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    "Sin morbo no hay paraíso" nuestro relato sexual de este lunes

    Lucas estaba en un momento importante de su vida, dejaba atrás muchas cosas por otras totalmente nuevas, aunque lo desconocía por aquel entonces.

    Viajaba en tren con una maleta cargada de previsiones para el futuro, mientras leía su pequeño diario en el que escribía insignificantes ocurrencias y reflexiones.

    ¿El motivo de todo?, uno de los más recurrentes actualmente para la emigración de jóvenes como él, el trabajo, aunque no le faltaba, ya que dejaba uno por otro algo mejor, su titulación y su excelente expediente académico hicieron de él un hombre afortunado al que le dieron la opción de vivir con dignidad, tan codiciada y negada para la mayoría. Lucas estaba titulado en ingeniería aeronáutica, recién graduado consiguió su primer trabajo cerca de su localidad natal, de cuyo nombre no quiero acordarme,  que le permitió vivir unos años felices junto a su pareja y su familia.

    Pero la decisión de aspirar a algo mejor estaba tomada, para ello había que pasar por un cambio de ciudad y por el hecho de seguir manteniendo su relación a distancia, al menos durante una temporada, o eso creía él, pobre iluso.

    Entre sus previsiones lejanas sólo había aspiraciones demasiado improbables como para entrar en detalle en este momento, de tal modo que pasaremos a las más cercanas. En el día de hoy tenía previsto llegar al hotel donde se alojaría durante la noche, y reflexionar sobre la entrevista que tenía pactada al día siguiente, simplemente era un trámite, el trabajo era suyo y lo sabía.

    En el transcurso del viaje, pasaban las horas en el tren, lentas, aburridas y monótonas. El vagón prácticamente vacío creaba un ambiente silencioso y tranquilo, sólo le acompañaban una pareja de ancianos situados al final del vagón, y una chica aparentemente joven entre 20 y 25 años situada a su derecha y una fila de asientos más adelante, la cual tenía muy observada, era de esas chicas que incitan a mirarlas, vestida con unos mini short vaqueros rasgados en los bordes, tan de moda y generosos para las miradas masculinas, y femeninas también, por qué no. Complementando a esos mini short acompañaba una camisa de tirantes color blanco, de tacto suave parecía, por la que caía su melena rojiza con mechas en tonos más claros, dejando en su recorrido una pronunciada y firme curva debido a sus turgentes y enormes pechos, demasiado descompensados en tamaño en relación a su cuerpo, pues se trataba de una mujer de estatura media entre 1.65 y 1.70 metros, pero con una anatomía bien firme y cuidada. Su actitud relajada e indiferente dejaba la vía libre para la mirada detenida de Lucas, que observaba sus piernas descubiertas, bronceadas con un tono marrón brillante y perfectamente depiladas, cruzadas entre sí de tal forma que dejaba ver todo el volumen de carne firme que tenían, además el constante meneo de sus pies ayudaba a la imaginación de cómo ver esas piernas en un movimiento repetitivo de ida y vuelta, sólo se trataba de cambiar mentalmente la superficie sobre la que se hallaba sentada e imaginar las muchas formas de poder penetrar para hacer gozar a semejante mujer. En sintonía con ese cuerpo bien cuidado aparentemente, se encontraba su rostro, un rostro delicado y tímido, ingenuo e inocente, aparentemente, sus ojos color café hacían juego con sus labios pintados de color tenue y sus mejillas poco resaltadas, en contraste su rojiza melena tintada y alisada recientemente.

    Desde la entrada de Lucas en el tren habían coincidido varias veces con la mirada, algunas lo suficientemente duraderas como para deducir cierto interés. Lucas pasó mirándola alrededor de una hora y comenzó a estar cansado de observar e imaginar lo que a esa sencilla chica de pechos grandes le podría gustar hacer en su intimidad. Debido a la pequeña llama de excitación que había causado en él penetrar mentalmente a aquella mujer con todo tipo de objetos y en todo tipo de posiciones, Lucas se decidió a leer y echar más leña al fuego para  llevarle a un estado de excitación mayor. Para ello sacó su Smartphone del bolsillo y comenzó a leer relatos eróticos que tenía guardados en él, tenía especial gusto por ellos, sobre todo por los de una autora en concreto, que reencarnada en la protagonista de sus relatos, dibujaba hábilmente en la imaginación de sus lectores a una mujer madura e infiel a la que le gustaba disfrutar de suculentos y variados penes de edades mucho más reducidas a la suya. De mente pervertida, lenguaje sencillo, claro y en ocasiones vulgar y sucio, hilaba perfectamente todo en un contenido de letras y fantasía que hacían de Lucas un hombre totalmente fuera de sí, al igual que a su pene, que buscaba fuera de su hábitat natural el espacio necesario para desarrollar semejantes erecciones provocadas por aquella mujer. Él también compartía ese gusto por la diferencia de edad, sólo que al contrario, a Lucas le excitaba sobremanera las mujeres mayores que él y encontrarse con una con un nivel de tentación y excitación mental como esa autora, podría sacar de él su lado más locuaz y pervertido, haciendo llevar su imaginación a límites insospechados.

