Susana la farmaceuta (Relato XXX)

Hoy en Zona Prohibida traemos un relato mañanero, cortesía de los editores de Marqueze; deléitate con esta aventura ocurrida en un día normal de trabajo como cualquier otro.

Un error informático, una tarde de calor…

Aquel día estaba hecho polvo y por si fuera poco, a última hora de la tarde recibimos una llamada urgente de Susana, la farmacéutica, diciéndonos que no podía imprimir facturas desde las 5 de la tarde y como tenía guardia toda la noche, necesitaba que fuésemos arreglar el problema.

Así que como todos estaban de vacaciones menos yo, me tocó a mí por omisión tener que ir a la farmacia a ver qué problema tenía ahora, agarré la laptop,el celular y me puse en camino, al llegar Susana ya estaba despidiendo a su ayudante y cerraba la tienda con la Santa María con su habitual fuerza, para despachar a los clientes a través de la mirilla.

Susana medía unos 1.65m piel morena de playa, pelo castaño oscuro y una boca increíble, me abrió la puerta y entramos en el despacho del fondo donde tenía la computadora, allí empecé a trabajar y ella siguió despachando.

Alguien había apagado el sistema deprisa y se habían perdido varios archivos.

Al poco tiempo, para más colmo, el sistema de aire acondicionado se apagó sin más.

Susana seguía despachando a la clientela, al poco rato vino a la oficina y me dijo que estaba bañada en sudor y que tenía que cambiarse de ropa para estar más fresca; yo le dije que no me importaba y ella se fue detrás de una cortina pensando que quedaba oculta de mi vista, pero el reflejo de un espejo y un haz de luz me permitió observar lo que hacía.

Empezó a desabrocharse la bata blanca, debajo llevaba una camiseta empapada de sudor, se la quitó y liberó así sus tetas de aquel sauna, luego se quitó sus pantalones beige y se quedó con unas panties verdes, dudó un poco, la piel morena le brillaba con todo aquel sudor y una aroma de perfume y sudor a mujer llegó hasta mí. Después de colgar la camiseta y el pantalón para que se secaran, se sacó también las panties verdes; Susana tenía un cuerpo voluptuoso y desnuda parecía más mujer.

Se acachó para recoger las panties del suelo y le pude ver bien su hermosos muslos y su culo de 42, tenía unas nalgas muy ricas, no en vano Susana iba al gym tres veces por semana. Se sentó en una silla y empezó a sacarse las medias blancas que aún le obligaban a llevar, abrió sus piernas y pude ver su ingle depilada y la marca blanca en su piel dejada por su bikini, separó sus piernas y mostró su sexo con un poco de pelo cuidadosamente recortado que hasta ahora había estado apretado por sus bragas, se giró y mostró de nuevo sus glúteos marcados por las gomas de sus bragas.

Era difícil concentrase en aquella situación, tenía una erección.

Cogió una toalla y se empezó a secar primero sus tetas, su vientre, se frotó vigorosamente sus nalgas continuó frotándose sus piernas, subiendo y secándose sus muslos, cuando llegó a la entrepierna vi como se secaba su sexo por un rato y empezaba a jadear, un timbre anunció la llegada de un cliente.

Rápidamente se puso su bata blanca sin nada debajo y salió diparada hacia la tienda, no sin antes sonreírme y mirarme dubitativamente por un instante, "¿cómo va eso?", seguí tecleando para disimular.

Al poco rato volvió y me dijo que lo de la informática no lo entendía mucho, que le parecía un rollo y que quisiera que le diese algunas clases, como no había trabajo nos sentamos juntos y le comencé a explicar algunas cosas del sistema operativo.

Susana se había sentado a mi lado y llevaba la bata blanca con algunos botones sin abrochar, mostrando sus muslos morenos, yo seguía vestido con la reglamentaria camisa y corbata, ella me dijo que me pusiese cómodo y que si quería me podía poner la bata blanca del farmacéutico, tomé su palabra ya que estaríamos a 39 grados dentro de aquel cuarto caliente.

Así que me levante y fui detrás de la cortina, empecé a desnudarme y me quedé en pelotas, levanté la vista para recoger la bata y pude ver a Susana mirándome el paquete por el espejo y sonriéndome (¿quería ésto decir que ella sabía que antes la había visto quedarse completamente desnuda?), la duda y un sudor frío me invadieron.

Me vestí con la bata prestada y puse cara seria y volví a sentarme junto a ella para seguir, parece que en mi ausencia ella se había desabrochado un botón más de abajo y dos de arriba, ya que ahora se podían ver la redondez de sus pechos y lo voluminosos que parecían sin sostenes y sus mulos hasta la mitad.

