Entre semana erótica, el relato de Judith con los vecinos

Vecino

Ya estamos a mitad de semana pero eso no nos detiene en la Zona Prohibida, pues entre semana, esta vez les traemos un relato erótico con deseos entre vecinos.

El relato de hoy se titula, "Judith: sorpresa en casa de mi amante", escrito por el usuario: Janinho, del portal Marqueze.

"Quizás ya me conoces, estimado lector. Soy Judith, me casé muy joven con Javier y en estos últimos años no me sentía guapa ni atractiva para los hombres, ni para mi marido.

El espejo, mis amigas e incluso muchas miradas o piropos de los hombres, me indicaban que soy muy hermosa, pero mi esposo, tan frío conmigo, me confunde.

Hasta que mi vecino José, hace sólo unas semanas, me hizo sentir deseada y sexy. Me resistí a volver a visitarle. No quería poner mi matrimonio en peligro. Quiero mucho a mi esposo y no querría darle un disgusto.

En lugar de eso, me doy placer varias veces al día con el consolador rosa y con José en el pensamiento.

Pero hace tres días, mi vecino me mandó un mensaje con todas las fotos tan explícitas que me hizo cuando estuvimos juntos y unas palabras: “te deseo y quiero que vuelvas a ser mía”. Y como postdata, “no querría que tu marido cornudo llegara a ver estas fotos”.

Las borré enseguida de mi móvil. Me halagaba que José me deseara, y más cuando Javier apenas me miraba, pero no me gustaba el tono de amenaza que se desprendía del mensaje.

Y ayer, otro: “ahora mismo le mando un mensaje con unas bonitas imágenes a tu marido. si no vienes, no serán las últimas”. Me asusté mucho y cuando Javier llegó del trabajo me dijo:

  • Mira, Judith, el vecino me ha mandado esto.

Yo me ruboricé y asusté, no sabía dónde ponerme, pero me calmé al ver que sólo se trataba  de unos chistes.

Poco antes de acostarnos a dormir, José me mandó un nuevo mensaje: “espero que te haya hecho gracia. el próximo mensaje que le mandaré será mucho más interesante. Ven mañana, tenemos mucho que hacer,  se puntual a las ocho y cinco de la mañana.”

Esta noche no pude dormir, estaba muy nerviosa, también muy excitada, por qué negarlo.

Cuando Javier se marchó al trabajo, me quité el pijama, me rasuré completamente el pubis y la cosita; me duché, me coloqué una crema suave y olorosa en la colita y la vulva.

Me maquillé muy bonita, me puse mi perfume favorito, mi ropa interior más sexy, de encaje de un blanco inmaculado, una bata blanca muy transparente y cortita y decidí dejar las cosas claras con Javier, “qué se habrá creído!”.

Llamo a la puerta de mi vecino y me abre totalmente desnudo.

