"La puritana" Un relato sexual que te hará volar (XXX)

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Aquí en la Zona Prohibida, nos encanta la temática del relato erótico de este miércoles. Y es que trata de la relación entre un hombre y una chica de iglesia. Una de las fantasías más comunes son las monjas, esperamos que sea de tu agrado.

El relato sexual de hoy se titula "La puritana", y fue publicado por el usuario Benito, para el portal de Marqueze.

"Yo tenía 19 años y Silvia los estaba por cumplir. La conocí en una iglesia protestante. Sus padres concurrían a menudo a esa iglesia y la habían criado bajo ciertos preceptos religiosos.

Se vestía con buena ropa, colorida, pero como dicen ahora, a la antigua. Blusas cerradas casi hasta donde empezaba el cuello, polleras largas, por debajo de las rodillas, zapatos a la moda, ha veces de tacos altos.

Usaba medias o pantys de nylon color piel, pero nunca dejaba que se le vieran mucho las piernas. Me gustó mucho su manera de ser y empecé a darle charla hasta que finalmente aceptó ser mi novia.

Las primeras salidas nos dábamos besos en la boca y cuando yo le pasaba mi lengua ella se sorprendía. Pasaron algunos meses y yo iba para su casa los domingos por la noche, después de la reunión en la iglesia.

Me quedaba a cenar. Sus padres se iban a dormir y nosotros nos sentábamos en el living en un sillón grande de tres cuerpos. Allí nos besábamos pero por pudor no me atrevía a tocarla demasiado.

En el sillón nos sentábamos uno al lado del otro, la luz era tenue, nos abrazábamos y nos prendíamos en un largo beso donde yo le dejaba mi lengua dentro de su boca y empujaba su lengua y ella metía su lengua dentro de mi boca.

Como a veces pasaban varios minutos sin despegar nuestras bocas, casi como por descuido empecé a tocarle las piernas por encima de su pollera.

Como ella no me dijo nada volví a hacerlo y dejé mi mano encima de su pierna, casi tocando su nalga. Nos quedamos así hasta que nos desprendimos.

Como no me comentó nada, al domingo siguiente volví a repetir el juego pero esta vez decidí empezar a tocar por debajo de la pollera. Ella siempre se sentaba a mi derecha, cruzaba sus piernas nos abrazábamos y en esa pose nos besábamos.

En esa posición podía acariciar el lado externo de su pierna derecha desde la rodilla hasta su cadera. Ya la acariciaba por debajo de la pollera pero como usaba pantys siempre sentía en mi mano la textura del nylon. Todo ese momento que estábamos abrazados mi pene estaba rígido y más de una vez volvía a mi casa chorreando semen.

Cada paso que avanzaba mis en mis caricias, temía que me hiciera algún reproche religioso, pero nunca me decía nada al despedirnos. Solamente cuando nos sentábamos en el sillón, antes de empezar a besarnos me decía que tratáramos de contenernos un poco pero mis caricias le gustaban tanto como a mí.

Una noche puse mi mano izquierda entre sus piernas, primero la dejé quieta y luego empecé a subir, no llegaba a tocar su entrepierna y volvía hacia la rodilla, lo hice varias veces hasta que toque su entrepierna pero la bombacha que usaba y los pantys encima formaban una barrera impenetrable a su sexo. Igual deje mi mano apretando su sexo y la saqué ya cuando nos despedimos.

No me hizo ningún comentario salvo el consabido, que debíamos controlarnos. Los días de semana no la podía ver por mi trabajo. La llamé por teléfono como lo hacía a menudo y me dijo si quería verla antes del domingo.

Ella miraba una novela que daban los viernes por la noche, me invitó a cenar a su casa y luego de ver la novela nos fuimos a sentar al sillón del living. Sus padres ya se habían ido a dormir hacía un buen rato.

Se había bañado antes que yo llegara, como no era el día de ir a la iglesia estaba con ropa más informal, tenía puesto un vestido de entre casa, con  8 botones desde el cuello hasta el borde de la falda que le quedaba unos 10 cm. arriba de las rodillas.

