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Entre la vida y la muerte: el riesgo de cruzar la línea limítrofe

Cada vez son más rutinarios los enfrentamientos a plena luz del día en las trochas ubicadas debajo de los puentes internacionales que comunican el estado Táchira y el Departamento Norte de Santander en Colombia.

A pesar del peligro y las constantes balaceras y enfrentamientos, a diario miles de personas pasan por las trochas o caminos verdes; pasos improvisados usados para el tráfico de mercancía de contrabando.

Desde el pasado 23 de febrero, cuando el régimen de Maduro decidió bloquear el paso peatonal por los puentes Francisco de Paula Santander, en Ureña y Simon Bolívar, en San Antonio, los ciudadanos se han visto obligados a cruzar por las trochas.

Recientemente la Guardia Nacional permitió el paso por el puente a personas con informe médico, mujeres embarazadas y niños.

La zona es un territorio en pugna, paramilitares, guerrilleros, disidentes y colectivos se disputan el control de los ilícitos que allí se cometen.

Historias de miedo

Son muchos los testimonios de personas que han quedado atrapadas en la línea de fuego en su paso por la frontera.

"Yo presencié un enfrentamiento en Ureña, iba para Cúcuta con mis dos hijas y mi sobrina, cuando comenzaron los tiros, la guardia y todo el mundo comenzó a correr de un lado para otro, nadie decía nada, yo me metí en un estacionamiento con las niñas, sentíamos terror, un silencio horrible, lo que se respiraba era miedo más nada", dijo a Caraota Digital una mujer que no quiso ser identificada.

Señaló que ella preguntaba que estaba pasando y nadie respondía, la gente bajó santamarías y se encerró en sus casas.

"El silencio fue total, ni una moto se veía en las calles, solo se veía la guardia acompañada de civiles armados", indicó la dama.

"Al rato cuando decidí salir, volvimos a escuchar los tiros y me enteré de lo que pasaba cuando llegué a San Cristóbal, solo a través de las redes sociales, en la frontera nadie dice nada", destacó.

Ana Hernández también quedó entre las balas cuando pretendía ingresar a territorio venezolano por el puente Simón Bolívar.

"En un mismo día me agarraron tres balaceras, fue terrible, el pánico, la angustia y la zozobra, intente esconderme y cuando salí eran disparos de lado y lado, la vida no vale nada en la frontera", dijo Hernández.

Señaló que mujeres, niños, ancianos y enfermos corrían de manera despavorido con el temor de morir en esta guerra entre grupos delictivos.

"Somos sometidos a tratos crueles e inhumanos, esto no tiene perdón, porque cruzamos por necesidad de comprar alimentos y medicamentos, no hay derecho a que vivamos esto", indicó Ana Hernández quien tuvo que protegerse de tres balaceras en un mismo día.

En la zona impera el miedo y las leyes impuestas por estas organizaciones que operan bajo la mirada complaciente de la cantidad de efectivos de la Guardia Nacional.

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