    Tras media hora de lectura en la que la protagonista del relato ya había disfrutado de su ración de pene fresco diario, esta vez vía anal, en la mente de Lucas se despedía una imagen provocada y excitada por esa autora: esa mujer que lucía un florido vestido, ajustado de cintura para arriba, que resaltaba sus medianos pechos y su figura estilizada, corto y holgado de cintura para abajo, terminando a media altura de su muslo, dejaba ver sus largas y realzadas piernas que posaban sobre zapatos de tacón de aguja color azul cielo, perfectamente conjugados con el floreado vestido. Esa mujer recién enculada, cuyo ano había quedado repleto de una abundante y espesa eyaculación, volvía a casa en transporte urbano, pensando todo lo que la tarde le había dado de sí y no siendo lo único que lo hizo, pues notaba cómo aquel joven había excedido su fervor y lo había pagado con su delicado ano, ahora llameante y en ruinas. El propio calor interno de la mujer provocó que se descompusiera y derritiera lo que ese ano seriamente dilatado alojaba, además, su ausencia de ropa interior haría imposible la contención de semejante desbordamiento seminal e irremediable situación provocará un afluente de semen que lentamente saldrá, sin permiso alguno, de aquel perjudicado culo.  El viscoso y cálido fluido recorrerá sus ingles, sus muslos, sus rodillas, dejando a su paso un mar de escalofríos que atravesarán la espalda de aquella satisfecha y usada fémina, que mirará sonriente a sabiendas de lo que acontece en sus piernas, guías de aquel torrente. Como mujer cautelosa tomará la decisión de sentarse en un mugriento asiento de aquel vehículo urbano para que el núcleo de la tormenta alojado dentro, no descargue directamente sobre el suelo, sino que lo haga paulatinamente, recorriendo todas sus piernas, alargando en el tiempo aquella magnifica sensación. Ese fluvial caudaloso bajará hasta sus tobillos, sus talones, e irá almacenándose en la concavidad de sus pronunciados zapatos, bajo el puente de sus pies. Conocedora de su vulgar imagen, busca una mirada cómplice con alguien que se hubiese percatado de aquella sucia situación, con el objeto de aumentar en ella esa sensación de suciedad y morbo que tan mojado y húmedo mantenían su sexo. Dado el nivel de atención de los viajeros y la limpieza del transporte público, aquella situación quedo desapercibida, junto a un charquito de semen diluido, fruto de aquella tormenta, que dejó en su asiento y que descubrió al levantarse para abandonar el vehículo y dirigirse a su familiar hogar.

    Lucas tras esta mala pasada de su mente que produjo en él un estado de descontrol, se dispuso a guardar el Smartphone en su bolsillo izquierdo, algo le impidió el paso, sí, era su pene que experimentaba una brutal erección, no le quedó más remedio que guardarlo en el bolsillo derecho. Al mirar su pantalón observó como una mancha rodeaba la punta de su hinchado pene, disimuladamente introdujo la mano bajo su bóxer, estaba empapado en líquido pre-seminal. Al sacar su mano llena de fluidos miró para ver si alguien se había percatado, ante su sorpresa la chica pechugona de los mini short no estaba, y la pareja de ancianos seguía en su sitio distraídos en su lectura. Lucas se dispuso a poner solución a todo aquello en el servicio del tren, miró que no había nadie en el visor de ocupación del WC y se levantó de su asiento. Por suerte el lavabo colindaba con el vehículo que ocupaba, de tal forma que sin esperar a bajar su erección se dirigió a él, al abrir la puerta en un primer instante, notó cierta resistencia, por lo que empleó algo más de fuerza; entonces oyó:

    -Ocupado-  una voz femenina y repentina surgió de dentro del pequeño habitáculo.

