrió el viernes en la tarde.

Pueblo de Chuspa protestó sábado y domingo

Cristofer Tovar, habitante de Caruao, contó que en horas de la noche del sábado los pobladores de Chuspa cerraron el paso dejando más de 60 carros atrapados sin poder salir hacia Los Caracas, como medida de presión para que las autoridades restituyeran el servicio. La acción se repitió el mediodía del domingo, lo que ameritó la presencia del secretario de Seguridad, Andrés Goncalves, quien debió dialogar con estos para que desistieran de la manifestación.

Mientras que Yulitza Rangel, temporadista, se vino a Caruao desde el pasado fin de semana y contó cómo se vivió el calvario en el Eje Costero Este de Vargas, donde algunos negocios y posadas con plantas eléctricas se las veían negras al no tener gasolina para la operatividad de estas. “No había señal de teléfono de nada, no había puntos de venta y los pocos inalámbricos operativos tenían que irse a orillas de la playa para conseguir señal”.

“Era impresionante ver a la gente sacaba las colchonetas a las aceras para medio dormir, porque no aguantaban el calor ni las plagas. Era un vaporón increíble, el calor te sacaba de las casas”, expresó.

Sostuvo que muchos comerciantes se apoyaron entre sí, pero debían trasladarse caminando y carretillas entre pueblo y pueblo. “La gente se manejó con puntos de venta y divisas. Muchos turistas llegaron, pero buscaban las posadas con plantas, donde las reservaciones se agotaron muy rápido”.

Rangel expresó que el desespero de los pescadores fue terrible, porque ofrecían las proteínas casi a bajo precio, pero no había nadie que les comprara por la falta de energía. “Aún así me sorprendió lo calmado que era el pueblo”.

Ambas parroquias se quedaron sin servicio a las 10:50 pm del martes y no fue sino hasta las 4:45 pm de domingo que las autoridades regionales lograron restituir el fluido eléctrico; es decir, más de 114 horas sin luz, señal, ni servicios. Para esta semana la Gobernación les prometió a ambas parroquias una jornada de entrega de proteínas y bolsas CLAP.

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