Traté de seguir con la computadora, pero su proximidad y su olor a sudor y perfume hacían difícil seguir. Sabía que Susana había tenido medio novio o algo así, le pregunté y me dijo que lo había tenido que dejar por que no le daba caña y era un poco lento en la cama.

Yo me quedé cortado unos instantes sin saber qué decir ni cómo interpretar todo aquello, luego le dije que eso no me parecía normal en nuestros tiempos y que había hecho bien en dejarlo ir.

Me preguntó entonces si me parecía atractiva, se levantó de la silla y girándose se levantó la bata por encima de las rodillas mostrándome sus muslos por atrás, no llevaba nada, se puso frente a mí y me dijo si no me importaría si me mostraba sus pechos para conocer sólo mi opinión.

Se desabrochó los botones que faltaban y tiró al suelo la bata; su cuerpo era increíble, se lo dije así como alabé las formas duras de sus pechos y la belleza y redondez de su estómago, marcado por el agujero de su ombligo.

Susana era feúcha de cara, pero su cuerpazo compensaba de lejos cualquier otra deficiencia, entonces para mi sorpresa me tomó de una mano y me la puso en uno de sus pechos, aquello era demasiado y ya perdí la compostura, me levanté y empecé a acariciarle aquel pecho; luego pasé al otro y con la otra mano la agarré de la cintura y la aproximé hacia mí, mi miembro ya estaba delatando mi interés, ella empezó a quitarme la bata blanca y la dejó caer al suelo, estaba desnudo.

Mi pene mirando al techo, ella puso una extraña mirada que nunca antes le había visto y con una gran sonrisa me empujó y me hizo sentar en la silla, se arrodilló frente a mí y empezó a besarme y lamerme la parte interior de los muslos, hizo que reclinase la silla y empezó a subir con su lengua, muy lentamente hasta que llegó a mi pene, empezó a besar mi escroto y se lo puso en la boca y con la mano agarró mi pene erecto y comenzó a masturbarme, de pronto se paró y me pregunta: ¿cómo es que a mi ex novio nunca le gustaba que le hiciese ésto?

Yo desperté de mi trance, y le indique con un ademán que siguiese y que lo estaba haciendo muy bien y que su pregunta era irrelevante en aquel momento.

Susana introdujo mi glande entre sus labios y empezó a succionarlo como si se tratase de un caramelo, con una mano me manoseaba mis testículos y con la otra me empezó a meter su dedo índice por mi culo, aquello me propulsó una erección como nunca, al poco le dije que parase, le pedí que se sentase encima, se levantó con la cara congestionada y llena de sudor, tenía todo el pecho, piernas y muslos empapados, cogí mi miembro y lo dirigí hacia su vagina, ella se sentó suavemente encima de mi polla y se la metió lentamente toda dentro, la acariciaba sus muslos y no pude evitar subir mis manos hasta agarrarla por sus nalgas, sujetándola por debajo, empecé a besar y lamer su boca, nuestras lenguas se encontraron en una sucesión de chupadas a cuál más fuerte, sus pechos saltaban de gozo, busqué uno de sus pezones color cereza oscuro y me lo puse en la boca, chupándolo como nunca había chupado un pezón, ella empezó a jadear de placer, seguía subiendo y bajando y golpeaba cada vez mis testículos con el característico zchap- zchap frotándolos impunemente con sus nalgas sudadas. Al fin le dije que parase, que iba acabar, ella se bajó, me dijo que no quería que acabase dentro, ambos nos tiramos al suelo de la oficina, ella se puso a comerme el guevo y se giró.

Mostrándome su culo arqueado, abierta de piernas me puso a medio palmo de mi cara su cuquita, sus tetas presionaban mi estómago y empezó a manosearme mis testículos de nuevo, yo ya tenía mi cara enterrada entre sus piernas erguí la cabeza un poco y le separé los muslos, empecé con la lengua a explorarle sus muslos salados de sudor, seguí hacia arriba y marqué con mi saliva el territorio preciado: su ano y su clítoris, mi lengua paseaba de arriba a abajo como si tratase de limpiar su sudor, sus labios eran una delicia, separé con las manos sus dos glúteos y empecé a succionarle el clítoris, ella estaba fuera de sí, había logrado tragar mis humildes 15 cm hasta su base en un frenesí de chupadas y yo me iba a correr, intenté retirar mi polla de su boca, pero ella intensificó sus succiones y se quedó con toda mi leche en su boca, casi pierdo el conocimiento, mientras ella se había corrido encima de mi nariz y cara. Un olor a sexo invadía la estancia.

Ella se incorporó y empezó a chuparme los pezones, me metió su lengua en mi boca y ambos saboreamos nuestros fluidos. Pedí una caja de Alkaseltzer y me fui sin pagar no sin antes anotar el número de su celular.

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