  • Oh, vaya, ¿pero qué…?
  • Judith, vienes media hora tarde. ¡Me parece que tendré que castigarte!
  • Oye, vístete, por favor, o me voy ahora mismo! Sólo vengo a hablar, Bueno, a reñirte. ¡Pero vístete, si te estás…!
  • ¡Sí, claro, empalmándome! ¡Pero cómo no voy a hacerlo si vienes así vestida! Y con lo buena que estás! Ven, ven.
  • No, no, déjame, vengo luego.
  • ¡Tú te quedas aquí! Con lo que me cuesta que vengas a verme.
  • ¡No, así desnudo, no!
  • ¡Mira cómo vas tú! Se ve claro a lo que vienes, por eso yo ya estoy preparado.
  • Te digo que sólo vengo a hablar. Pero eso no quiere decir que no venga arreglada.
  • Ya, si estás impresionante. Sólo que… veo que ya estás mojando las braguitas.
  • ¡Oh, vaya! Es que… ¡Verte así! ¡Totalmente empalmado! Y… ya tienes la punta húmeda.
  • ¡Pues claro, mi polla se prepara para venir a visitarte!
  • Nada, nada de eso.
  • Mira, ¿ves? Eso es para ti.
  • ¿Qué? ¿Otras esposas? ¡No!
  • No, no son esposas, no.
  • ¡Me voy!
  • Espera, mira, ¿ves? ¡Ya está! – me pone una argolla en el tobillo y ata el otro extremo a una pata de la mesa.
  • ¿Pero qué te has creído? ¡Desátame ya! ¡O voy a gritar!
  • Sí, vas a gritar, pero de placer. Tengo otra sorpresa para ti. ¡Mira! ¡Jorge, ven!
  • ¿Jorge? ¿Qué Jorge? ¡Oh, Jorge! Pero… ¿qué haces aquí?
  • Hola, Judith
  • Le conté a Jorge, nuestro vecino del quinto, lo cariñosa que eres, y que hoy vendrías a verme otra vez y claro…
  • Yo, yo sólo vine a hablar con José, no… sólo que no me vestí, salí así de casa…
  • José me invitó. Me dijo que estarías contenta de tener a dos hombres sólo para ti. Pero si molesto…
  • Por favor, José, desátame! Yo me voy.
  • No te desato, no. Y menos si te vas a ir. Ven, ven, Jorge, mira, primero le quitamos las braguitas, que están totalmente empapadas, ya ves que es una chica muy caliente!
  • ¡Oh, qué bien huelen!
  • ¡Déjenme, déjenme!
  • ¡Pero si esto te excita! A ver, Judith, ¿no has desayunado, verdad? Pues va, ven, Jorge vamos a darle el desayuno, verás que bien la chupa.

Quiero morirme cuando veo a Jorge sacarse el enorme pene del pantalón, completamente tieso, y me lo acerca a la boca. Lo mismo hace José.

De ninguna manera quiero abrir la boca, pero ellos presionan mis labios, me los humedecen con sus glandes, hasta que el olor a polla me vence y enseguida beso las dos vergas, sorbo las gotas de líquido preseminal y chupo desesperadamente las puntas.

Cojo una con cada mano y apartó el prepucio y lamo con fruición ambas trancas, y Jorge dice que las chupo muy bien, y José se fija que estoy mojando el suelo con mi flujo y dice que soy una gatita caliente.

José acerca su mano a mis labios vaginales e introduce sus dedos en mi vagina y le dice a nuestro vecino que me acaricie el clítoris, y verá lo loca que me pongo.

Y es cierto porque sólo rozarme ya me corro y lanzo un gran chorro de squirt que moja el pantalón de Jorge y las piernas de José.

José dice que soy una cerda por manchar el pantalón a nuestro vecino y a él que le dice, mira lo marrana que es no tiene vergüenza.

Yo me muero por tener dos pollas en mi boca, y Jorge grita que ya no puede resistir más y que se va a correr dentro de mi, y Jose le dice que me de toda la leche que verá como me la trago y es cierto porque recibo su semen con agrado y me lo bebo todo y no puedo evitar decir qué rico y eso excita más a José y lanza toda su líquido en mi garganta.

Después se pone en cuclillas e invita a nuestro vecino a hacer lo mismo, me abre los labios vaginales y empieza a lamérmelos, y también las piernas; el clítoris; las ingles; el perineo; el agujero del ano.

Jorge, aun en cuclillas, se pone detrás y me agarra ambas nalgas y empieza a lamerlas y a mordisquearlas; mientras José me sigue abriendo los labios y penetra mi sexo con su lengua dura y húmeda.

Mientras, me acaricia hábilmente el clítoris y yo suspiro cada vez más, José le dice a Jorge que nuevamente me voy a correr, y enseguida tengo un orgasmo y lanzo mi ambrosía a los dos hombres.

Les digo que este es su desayuno y ellos me lo agradecen y dicen que es muy sabroso y caliente cosa que me excita todavía más y hace que me corra de nuevo en sus caras."

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