    -¡UPS! ¡Perdona! -dijo Lucas sorprendido por el hecho de que estuviera ocupado el lavabo. La inercia de la puerta a abrirse hizo que hubiera un campo de visión para ambos durante un pequeño período de tiempo. No podía ser otra, Lucas vio a la chica mini short sentada en el wáter, un poco inclinada, intentando cerrar la puerta con una mano, sin aparente preocupación, mientras la otra la tenía entre el wáter y su carnosa pierna, en un acto de limpieza post orina o quién sabe, quizá estaba masturbándose. Los mini short en los tobillos dificultaron el reconocimiento de que era ella, y sus bragas color dorado por encima de sus rodillas, apretaban sus piernas provocando una nueva estampida de morbo en Lucas.

    -Lo siento- dijo él, mirando sin perder detalle de aquel momento antes de cerrar la puerta. A ella en ese corto instante, también le dio tiempo a ver su no menos llamativa estampa, vio a ese chico con el que se había estado cruzando miradas pasajeras (como no podía ser de otra forma) durante el transcurso del viaje, al que había pillado numerosas veces con su mirada fijada en ella a sabiendas que estaba desnudándola con su mente, hecho que le gustaba y excitaba. Desde el primer momento que lo vio le había causado cierto misterio, por llamarlo de alguna manera. Un hombre joven, alto de entre 1.85 a 1.90 metros, de cabello oscuro y ojos miel, con un bello facial arreglado que estilizaba su rostro y hacía resaltar el blanco de sus grandes ojos, aglomerado en una figura esbelta y corpulenta. Vestía de forma elegante, con pantalones tipo chino color beige y una camisa lisa de color azul claro, en su pantalón marcaba un tremendo bulto de importante grosor y en cuyo fin había un cerco más oscuro que rodeaba lo que ella dedujo que era su glande. Su brazo sostenía una mano llena de algo pringoso y que pudo imaginar de qué se trataba. Avergonzada y sorprendida, una vez Lucas cerró la puerta, comenzó a reír para ella misma e instintivamente mordió su labio inferior con sus dientes en un gesto de deseo e interés por ese abultado bulto.

    -Perdona, ya puedes pasar -dijo la mini short, que se situó entre los asientos en los que estaba sentado Lucas, mientras averiguaba si ese bulto seguía ahí.

    -Vale gracias y perdona por abrir la puerta, ahí ponía que no había nadie y pensé… que…bueno…- decía Lucas con síntomas de nerviosismo muy evidentes.

    -Tranquilo, no sé si habrás visto algo, de todas formas si lo has hecho eso que te llevas -se semi-insinuó aquella chica de presunta apariencia inocente, dedicando una encantadora sonrisa al descontrolado Lucas.

    -Eee…no…no alcancé a ver nada- balbuceaba Lucas-. Bueno… sólo vi tus braguitas doradas, que la verdad me han llamado la atención.-Dijo armándose de valor y puede que debido a todo el morbo que llevaba.

    -Hahahaha, ¿te gustaron?- Decía mientras reía y se sentaba en el asiento junto a Lucas a la vez que le tendía la mano en forma de saludo. – Me llamo Alicia­, encantada.

    -Yo soy Lucas -tendiéndole la mano izquierda ya que la otra se encontraba aún muy pringada de pre-semen, improvisó asustado ante esa inesperada situación.

    -¿Eres zurdo? ó ¿es que no quieres darme la otra mano?-Incordiaba Alicia, ya de nombre conocido, menuda ella.

    -No tengo ningún problema en dártela, soy diestro. -Sentenció Lucas cansado del incordio de Alicia, dándole la mano untada de pringue, apretándola con un gesto sonriente en su cara, mientras permanecía atento a su reacción.

    -Un placer.-Dijo ella, mientras hacía un gesto levantando su ceja, expresando travesura.-Imagino que este líquido que nos une viene de ese bulto que has dejado al descubierto, y por cierto, se te ha manchado el pantalón. -Decía mientras miraba la zona de su pene aún en erección y manteniendo la mano apretada.

    -Pues mira sí, me has pillado, esto que nos une viene de aquí -señalando con la mirada aquella cordillera que se alzaba en el pantalón.

