«Tu suegra es bomba, me decían» es el relato erótico de este lunes (XXX)

sexual

¿Fantaseas con tu suegra? Aquí en la Zona Prohibida también lo hacemos, y por eso hoy traemos un relato sexual que trata de esta experiencia. A veces los placeres «prohibidos» son los mejores. Prepara tus sentidos.

El título del relato erótico de hoy es «Tu suegra es bomba, me decían» y fue publicado en el portal de Marqueze por el usuario SandB.

«Tomé a mi mujer, cuando ambos éramos bastante jóvenes aún, no pasábamos los 25 años. Teníamos unos 3 o 4 años trabajando juntos en una tienda de abarrotes y todo iba fenomenal.

Para aquellos días, mi suegra rondaba los 47 años de edad; mide 1.70, piel blanca, aún mantiene una figura delgada y unos pechos preciosos que calculaba en 36B. Sus piernas gruesas y cabello  morocho, siempre usando un perfume de jovencita y ropa casual.

Solíamos salir a pasear juntos en familia fuera de la ciudad. Hubo un fin de semana largo que organizamos para irnos a una playa como a 5 horas conduciendo. Solíamos ir, quedarnos en algún hotel pequeño y volver. Aquel fin de semana sería de 4 noches, así que estaría fenomenal. Era verano y el sol quemaba la piel rápidamente.

Todos usábamos ropas ligeras y trajes de baño para la playa. En la ciudad, cada amigo que tenía y le presentaba a mi mujer y mi novia, siempre me decían cosas como «tu suegra es una señora de porte, es muy elegante y guapa, se nota que se cuida mucho». Hubo una ocasión que entre copas, un amigo me llegó a decir «tu suegra es bomba, yo no podría soportar verla de ropas ligeras».

Esa última frase rebotaba en mi memoria, cuando le veía en traje de baño, ropa veraniega o en pijamas en la intimidad del hogar o durante la vacación.

Un día particular, pasamos todo el día en la playa. Decidimos almorzar poco y devolvernos al hotel hasta la puesta del sol para tener una velada larga. Por el sol, mi mujer me pidió le llevara de vuelta, no soportó más. Se cambió en el hotel, hicimos una corta siesta y al despertar, ella se fue la piscina del hotel. Yo no quise levantarme aún y me hice el tonto que tenía mucho sueño aún.

Alcancé a escuchar que el resto había vuelto, pero que se irían a la piscina. Pensé que era un momento perfecto, todos en la piscina y toda la habitación para mí y poder dormir más. Así fue, continué tumbado sobre la cama y me dormí. No sé cuánto tiempo pasó, pero unos ruidos me despertaron.

Al entreabrir los ojos, noté una figura de alguien que se cambiaba de ropa. Era mi suegra, casi no se lograba ver nada, pero parecía que se frotaba el cabello fuertemente para secarle.

Pasó del vestíbulo a la habitación principal dónde yo seguía tumbado, usaba solo una pequeña toalla sobre sus pechos, su espalda desnuda y de haber abierto más mis ojos, seguramente habría visto más abajo, pero no podía moverme nada en absoluto.

Tomó algo, me imagino que una crema o un cepillo, algo que no sé; se dio la vuelta y volvió al vestíbulo. Cuando giró, vi sus grandes nalgas blancas, ¡eran bombas! Unas pompas grandes en volumen, blancas, marcadas algo por el traje de baño y se sacudían un poco cuando caminaba. ¡Eso me despertó!

Cuando entró al vestíbulo, no cerró la puerta nuevamente y esta vez la dejó aún más abierta. Tal vez un espacio de 20 centímetros de ancho y la luz tenue me dejaron verle completamente.

Se retiró la toalla con la se tapó sus pechos al entrar a la habitación, y de perfil vi su figura de arriba a abajo. Una linda figura blanca con el cabello empapado, unos pechos más grandes que lo imaginado, un poco caídos pero lindos, sus pezones eran pequeños y rosados, pensé que serían grandes botones, pero en realidad eran botoncillos pequeños muy endurecidos por el aire acondicionado de la recámara. Tenía un poco de abdomen propio de la edad, unas nalgas preciosas que ahora ya veía de perfil, no de frente; eran balones lindos y aún no muy afectados por gravedad.

