Un martes erótico: "Follada en la oficina" (relato sexual XXX)

sexual

Aquí en la Zona Prohibida sabemos que hacer en la oficina es una fantasía común, por eso el relato erótico de hoy está ambientado en una. Tus ojos no podrán con la sensualidad que está a punto de desbordarlos.

El relato de hoy se titula "Follada en la oficina" y es de parte del usuario Sur9983, para el portal de Marqueze.

La invitación es a que te pongas en contacto con nosotros si quieres compartir tus historias más calientes. Puedes hacerlo de forma anónima o bajo un seudónimo. No dejes que el pudor y la timidez te venzan.

"Me tengo que ir me dice un tanto nerviosa, mi marido ya llegó por mí- Espera un momento, dame solo un beso de despedida. No ya es demasiado tarde- replica con un tono de voz que denota la ansiedad y el deseo de quedarse y el temor y la culpa de engañar a su marido.

Bueno déjame avisarle que voy a tardar unos minutos más, pero sólo un beso-. Si, sólo un beso le contesto en voz baja, pero mis pensamientos llenos de calentura, de acariciar esas nalgas tan preciosas, de besar sus labios.

Pero no los de su boca, sino los inferiores, esos que seguramente en este momento están llenos de jugos que mojan su tanga, de besar esos pechos pequeños pero con unos pezones rosados que se encienden al menor contacto de mi lengua.

Supe que la cogería hoy, cuando la vi entrar por la mañana la oficina, con su falda corta roja unos 15 cm arriba de sus rodillas, sus piernas hermosas moviéndose sensualmente.

Cuando me acerqué a saludarla pude aspirar su perfume inconfundible, fue un beso en su mejilla muy discreto, muy puro, de dos compañeros de trabajo. En un breve instante en que nadie nos veía deslice mis manos por su cintura y por su nalgas hermosas…. mmmmm le dije traes tanguita.

Sí, es la que te gusta- me respondió con una sonrisa coqueta. En ese momento supe que hoy le tocaba cogida, pero no sería una cogida normal, como las tantas que ya llevaba en ese mes.

Tenía que ser con su marido esperando por ella, como siempre lo hace desde hace un año que entró a trabajar a mi oficina. ¿Vendrá por ti tu marido hoy?, le pregunté.

Sí, me contestó, como siempre, dice que no quiere que nadie me falte al respeto con esta falda que traigo. Si, le dije, estoy de acuerdo con él. Pero mi mente pensaba como estaría su conchita en ese momento, depiladita, como le he dicho que me gusta, con un pedazo de tela roja (sabía que era una tanga roja) cubriendo apenas sus labios preciosos, con unos cuantos vellitos sobresaliendo por los lados, y por atrás, mmmm, que delicia, ese pedazo de tela tan pequeño metido en lo más profundo de sus nalgas, cubriendo apenas ese culito que tantas veces he tocado.

Todo esto pensé cuando se alejó hacia su escritorio y vi su cuerpo perfecto por atrás, vi sus nalgas moverse de un lado a otro, con la tanga bien dentro de ellas.

Me quedé parado un momento, llegó su escritorio, se sentó en su silla, su falda roja se deslizó automáticamente hacía arriba y ella separó sus piernas lenta, muy lentamente, en ese momento pude ver perfectamente el pedazo de tela que me había imaginado previamente, ahora lo vi, no cubría casi nada, más bien se encontraba metido en medio de sus labios vaginales, que vista más preciosa, hoy te toca cogida pensé nuevamente. Que marido pensé, que nadie le falte al respeto ja ja ja.

Durante toda la mañana no hice más que pensar en esa conchita hermosa, recordé su olor, recordé su sabor, recordé cuantas veces había separado sus tanguitas para llegar a su culo y frotarlo lentamente e introducir mis dedos inquietos en el.

Recordé cuantas veces ella se había comido mi verga con esa boca tan pequeña, con esa lengua tan inquieta, todo eso mientras su marido esperaba pacientemente por ella.

Todo esto recordaba cuando ella me dijo que su marido había llegado por ella, eran las 2 P.M. y escuché por fin decirle -mi amor, espérame solo 5 minutos, tengo que terminar un texto muy importante, no tardo. Si respondió él- te espero, no te preocupes. Si, no tardes mami agregó su pequeño hijo que acompañaba al papá.

Cuando entró nuevamente a la oficina su cara había cambiado, estaba ruborizada, con ese color que ya sabía denotaba excitación, lujuria, sentimientos encontrados, el deseo y la pasión, mis manos regresaron a sus nalgas, bajaron aún más hasta sus muslos desnudos que temblaban y luchaban por mantenerla de pie.

Poco a poco mis manos subían debajo de su pequeña falda, de reojo miré el reloj que colgaba en la pared, las 2:10 PM. Podía escuchar la voz de Arturito en la sala diciendo, papi ¿porque tarda tanto mi mami? Tengo hambre, ya me quiero ir a casa. Hijo, mami tiene mucho trabajo aún y tenemos que esperar un poco.

Ella no escuchó nada, tenía sus ojos cerrados, concentrada solo en sentir como sus pechos eran devorados por mis labios, como mi lengua recorría cada centímetro de su piel, como mis manos estrujaban sus nalgas desnudas, como se introducían en medio de ellas tratando de encontrar el pedazo de tela sepultada en medio de ellas.