    -Ummm ¡vaya!, pero… ¿qué has estado haciendo, te has masturbado en el tren?- se mordía el labio mirando a Lucas a los ojos. - ¿Ibas al baño a limpiarte la corrida?- decía mientras soltaba la mano y se la llevaba a la nariz para experimentar su olor.

    -No no, no me he masturbado joder, sólo me he excitado un poco, y tampoco me he corrido, ¿tú quién eres, una semen adicta o qué?- Dijo Lucas, sorprendido de la actitud y el nivel de morbosidad que mostraba aquella mujercita.

    -Hahaha,-reía la golfa de ella-, lo cierto es que huele a polla ¿hace cuánto no te corres?- Dijo Alicia siguiendo con la travesura.

    -Esto… ¿Qué?...pues no lo sé ¿qué más da eso?- Menuda zorra, pensó.

    - Joder tío no quiero imaginar si todo esto sale por una erección que saldrá de una corrida. -Decía Alicia mientras se limpiaba la mano en sus apretadas piernas, llevando de nuevo su mano a la de Lucas para repetir el proceso y limpiar todo en aquellas compactas piernas–. Tranquilo, esto hidratará mi piel, no importa. –manoseaba sus piernas, dejando bien extendido aquel líquido por todos sus broceados y ahora brillantes muslos.

    - Uff Alicia de verdad, no se qué estás haciendo pero me tienes muy cachondo, si seguimos con este juego, reviento, en serio, me duele la polla, lleva ya una hora más dura que el carril de la vía.- Dijo Lucas sin saber muy bien que estaba diciendo, cautivo de las continuas insinuaciones totalmente directas de Alicia.

    - Mira tío siendo sincera, me he fijado en ti desde que subiste al tren y después de lo del servicio me he puesto aún más cachonda. - Se sinceró aquella chica totalmente desesperada.

    - ¿Aún más?...pero…o sea que… ya estabas… ¿y eso?-respondía intrigado Lucas.

    - Verás no soy una chica normal, tengo un problema, soy ninfómana, para vosotros suena excitante y morboso pero la realidad es que es una mierda, me cuesta mucho llegar al orgasmo y eso hace que esté todo el día cachonda perdida, y como supere ciertos límites me pueden dar ataques de ansiedad. Me diagnosticaron la enfermedad con 17 años ahora tengo 28, llevo 11 años deseando sexo a diario, masturbándome constantemente, es lo peor créeme. –Confesaba Alicia con rostro serio, que se encontraba un poco fuera de sí debido al deseo de sexo que la invadía.

    -Joder ¿ninfómana?...entonces ¿lo que estabas haciendo en el servicio no era mear?     -preguntó Lucas extraviado y completamente confundido con el cambio de carácter tan contrastado de Alicia.

    -Vosotros los hombres todos iguales, te confieso algo muy personal y ¿sólo piensas en saber lo que hacía en el baño? Que haría yo si no fuerais así hahaha. -Reía ahora, en otro poco razonable cambio de actitud-. ¿Quieres saber lo que hacía? Llevaba a cabo mi tratamiento, todos los días antes de salir de casa me introduzco unas bolas chinas en el coño y un plug en el culo, con el roce continuo de andar, sentarme, va aliviando mi sed de sexo y hace que se mantenga contante en lugar de que aumente, pues bien, en el servicio sólo estaba cambiando mi plug por uno de mayor diámetro, cuando has entrado a molestar.- Se dirigió a Lucas con una gran sonrisa, posando la mano en su rodilla.

    -Venga tía, esto no hay quién se lo crea, me estás diciendo que ¿todos los días sales con eso puesto de casa? No me lo creo.-Se negaba Lucas con la cabeza.

    - ¿Ah no? ¿Qué nos apostamos? Si me saco ahora mismo aquí, delante de ti, el dilatador que llevo en el culo ¿qué me das? -Desafiaba Alicia a Lucas en actitud traviesa y juguetona.

    -¿Qué te doy? Pues…no se… -pensaba Lucas medio anestesiado por esta situación que lo estaba volviendo loco, ahora entendía por qué se menaba tanto mientras estaba sentada en al asiento.

    - Si resulta que realmente llevo uno puesto, tú tendrás que liberar a tu amiguito y presentármelo, y si te estuviera mintiendo te daré mis braguitas doradas que al parecer te gustaron. -Resolvió aquella situación de la forma que menos se podía esperar Lucas, le daba igual ganar que perder, Alicia era una adicta al sexo y así lo demostraba.

