El día después (Relato erótico para ellas)

Hoy en tu Zona Prohibida traemos un relato erótico para ellas, pónganse cómodas y deléitense con los relatos que Marqueze trae para ti...

Me despierto acalorada y siento ese dolorcito dulce de haber pasado la noche amándote. Te miro y veo en tu rostro la paz de un sueño relajado. Me levanto sin hacer ruido para no despertarte y sólo me visto con tu camisa y mi ropa interior de anoche.

Voy a la terraza, el sol me invita a quedarme, me tiendo en el piso sacándome la camisa, quedo boca abajo, dormitando bajo el sol de la mañana.

Escucho tus pasos pero me quedo quieta, como si no te escuchara. Siento que me estás observando. De repente, siento que tu lengua empieza a deslizarse por la palma de mis pies, pero no me muevo. Sigues subiendo y lamiendo mis piernas, te detienes en la parte de atrás de mis rodillas, donde sabes que siento las cosquillas más eróticas y excitantes.

Un gemido delata mi excitación y tu lengua se pone aún más activa. Siento cómo me humedezco y parece que tú también, porque sigues subiendo, hasta llegar a mis muslos. Tus manos me acarician por debajo de mi ropa interior, y tu lengua la dibuja por detrás.

La ropa interior resulta molesta a esta altura, así que con movimientos rápidos me la sacas y la tiras al piso. Estoy desnuda, al sol y soy totalmente tuya.

Te hundes en mi culito con tu lengua y gimo de placer, levanto más la cola y empiezas a pasar tu lengüita juntando todo mi juguito para llevarlo a mi culo, que empieza a dilatarse. Sigues subiendo y bajando por ese camino húmedo y caliente y yo siento que deliro.

Tus dedos me masturban con una suavidad desesperante, mientras que tu lengua juega con mi culito haciéndome desear aún más. Mientras mi cuerpo está al borde del orgasmo, siento tu miembro duro y lleno de juguito apoyado en mi pierna. Tu juguito me enloquece y lo sabes, ¿no?.

Te regalo el primer orgasmo del domingo, en tu lengua, mi culito no para de contraerse, y tus dedos reciben un mar de jugo. Cuando cesan mis contracciones, me doy vuelta, te miro con picardía, te doy un beso en la boca y te hago recostar. Ahora me toca a mí.

Tu pene está por estallar: grande, durísimo, caliente, venoso y lleno de juguito para mi. Es el mejor desayuno, tu juguito. Empiezo pasando la lengua para juntarlo todo en tu cabeza, juego con él antes de tomármelo todo, lo junto y lo dejo volver a caer por tu guevo, juntándolo nuevamente, hasta que queda como una espumita mezclado con mi saliva.

Mientras empiezo a masturbarte con mi mano, tomo todo tu juguito, ¡que está riquísimo! Veo como te arqueas de placer mientras lo hago, más me excito yo, y continúo chupándote alocadamente la pija. Estás al borde del orgasmo, y decido volverte aún más loquito, así que bajo con mi lengua y empiezo a jugar con tus huevos, que están hinchados… les doy mordisquitos bien suaves, sigo lamiendo y bajando. Me detengo justo en la parte entre tus huevos y tu culito, lamiendo rapidito, mientras sigo moviendo mi mano haciéndote enloquecer...

Tu pene se está hinchando cada vez más, se pone más gruesa y yo sigo masturbándote, pero más lento. Ahí tengo a tu culito, lleno de mi saliva, y comienzo a jugar con él pasando mi lengua dibujándolo, haciendo circulitos suaves en el borde. No puedes aguantar más y me doy cuenta, así que en tu culito dejo mi dedo, haciendo circulitos suaves y mi boca se escapa a tu pene, para recibir toda tu leche.

Sueltas un gemido salvaje, me agarras la cabeza y me haces tragar todo tu pene, siento como salta tu leche… ¡me encanta! En lo que acabas, buscas algún rastro de tu orgasmo, pero no existe, me lo trague todo y eso te encanta.

Tomas mi cara entre tus manos y me besas dulce y apasionadamente.

El sol nos quema la piel, estamos transpirados y calientes, tu pene permanece como si no hubieras acabado… ¡y eso me vuelve loca! Tomo tu mano y te llevo al baño, abro la ducha, y bajo el agua tibia, empezamos a enjabonarnos mutuamente, mientras no paramos de besarnos.

Tus manos jabonosas recorren todo mi cuerpo, que sigue ardiendo, igual que el tuyo. Las mías se quedan en tu parte más durita… masturbándote con la mano resbalosa por el jabón.

Te detienes a jugar con mi culito, que te invita a que lo penetres. Metes un dedito, escuchas mi gemido. El agua nos baña la piel y nos excita aún más, me haces apoyar las manos en la pared, me abres las piernas con las tuyas y comienzas a enloquecerme con tu pene.

Estoy «quesuda», quiero sentir tu guevo dentro de mí, te lo pido entre gemidos, pero no me penetras. Estoy tan excitada que no me contengo, quiero acabar y necesito tu guevo para poder hacerlo y ¡no me lo metes!.

Me desespero, me doy vuelta y con fuerza te hago apoyar contra la pared, te hago abrir las piernas y me doy vuelta yo, arqueo la espalda, saco bien mi culo, apoyo tu guevo en mi culito y comienzo a apretarme contra ti… gimes… yo grito… Siento que se me eriza la piel, todo mi cuerpo se estremece al sentirte dentro de mí. Me tomas por la cintura con una mano y con la otra tocas mi clítoris hinchado y deseoso de otro orgasmo que no tarda en llegar.

Sientes que mi culito se quiere comer tu pene, no puedo parar de moverme para los costados mientras acabo, estoy enloquecida, me pides que pare, pero no puedo… ¡Qué placer! Te enloqueces, me haces poner en 4 patas, quedas parado y te agachas apuntando con tu pija en mi culito… Mmmmmmmmmmmmmmmmmmmm La metes toda de golpe, me arqueo al sentirla dentro de mí y empiezas a cogerme fuerte, rápido, con tanta fuerza que me parece que voy a desfallecer…

Te arrodillas detrás de mi, me tomas de la cadera y vuelves a penetrarme, pero esta vez en mi vagina, que está superinundada y caliente.

Me agarras el pelo y lo tiras, para que mi espalda se arquee y tu guevo entre más profundo, yo no puedo creer que pueda estar tan caliente… No puedo aguantar más y tengo otro orgasmo, esta vez mucho más fuerte que los anteriores. Me muevo mucho más, me aprieto contra vos, me restriego, tu guevo, está tan profundo dentro de mí, que sigo acabando, sin parar de moverme, estoy salvaje, no puedo parar, me descontrolé completamente, y tu también…

Te miro y te pido que me llenes de lechita, y en cuanto digo esto, te enloqueces, me coges más fuerte, más profundo, más, más, más…

Yo me muevo para los costados, imposible detenerme…te siento explotar dentro de mí y más me aferro a ti… Quedamos así unos minutos, recuperando la respiración, hasta que me incorporo para buscar tu boca, pero sin dejar que salgas de mí.

Nos besamos dulcemente, me abrazas por detrás… Y decimos, los dos a la vez, las dos palabras que significan lo que siente el uno por el otro.

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