Era la primera vez que veía el color de piel de sus piernas. Ella se sentó como siempre a mi derecha, yo le dije que me quedaría solo un rato más porque estaba un poco cansado.

Tomé sus manos, acerqué mis labios a los de ella y empezó a besarme, la abracé y ya casi por costumbre puse mi mano izquierda sobre su pierna derecha. Noté por primera vez la suavidad de su piel. Acaricié por un momento el lado exterior de su pierna y llegué hasta su cadera, pensaba encontrar el borde de la bombacha, pero toqué su nalga casi hasta la raya de su culo.

Me llamó la atención porque me decía que ella usaba bombachas grandes y pensé que tendría puesta una un poco más pequeña por eso no la podía tocar. Noté que la piel de su pierna se había erizado. Con mi mano le descrucé las piernas y empecé a acariciar el interior de sus muslos hacia su sexo pero sin llegar a tocarlo.

Volvía hacia las rodillas le acariciaba un poco la parte interior de las piernas y volvía con mi mano hacia su sexo ella no despegaba su boca de la mía, entonces avancé mi mano hacia su sexo esperando tocar la bombacha y noto que estaba desnuda, empecé a tocarle la concha y la tenía totalmente mojada.

Separé un poco mi mano y la deje a unos centímetros de su concha, ella se abrió de piernas y empezó a moverse hacia delante para que su concha se topara con mi mano.

Con dos de mis dedos le abrí los labios de la vagina y con el dedo del medio le empecé a tocar el clítoris, estaba toda mojada. Mi pija soltaba semen que traspasaba hasta el pantalón.

Sin sacar mi mano de su concha me arrodillé frente a ella, ella seguía sentada con las piernas abiertas y tomando mi cabeza con ambas manos no paraba de besarme.

Con mi mano derecha le empecé a desabrochar el vestido, se lo abrí completamente y como tampoco tenía puesto corpiño le empecé a chupar las tetas.

Así la tenía con mi mano derecha dentro de su vagina, con el dedo mayor tocando su clítoris y metiéndoselo dentro de la concha, chupándole el pezón de la teta derecha y con mi mano derecha le tocaba y estimulaba el pezón de la otra teta.

Ella gemía tratando de no hacer mucho ruido, le acerqué mi boca a su oreja y le dije ¿que querés que te haga?, Hacéme lo que quieras me respondió.

La tomé por las nalgas y la acerqué al borde del sillón, tenía las piernas totalmente abiertas, sin dejar de tocarle el clítoris me solté el pantalón, saqué la pija y se la empecé a pasar por la concha toda mojada, me tomó por las caderas y me llevó hacia ella tenía la concha tan mojada y yo la punta de la pija con tanto semen que la pija le entró hasta que se tocaron los pelos de nuestros genitales.

Tenía toda la pija adentro y la tiré sobre el sillón puse mis manos a los costados de su cuerpo y empecé a mover mi cintura haciendo que la pija entrara y saliera de su concha.

Me acerqué nuevamente a su oído y le susurré que me estaba por salir, Su respuesta fue ¡lléname de leche! No aguanté más y descargué todo mi semen dentro de su concha.

Me separé un poco y noté que era su primer orgasmo le había quedado la vagina sensible y casi no toleraba que se la siguiera tocando. Se incorporó y en el vestido había unas manchas de sangre.

Como se dio cuenta que la había desvirgado sintió algo de culpa y me pidió que me vaya. El domingo siguiente me dijo que no quería verme más.

Pasaron unos meses y me encontré con un fulano que iba a esa misma iglesia. Le pregunté por Silvia y me contó que ya no se viste como antes.

Usa polleras más cortas, un escote que deja ver sus tetas, se insinúa a todos los hombres de la iglesia, ya se la cogieron como diez muchachos y al pastor de la iglesia lo echaron porque lo encontraron chupándole la concha, sobre un escritorio de la secretaría de la iglesia".

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