    - Espera espera…pero ¿aquí?...no no no…nos verán, vámonos al final del vagón, así podremos ver si viene alguien. -Cogió la mano de Alicia y se levantaron camino de la última fila de asientos, ella pasó al asiento de la ventanilla primero quedando él en el lado del pasillo. Estaba deseoso de resolver aquella situación pero sobre todo en ver dónde desembocaba.

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    - Vale ¿estás listo? Vigila que no venga nadie.- Alertó a Lucas, dándole con el codo en el brazo y procedió a demostrarle lo que le había prometido. Se dispuso en una postura complicada, dejó resbalar su cintura por el asiento quedando apoyada con la espalda sobre él, su cuello se flexionaba hacia delante debido al respaldo, con los pies plantados en el suelo levantó su cadera mientras desabrochaba el botón de esos mini short al mismo tiempo que se los bajaba de un tirón hasta la altura de sus rodillas.

    - Mírame y no me quites ojo, te voy a dar unas bonitas vistas para que recuerdes el viaje.-Le decía a Lucas mientras subía sus pies al respaldo del asiento de enfrente ejerciendo fuerza sobre él para mantener la postura, dejando totalmente ofrecida su zona genital-. ¿Estás preparado?- Dijo, mientras ante la atenta mirada de Lucas, apartaba sus bragas doradas con una mano y con la otra tanteaba la posición de la pestaña del plug que dilataba su sensual y limpio orificio fecal, en ese gesto también se descubrió parte de su vagina, los labios reapretados por la incómoda postura dejaban ver entre ellos un pequeño hilo con un aro en su extremo.

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    -¿Lo estás viendo verdad? seguro que lo quieres ver más de cerca, os conozco muy bien…- de tal forma que, ante la cara de incredulidad de Lucas, agarró con sus dedos pulgar e índice la pestaña de aquel dilatador anal y con un gesto fruncido en su cara a la vez que cerraba sus ojos, expulsó aquel artilugio lentamente, llevándose con ella en ese primer impulso la zona de piel más oscura que rodeaba su ano, hasta que la tirantez de la misma hizo que saliera esa primera sección de mayor diámetro del íntimo instrumento que había quedado taponado, hecho que facilitó la libre salida del resto del plug mientras su anito se despedía cerrándose a su paso en forma de cariñoso abrazo. Entonces de forma totalmente involuntaria y quizá cotidiana se lo llevo a la boca, para sostenerlo mientras subía sus pequeños pantalones. -¿Qué? No pasa nada está limpio, uso micro enemas a diario para mantenerme limpia ante visitas inesperadas, es algo a lo que me he acostumbrado, es como cepillarme los dientes hahaha.- Respondía a la pregunta que nadie hizo, pero que todos se hacían (sí, eran dos, pero eran todos, ya que los ancianos que los acompañaban se habían bajado en la estacón precedente).

    - Joder Alicia, ¡joder! ¡como estás de rica!...uff… ¡me encanta que seas así de guarra! me tienes muy ¡cachondo! menudas vistas si, no te preocupes que las recordaré para siempre, -decía él, mientras se sujetaba la raíz de su pene sobre el pantalón y observaba que aquel cerco alrededor de la punta había aumentado notablemente. Ella sonreía sosteniendo el plug con su mano, mientras miraba aquello con lo que debían obsequiarla tras ganar la apuesta, y llevó el dilatador a su nariz de nuevo como si una de una catadora de aromas se tratara.

    - Mira ¿ves? No huele. –dijo mientras acercaba el plug a la nariz de Lucas en un gesto muy sucio por su parte, pero excitante para él. – Ahora te toca a ti… no puedo esperar más, has perdido, tienes que presentarme a tu colega. -Impacientaba Alicia que se remordía los labios una y otra vez ansiosa.

    - Está bien…tú ganas. -Abrió la cremallera de su pantalón  y realizó un primer intento por sacar su pene erecto, pero la punta quedaba demasiado lejos de la apertura del pantalón de tal forma que se hizo imposible, por ello desabrochó el botón y en un acto semejante al que Alicia hizo, alzó sus caderas y bajó de un tirón su pantalón, bóxer incluido, dejando totalmente al descubierto a su colega, que diría aquella chica excitada. Ella contemplaba boqui abierta aquel voluminoso pene, su primera reacción fue reír, la segunda, meterse aquel dilatador que sostenía completamente en la boca, relamiéndolo y tragando su saliva abundante. Mientras, Lucas asomaba la cabeza por el pasillo en actitud vigilante, su corazón latía muy rápido, pues se encontraba ante una situación nunca antes vivida. La miró y le dijo:

    - Bueno este es mi colega, que como ves es muy…muy….- ¡Joder! -interrumpió Alicia-. ¡Menuda polla tienes hijo! está empapada, tienes toda la ingle mojada ¿hace cuánto que no te corres? ¡Madre mía! –exclamaba.