Su pequeña falda estaba ya enredada en su cintura. Su blusa completamente abierta, sus pechos completamente fuera de su brassier. Después de 10 minutos de besos y caricias sólo se escuchaban sus gemidos entrecortados, su voz susurrándome, cógeme mi amor, cógeme, cógeme.

Pero ya es tarde y tu marido y Arturito te esperan, no me importa, replicó- cógeme, cógeme.

Pensé, mmmmmm, casi está a punto, deslicé mi mano hacia su conchita, tal como me la imaginé por la mañana, la tela húmeda, empapada en líquidos metida en medio de sus labios, la hice lentamente aún lado, pude tocar ahora su clítoris inflamado, lo froté una y otra vez, mis dedos exploraron toda su cuevita, estás muy rica, le dije- si cógeme seguía repitiendo.

Sin dejarla de abrazar, la conduje hacía una silla, me senté y ella seguía de pie, aún con los ojos cerrados, sus pechos fuera, su falda arriba, su tanga aún lado y sus labios pidiendo ser besados, sus piernas temblaban aún mas.

La fui acercando lentamente, incliné mi cabeza y su conchita quedo a unos centímetros de mi boca, aspiré lentamente todo ese rico aroma, el aroma inconfundible de su conchita, acerque mi lengua a sus labios, a su clítoris, lo mimé, lo besé, lo chupe, lo lamí, lo mordí, metí mi lengua lo más profundo de sus labios, percibí ese sabor saladito característico, mientras mis manos acariciaban su culito y un dedo estaba ya dentro de el.

Ella estaba enloquecida, se retorcía, su respiración era agitada, El tiempo volaba, cuando al fin pude respirar un poco eran las 2:35 PM. Recordé a Arturito y al marido, debo darme prisa pensé.

La giré lentamente, que vista tan más maravillosa ese par de nalgas perfectas, con la tanga en medio, con Arturito y el marido a tres metros esperando pacientemente que terminara de comerme a su mami y esposa respectivamente.

Hice lentamente la tanga a un lado, ella solo temblaba y esperaba, poco a poco las nalgas fueron bajando, la punta de mi verga toco sus labios, los sentí inundados, ¡aaaaah! exclamó ella con un grito de placer que había estado esperando, métemela, cógeme dijo nuevamente.

Rápidamente el resto de mi verga desapareció completamente, fue devorada por esa cuevita maravillosa y húmeda, quedó sepultada dentro de lo más profundo de su ser, pude sentir ahora sus nalgas redondas sobre mis mulos, pude sentir como sus jugos mojando parte de ellos, me quedé un instante sintiendo cuan profundo en su interior me encontraba, y pensé Arturo que rica esta tu mujer… que rica.

Unos segundos después empezó el subir y bajar, lentamente en un inicio, después más a prisa, podía olor el aroma de su conchita húmeda, podía escuchar el plop, plop, plop, que hacía la cabeza de mi verga cada que iniciaba su recorrido hasta el fondo de sus entrañas, podía escuchar el plat, plat, plat, que hacían sus nalgas al chocar con mis huevos mientras ella me regalaba sus gemidos más profundos y placenteros que le había escuchado.

Mi verga despidió toda la leche caliente acumulada de la excitación de todo una mañana, de saber que me habíamos cogido maravillosamente mientras Arturo y el niño esperaban plácidamente que termináramos.

¡Arturito!, dijo bruscamente, ¿que hora es? Ambos miramos el reloj 2:50 PM. Nooo dijo en un todo desesperado, volviendo al mundo real, Arturo me va a matar, rápidamente se incorporó y gotas de leche blanca escurrieron por sus muslos, me tengo que limpiar me dijo.

No, le dije ya es muy tarde, vete así y en tu casa te limpias, pero se va a dar cuenta replicó, no se da cuenta. Bueno dijo, se acomodó la tanga que ahora quedó completamente húmeda por sus jugos y la leche que continuaba fluyendo del interior.

Se bajó la falda que apenas cubría toda esta humedad, tomo su bolsa y se despidió con un beso a la distancia. Espera, le dije, ¿que pasa?, Déjame saludar a tu marido y a Arturito, no vayan a pensar que soy una persona mal educada, y ambos nos dirigimos a la pequeña sala de espera de la oficina.

El niño se había quedado dormido y despertaba en ese momento, hola mami-dijo, y Arturo leía una revista de autos, al vernos me saludó amablemente estrechando mi mano aún con el aroma de la conchita y culito de su mujer… ¿Que tal Sr?.. ¿cómo está? Yo muy bien ¿y usted? Bien me dijo, acá esperando que terminara mi esposa.

Que bien le dije, ¿que lee? Una revista de autos, mire había de ver que chicas, me dijo enseñándome una página a todo color en donde dos bellas modelos en shorts diminutos posaban alegremente.

Yo prefiero a las mujeres de la vida real, le dije.. mientras los tres se despedían nuevamente. Que les vaya bien, cuide mucho a Tere le dije, claro me contestó, pero eso no es necesario, ella se porta muy bien.

Pude ver aún parte de las nalgas que se movían coquetamente, con esa cintura tan pequeña ahora rodeada por el brazo de este abnegado esposo y antes de salir finalmente por la puerta la mano discreta de Tere diciéndome bye…

Pensé, ese culito va a tener que esperar unos días más. Uff por estar pensando en culitos olvidé que había prometido pasar a la oficina de mi esposa para comer con ella…

Espero que no se la hayan comido a ella también".

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