Sus piernas como lo imaginé, gruesas, un poco de celulitis en sus muslos pero nada grave. Se frotaba de arriba a abajo con otra toalla. Levantaba sus brazos para frotar su cabello también, cuando lo hacía, sus tetas se sacudían de lado a lado con un bailoteo erótico. También daban pequeños saltos, a pesar que eran grandes, parecía que aún estaban duras porque realmente no saltaban mucho.

Comenzó a untarse crema sobre el cuello y los brazos, los extendía hasta la punta de los dedos. Sus pechos blancos seguían su bailoteo de lado a lado sincronizadamente. Untó crema sobre su abdomen y espalda, y giró, fue una lástima no verle acariciarse esas montañas hermosas. De repente, giró de nuevo y acercó una pequeña silla. Quedó de frente, esta vez su vulva estaba completamente expuesta.

Su vello púbico estaba recortado, muy cortito. No sé si lo había depilado hace días o así lo usaba recortado. Alcanzaba a ver la figura de sus labios vaginales, un poco grandes, pero la distancia no me permitía ver más. La figura de su bosque púbico era la de un rectángulo bastante largo. Se notaba que había depilado o rasurado los laterales para usar su traje de baño. Mi erección y excitación era total. Con su vulva de frente, alzó una de sus piernas para untarse crema sobre ella.

Esto permitió ver su concha un poco más abierta, un espectáculo que todo hombre agradece siempre. No bastó con eso, subía y bajaba sus manos sobre su pierna y luego sobre la otra. Casi al terminar con la crema, untó crema sobre los laterales en el área del bikini. Seguramente, sentía alguna irritación temporal por haber quitado los vellos unos días atrás y sentir el crecimiento de nuevos pelillos. Eso me puso a mil y tenía ganas de decirle algo y marcarme la erección del pene para que ellos lo viese. ¡¿Tal vez sucedía algo?! – Logré controlarme y seguí haciéndome el dormido.

Ella se colocó sus bragas y alineaba los laterales como si quisiera asegurarse que el elástico hiciera menos contacto con la zona más sensible de su área vaginal. Probó un sostén oscuro, pero se lo quitó. Luego uno blanco y también lo retiró. Por algún motivo, se colocó su salida de baño sin sostén. Al salir botó un objeto y fingí despertar. Se sorprendió que mi sueño fuese tan ligero. Yo prendido de vista directo en sus senos, era evidente que no usaba sostén, los laterales de los pechos sobresalían con piel y los pezones estaban fuertemente marcados.

– ¿Tiene sueño ligero? Es mejor que no hayas despertado antes.

– ¿Por qué?

– Me he cambiado frente a ti, completamente desnuda. Habría sido impactante que me hubieras visto como vine al mundo.

Por algunos segundo, pensé cómo contestarle, porque realmente estaba excitado. Finalmente, mi sentido de hombre me venció.

– Pues…entonces, creo que sí estaba despierto, pero pensé que estaba soñando. Pensé que había sido uno de esos sueños de  hombres.

Abrió los ojos y se sonrojó. Sus ojos se sacudían, miraba de una esquina a la otra en la habitación. No podía verme a los ojos.

– No sé, qué decirte. Cuando entré estabas profundamente dormido. Cuando salí de la ducha, pensé que estabas ligeramente despierto y quise asegurarlo quitándome todo. Me muero de vergüenza ahora, pero en el momento fue tan excitante.

– No se apene, señora. Créame que no tiene nada por qué hacerlo. Es usted una mujer muy hermosa y le agradezco la confianza. Lo único que es que he quedado mal y usted sabe cómo es esto.

Ella descubrió sus pechos enormes, se me acercó, me besó y fue directo sobre mi pene. Me desnudé y ella se lo metió todo en su boca. ¡Me dio un oral de mi vida! Yo me comí esas tetas y chupe toda su vagina que ya tenía vellos gruesos crecientes. Esa vez solo nos dimos sexo oral, pero de vez en cuando, pasamos a profundidades mayores».

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