    - Pues hace unos días la verdad, pero ya que os conocéis será mejor que la devuelva a su hogar, ese era el trato ¿no?

    -¡Espera! ¿Qué haces, estás tonto? Déjame que me presente. –Y envolviendo con la mano aquel lubricado pene mientras abandonaba a su suerte a aquel plug en el frío suelo, en contraste con el caliente ojete en el que había estado parte de la mañana, puso en pie el pene, dejando al levantarlo un puente de líquido pre-seminal que comunicaba la punta de su pene con la parte de la pierna sobre la que descansó.

    Alicia boqui abierta observaba aquel grueso miembro, su diámetro fue lo que más le sorprendió, su mano lo sujetaba desde la raíz, atirantando la piel, dejando desnudo aquel glande tremendamente hinchado, más grueso aún que el tronco del pene, recordando a ese pronunciado contraste de diámetro reflejado en su dilatador. Su pequeña mano de delgados dedos no conseguía rodear por completo aquel sujeto viril, no alcanzando su dedo pulgar ninguno de los otros, en un acto de medición, giró su mano hacia su campo de visión para corroborar que no sólo no se tocaban, sino que también estaban lejos de hacerlo. Semejante pene necesitaba un importante caudal de sangre que se propagaba a través de una gruesa y notoria vena que lo acompañaba a lo largo de toda su longitud, entre 17 y 18 cm, la vena se ramificaba con venas de menor sección, aunque no por ello menos notorias.

    Sin mas dilaciones, con la mano que tenía libre retiró aquel hilillo que colgaba del pene de Lucas y lo extendió entre su mano notando su viscosidad. -¡Vaya! Como lubrica, este líquido facilitaría muchas cosas a veces. –Decía mientras posaba la mano en esa cabeza hinchada y rojiza a la vez que la hacía descender apretando a su paso hasta llegar a sus testículos, donde limpio el exceso de líquido. Lucas se estremeció sintiendo como algo atravesaba su espalda, era puro placer.

    -Uff…Joder, tengo novia ¿sabes? –Confesó Lucas en un momento de lo más inoportuno a la vez que se retorcía de placer.

    -¿Enserio? –contestaba Alicia, mientras masturbaba lentamente el escurridizo pene apretando bien a su paso y terminando en un movimiento circular en la base de la polla, para repetir de nuevo-. ¿Y crees que eso me importa? –dijo antes de levantarse repentinamente del asiento, para luego arrodillarse en el suelo continuando con tan placentero masaje–. Estoy acostumbrada a ser educada y cariñosa de modo que suelo dar un par de besos a quién me acaban de presentar. –Confesó, fundiéndose en una intensa mirada con Lucas a la vez que recogía su pelo en una coleta un poco más arriba de su nuca.

    -Alicia no creo que….ahhh…ohhh…oohhh…pero ¿qué haces? –Intentó decir Lucas, pero ella ya se había abalanzado sobre su pene introduciéndolo en su pequeña boca, apenas le cabía el glande y el final de aquel grueso tronco quedaba lejos. Ella ansiosa, forzaba contra su garganta la irrupción de aquella dura  maza, emitiendo sonidos de arcadas y escupiendo sobre su polla toda la saliva que estaba produciendo.

    -¡Quiero que te corras!, y quiero que lo hagas en mi boca, descarga todo en mi por favor. –Le suplicaba a Lucas con su boca abrillantada por la saliva que le resbalaba, posándose y colgando de su barbilla a la vez  que goteaba en su voluminoso escote. Tomó aire y comenzó a tragarse su más preciado tesoro, una vez se quedaba parado contra su garganta, ella movía la cabeza al mismo tiempo que empujaba para provocar la repentina entrada de algunos centímetros más. Lucas la ayudaba empujando su cabeza, cogida por la coleta llevándola contra él, experimentando una sensación de presión en su polla pocas veces sentida. En una de las liberaciones de su garganta obligadas para que aquella jadeante muchacha tomara aire, dijo:

    -Vigila Lucas que no venga nadie. –Le comentaba con habla fatigada.

    -Tú sigue. –Y cogiéndola de nuevo por su coleta la guio hacia su recto camino. Él se asomaba por el pasillo de vez en cuando pues era consciente del ruido que tal salvaje felación estaba produciendo, causa de la continua fricción con la abundante saliva que producía aquella ocupada boca, pero mucho más por las arcadas y sonidos de ahogamiento que emitía aquella chica sin límites aparentes. Cada vez entraba más en su garganta y cada vez movía más rápido su cabeza la enferma sexual.

    En un arrebato de placer tras cinco minutos de intensa mamada Lucas, no pudo más y gimiendo con silenciosos gritos y palabras malsonantes se puso de pie y a la voz de: -Aguanta Alicia, ¡me corro! –Se irguió, guiando la cabeza de su íntima mamadora con su polla que apretaba contra su garganta. La cabeza de aquella feliz muchacha, pues iba a recibir lo que quería, se encontraba prisionera entre el respaldo del asiento delantero y el cuerpo de Lucas que le sujetaba con ambas manos por la mandíbula de forma fuerte, mirando al frente para que nadie oyera ni viera nada embestía la garganta de Alicia, el vagón se inundó de sonidos abrumadores de arcadas, en el fino cuello de aquella chica podía verse como irrumpía su grueso miembro más allá de la nuez. Acompañando de unos fuertes gemidos y de un “me corro me corro” se oían unos angustiosos sonidos procedentes de ella, que veía como su brutal e intensa corrida la ahogaba, inyectándole directamente en su garganta todo su semen.

    Causa de semejante rabo atravesado que tenía en su boca, parte del espeso semen salió por sus fosas nasales a la vez que le caía en borbotones desde su boca por su cuello, colándose directamente entre sus pechos. Durante los últimos impulsos en la cadera de Lucas fue cuando pudo darse cuenta de que ella lo intentaba separar, entonces le sacó su pene aún erecto de su boca, y ella tosió con síntomas de atragantamiento y ahogo, con una primera bocanada de aire muy profunda, seguida de unas mucho más rápidas y cortas, todo ello lo hacía esbozando una sonrisa, quitando con su mano la masa de semen y mucosa que le colgaba de su nariz y tirándola al suelo se sentó fatigada en su asiento, acompañando a Lucas que descansaba ya en el suyo.

    -Gracias, menuda follada de boca, pensaba que me ahogaba, siento como si me hubieras llenado el estómago con tu corrida,¡ joder que intenso! –decía la insaciable Alicia.

    -Gracias a ti, hacía mucho que no desfogaba así, tengo que pedirte una cosa, tus bragas, quiero tenerlas para recordar este momento cada vez que las vea. –Solicitó Lucas, terminando de abrocharse el pantalón.

    -Podemos vernos más veces, es más, ¡tenemos que vernos!, necesito que tu polla vuelva a estar dentro de mí y en sitios más profundos que mi boca, pero…está bien, te las daré. Estamos casi llegando, vamos a hacerlo rápido. –Ahora era ella la que se colocó delante de él entre los asientos y las piernas temblorosas de Lucas, de pie mirando el frente, ofreciendo en primera línea lo bien que le quedaban esos mini short a ese chico que acababa de llenarle toda de semen. Desabrochó su pantalón dejándolo caer con un suave tirón hasta sus tobillos, dedicó una mirada girando su cabeza al mismo tiempo que apartaba su pelo al lado opuesto y bajó lentamente esas bragas doradas empapadas en fluidos vaginales, anales y Dios sabe qué.

    Las bragas se juntaron con los mini pantalones, Alicia llevó cada una de sus manos a sus respectivas, firmes y respingonas nalgas, y con una ligera inclinación, acercando su hermoso trasero a la cara de Lucas, abría sus nalgas que dejaban al descubierto un anito muy hermoso, ligeramente dilatado, y unos gruesos y abrillantados labios vaginales que escondían el hilo de las bolas chinas que mencionó.

    -Uff como estas de rica… ¿y eso que tienes ahí? ¿es un tatuaje? –Se sorprendió Lucas al ver, una pequeña manzana tatuada en el pequeño hueco que había entre su ano y su vagina.

    -Si, son mis frutos prohibidos deseados por todos y disfrutados por muchos, yo decido quién los puede usar y quién no. –Dijo entre risas-.Tienes permiso para besarlos si deseas.- Sin mediar palabras Lucas accedió a la sugerencia de aquella guarra fémina y metió su lengua en el culo, Alicia por su parte hacia gestos de placer, con su boca abierta emitía sonidos inaudibles mientras abría y cerraba su esfínter apretando la lengua de él que movía de arriba abajo por las paredes de aquel bonito y más que visitado culo-. Ummm lo haces bien Lucas, esto lo tenemos que repetir otro día. –Sugirió agachándose a por sus bragas y retirando su culo de la babosa boca de Lucas-. Toma son tuyas. –Dijo tirándoselas a la zona de su miembro.

    -Espera, espera, déjame hacer una última cosa.- Dijo él.

    - Estamos a punto de llegar, la gente va a comenzar a levantarse enseguida… ¡au! Pero ¿qué haces? Lucas déjalo.

    -Es  un segundo espera. –Y con su dedo índice metido hasta el nudillo en su culo tirando hacia un lado con él de tal modo que todo quedara más expuesto, comenzó a sacarle lentamente las bolas chinas de su coño, tirando de la cuerdecilla que colgaba de él. Al sacar la tercera, arrugó sus bragas haciendo con ellas una pelota, y al ver la cuarta bola en la boca de su vagina la empujó con las bragas que se introdujeron en su chorreante y cálido agujero, después procedió a introducir las tres bolas que había fuera.

    -¿Me has metido las bragas en el coño? Tú también estás un poco enfermo ¿no?, me encanta, pero date prisa ¡venga! – Le sugirió. Él sacó las tres bolas chinas rápidamente lo que hizo gemir levemente a aquella viciosa chica, sus bragas salieron totalmente mojadas y arrugadas, como recién salidas de una lavadora, se las llevó a la nariz comprobando que era verdad que aquel solicitado coño era al menos aseado y las guardó en su bolsillo. Observó detenidamente, sacó su dedo del culo de la señorita y subió sus mini short para que los abrochara. Ella se giró entre carcajadas e hizo que llevase aquel dedo a su boca como acto de venganza, algo que él hizo gustosamente, pues también era verdad que mantenía aseado su experimentado ojete.

    - Gracias Alicia por amenizarme el viaje de esta manera, imagino que vives es esta ciudad, yo soy nuevo, hoy es mi primer día.

    -¿A si? Entonces toma mi número.  –Le citó el número mientras él lo apuntaba en su teléfono-. Puedes decirme algo cuando quieras estaré encantada de verte de nuevo y mis frutos prohibidos ni te digo, tendrás que presentarle a tu colega la próxima vez. –Y guiñándole un ojo salió de entre los asientos dirigiéndose hacia la salida del tren, ya parado en la estación del Pecado, desde la puerta extrema del vagón se giró y le lanzó un beso, dejando tras ella un ahora a sexo y semen, desapareció.

    -Menuda pedazo de perra. –Dijo en voz alta recogiendo aquel plug que casualmente vio tirado en el suelo y que inevitablemente olió, guardándolo entre sus bragas lo metió en la maleta y se fue al hotel.

    Una vez en el  hotel y sin mucho más tiempo para pensar en lo ocurrido, se le pasaban algunas imágenes por la cabeza de Alicia, un sentimiento de culpa lo invadía al pensar que había engañado a su pareja, pero aquella situación pocas veces se le presentaría de nuevo, de todas formas estaba rencoroso con ella y no pensó demasiado en lo que hacía. Lo que más le intrigaba era aquella manzana tatuada, ¿fue coincidencia? justamente un momento antes leía sobre una reflexión que había escrito hace años y que mencionaba de forma explícita el fruto prohibido y todo lo relacionado, aquel tatuaje no estaba ahí por casualidad, seguro que había sido visto por muchos, pero ese día justamente estaba en ese tren, en ese vagón en ese instante y se mostró casi sin él quererlo ante sus ojos. Todo esto le llevaba a pensar que fue algo inevitable y que alguien lo puso ahí para que lo viera. “Y esta experiencia recién relatada se convirtió en algo trivial, algo fatal fruto del destino, o quizá divino, pero sobre todo pecado puro e inevitable”, puntualizaba Lucas en su diario justo antes de caer rendido en un profundo sueño.

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